En un 85 por ciento demandan un riñón o córneas; un donante con muerte cerebral puede dar vida a ocho personas directamente y apoyar a más de 80 con la aportación de huesos, afirmó Alberto Rugerio Trujillo
Eugenio Hernández Sasso/Ultimátum
TGZ
En el país existe una lista de espera de aproximadamente 23 mil pacientes que necesitan un órgano, a fin de que puedan seguir viviendo, afirmó Joel Alberto Rugerio Trujillo, coordinador del Centro Estatal de Trasplantes del estado de Chiapas.
Esto, agregó, no solo impacta a los estados del centro de la república sino también a los del Sur Sureste, lo cual nos motiva a llevar a cabo campañas de donación de órganos
Entrevistado por el analista político Alejandro Moguel en los estudios del diario Ultimátum, Rugerio Trujillo destacó que se busca abrir cada vez más establecimientos que puedan ser unidades hospitalarias de segundo y tercer nivel que puedan ser donantes.
Actualmente, dijo, se han abierto siete unidades, de manera regionalizada, en todo el estado de Chiapas que ha llevado a tener un incremento del 300 por ciento en las donaciones.
Este indicador de impactó, manifestó que muestra que la cultura de donación de los familiares de personas que fallecen se ha incrementado, a través de las diversas campañas de información.
ÓRGANOS MÁS DEMANDADOS
Aseguró que el riñón y la córnea son los que abarcan más de un 85 por ciento en la demanda en todo el país.
Indicó que la diabetes y la hipertensión son las enfermedades que causan daño a este órgano y a este tejido, lo cual hace que con mayor frecuencia las personas lleguen a necesitar diálisis para sustituir la función del riñón que se ha perdido.
De acuerdo a la Ley General de Salud, afirmó que el familiar encargado en el orden prelación: esposo, esposa, hijos, entre otros, son los únicos autorizados para que al momento de fallecer la persona pueda donar sus órganos.
Existe también la tarjeta de donador que puede transmitir la información a la familia, que ayuda a los médicos a distinguir quién falleció en una unidad hospitalaria, pero quería aportar sus órganos para que otra persona viviera.
Informó que el procedimiento para detectar a un donante y trasladar el órgano a donde hay un paciente en lista de espera tiene que ver con que las unidades hospitalarias evalúen a personas con muerte cerebral y hagan la invitación a los familiares para tal efecto.
Después de eso, agregó, se procede a revisar en los hospitales regionales para saber si hay personas que puedan ser compatibles con el fallecido y si no fuera el caso, se busca en otros estados de la república hasta encontrar a alguien que los pueda recibir.
“Es ahí donde toda la maquinaria de logística se coordina para que el paciente, en algún momento del día siguiente, pueda pasar a quirófano para que se retiren sus órganos todavía con funciones vitales y que puedan ser llevados a ese hospital, ya sea de Chiapas, de la región Sureste o de México para beneficiar a una vida”, explicó.
Aseguró que la oportunidad que un solo paciente en esa condición le puede dar de vivir a otros es de salvar a ocho vidas directamente y apoyar a más de 80 personas con la donación de huesos, porque además pueden ser pulmones, corazón, hígado, páncreas, intestino, riñones y piel.
Comentó que antes las donaciones se limitaban a una edad y condición específica, pero con el avance de la ciencia médica ahora no es restrictiva la edad o el padecimiento del donante con muerte cerebral, por ejemplo.
De acuerdo al criterio extendido, señaló que un paciente que fallece con VIH puede ser donante a otro con el mismo padecimiento que necesite un órgano.
Subrayó que la edad mínima para la donación de niños, la determina el cirujano y el equipo de trasplantes que va a recibir.
“Es decir, yo tengo un niño de dos años, pero la única compatibilidad que tengo es con un niño de ocho o nueve años; en este caso se evalúan las características anatómicas del bebé para poder hacer la donación en bloque: la donación de los dos riñoncitos para hacer la función de uno más grande”, indicó.
En los casos de adultos mayores es más fácil, porque existen parámetros en los estudios de quien ha fallecido para decidir, de manera muy sencilla, quién puede ser el receptor.
Destacó que las enfermedades avanzan cada día y no sabemos en qué momento un familiar pueda estar inmerso en esa situación de necesidad de un órgano.
Por ello, añadió, es necesario que la familia platique para que a través de la donación sus órganos internos puedan seguir viviendo y ayudando a las demás personas, en lugar de que se lleven a la cremación o el entierro.
Esto, comentó, es como un testamento o una herencia que se tiene que platicar entre todos los miembros de la familia, para decir apoyar a que otros vivan por medio de la donación de órganos para un trasplante.

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