Damián Montes/Ultimátum
TGZ
La investigadora del Centro de Estudios Mayas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Lynneth S. Lowe, destacó la importancia del ámbar chiapaneco, que data desde tiempos mesoamericanos.
Quien destacó que, los grandes yacimientos de ámbar se ubican en Simojovel y Totolapa, sus minas poseen una tradición de explotación manual; arqueólogos e investigadores investigan su presencia en México y Guatemala a través de fuentes históricas y contextos arqueológicos.
“El ámbar fue un material sumamente apreciado en Mesoamérica, el cual, a través de su intercambio comercial, alcanzó territorios que hoy ocupan el Altiplano Central mexicano, Michoacán, Oaxaca, la Costa del Golfo, la región zoque del occidente de Chiapas y el área maya”, citó la investigadora.
Detalló que, en el Instituto de Biología de la UNAM se identificó que el ámbar de Chiapas provenía de una especie extinta: Hymenaea mexicana.
Los fragmentos de ámbar en los yacimientos chiapanecos se encuentran en forma de nódulos, al interior de una serie de areniscas de origen marítimo, y datan de entre 22 y 26 millones de años, cuando el ambiente era una selva tropical”.
Indicó que la secreción de resina de los árboles de Hymenaea atrapó a animales e insectos que yacen en el interior de las gemas; mientras que el agua salada de mar fue determinante para la polimerización.
Sobre las fuentes históricas que aluden al ámbar, explicó que esta aparece en obras como el libro XI del Códice Florentino, de Fray Bernardino de Sahagún, en el que es identificado como apozonalli, que significa “espuma” o “burbuja de agua”.
Una evidencia más es la Matrícula de Tributos, documento que asocia al ámbar como forma de pago, pero ninguna de las zonas que tributaban eran productoras, solo Chiapas.

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