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PSICOLOGÍA PARA TODOS

5 de enero de 2024
in Opiniones
PSICOLOGÍA PARA TODOS
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Lo que viene después de marcharse

Gregorio Camacho/Ultimátum

¿Cómo amaneceré al día siguiente de divorciarme?

¿Cómo serán mis días soltero, después de tantos años de pareja?

¿Qué haré cuando vea a mi ex pareja con su nueva relación?

Podría elaborar una lista infinita de su­posiciones en for­ma de pregunta, que más que cuestionar res­ponden desde la agonía, la in­certidumbre y la frustración.

Para el ser humano parece que lo venidero representa, o todos los deseos en expectati­vas o todo el terror por lo que pueda resultar mal. Cada uno establece el inicio mental y coloca una serie de escenarios que le aterran que disfruta al volar su imaginación. Dentro de la gama de sueños que es­tablecemos a partir de las de­mandas sociales, aparece la de vivir en pareja y conjugar una relación que se alimenta de, entre muchos procesos, el deseo de permanecer, de envejecer o explotar de amor.

Cuando estos sueños se truncan ante la bifurcación de los conflictos maritales, y no existen soluciones próxi­mas, nos enfrentamos a la idea de marcharnos, la cual representa muchas veces el renunciar a toda la montaña de idealización que estable­cimos con relación a nuestro compañero de vida.

Si a esto agregamos la culpa por la responsabilidad de la ruptura, el camino se hace denso, agotante y con posibilidades de extravío. ¿Quién desea irse cuando luchó tanto por construir un hogar? pero hay procesos en la vida que van más allá de lo que se desea y sueña. La realidad entra por la ventana y el amor sale por la puerta, una realidad que puede ser atada por la resistencia de la pareja a identificar lo que les detiene a separarse, el miedo, el sistema de creencias, lo que viene después.

No existen remedios es­peciales para aliviar el su­frimiento, y el conflicto se compone de la tendencia a evitar sentir, en muchos ca­sos, queremos evadir lo que viene después de la ruptura. Después de todo, nadie quie­re pasar sus días sumergido en la melancolía, porque a pe­sar de estar romantizada, la tristeza amarga, amaga y aca­ba con quien la experimenta.

El temor que podamos sentir por lo que viene es tan real y puede ocurrir justo lo que pensamos, y es donde podemos detenernos a iden­tificar lo que es mejor, si per­manecer evadiendo o sufrir, pero enfrentando la realidad.

Todas las expectativas continuarán teniendo efec­to los días posteriores a se­pararse, incluso se agudizan algunos pensamientos y de­seos, la mente está libre para captar cada una de las ideas que puedan aparecer después del adiós.

No tiene caso enganchar­se al rencor para tratar de olvidar desde el enojo, más temprano que tarde, esas emociones también transi­tan y nos enfocamos en lo que se esconde detrás de nuestra expresión.

La ruptura, como cual­quier duelo puede ocurrir por sorpresa, de manera tan re­pentina que la rutina cambia en un instante, incluso aun­que “lo veíamos venir” no será menos doloroso, muy pocas veces estaremos preparados para soltar.

A pesar de lo sorprenden­te que pueda ser, la realidad estará frente a nosotros y es importante que tomemos las riendas de lo evidente.

Lo que viene después de marcharse puede ser un ál­bum mental de recuerdos, autocuestionamientos de lo que se debía hacer mejor, culpabilidad, impulsividad, ganas de usar el móvil y acer­carse, buscar, asegurarse de la postura o estabilidad del otro, en el caso de los que tienen hijos, intentar verlos sin tener ánimo de contactar al padre o madre, según sea el caso.

Lo que viene después de marcharse no es agradable pero puede traer todo el cre­cimiento que durante la re­lación se mantuvo inmóvil, para algunos es una especie de renacimiento, que les per­mite volver a establecer sus conexiones familiares, voca­ciones, amistades abando­nadas, labores o rutinas que a causa del otro, dejó.

Lo que viene después podría convertirse en una oportunidad para percibir las cosas de manera más estable, lejos del rencor, apegado a la serenidad, para entender que no se trata de culpas, se trata de identificar responsabili­dad y tratar de crecer a partir de ello.

Hay crecimientos que aparecen justo después de ir­se, no porque el otro lo provo­cara, sino porque las relacio­nes muertas pesan y provo­can una especie de amargura, sobre todo cuando se intentó durante años, revivir algo que hacía mucho dejó de existir.

gregoriocamachomorales@gmail.com

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