La reelección de Alito se encuentra controvertida por los mismos priistas, toda vez que, mientras Alito ante el triunfo, señala que, se ha cumplido con una jornada electoral ejemplar.
✍?BALANZA LEGAL | Rodolfo L. Chanona
El pasado domingo 11 de agosto, se llevó a cabo la reelección de Alejandro Moreno Cárdenas, en la presidencia del Partido Político Revolucionario Institucional (PRI), para los próximos cuatro años (2024-2028). Obteniendo la fórmula de Alejandro Moreno y Carolina Viggiano, el 97% de los votos en el proceso interno, no obstante que, este se ha visto involucrado en una investigación por lavado de dinero, evasión fiscal, peculado, abuso de autoridad, uso indebido de atribuciones y facultades, durante los periodos que fungió como diputado y gobernador de Campeche.
Aunado a que Alito, durante su gestión no ha tenido buenos resultados, toda vez que, este instituto político ha experimentado una notable caída en su poder político; por ejemplo en el año 2019, fecha en que asumió la dirigencia del PRI; este instituto político, había perdido la presidencia del país, ante el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, pero aún mantenía, el control en 12 entidades federativas y se constituía como la fuerza política dominante a nivel estatal.
De ese tiempo a la actualidad, fue perdiendo gubernaturas y actualmente, solo gobierna dos entidades: Durango y Coahuila, logros que fueron gracias a las coaliciones con el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), aunque los candidatos pertenecieran al tricolor; así mismo, a la par ha venido perdiendo escaños en las legislaturas, tanto federales como locales de forma considerable, disminuyendo drásticamente su presencia política en el país.
El PRI, gobernó México por más de 70 años, bajo una hegemonía partidista, como la que hoy estamos viendo surgir con MORENA; sin embargo, es importante precisar que este instituto político, su debacle no inició con Alito, sino se viene generando desde las elecciones del 06 de julio de 1997, cuando obtuvo la pérdida de la mayoría en la Cámara de Diputados y del gobierno de la Ciudad de México (antes Distrito Federal). Lo cuál podría calificarse como un efecto de la reforma electoral de 1996, en donde encontramos los primeros indicios formales de la democratización del actual sistema electoral mexicano.
Fue entonces que, a partir de 1997 da inicio a la era de los gobiernos divididos, dejando atrás, la del partido dominante; aunque a los mexicanos, poco nos duró el gusto, ante los recientes resultados de las pasadas elecciones, en donde hemos retrocedido de nueva cuenta a la hegemonía partidista, pero ahora a manos del partido político MORENA, lo que nos hace pensar, que la ciudadanía mexicana es partidaria de los partidos políticos hegemónicos y no de la pluralidad política.
El PRI fue un partido político de masas, sus bases eran grandes organizaciones de trabajadores que cumplían la función de movilización social, recuperación de banderas sociales y espacio para la gestión y el intercambio de bienes ante el gobierno, cuando este, estaba en sus manos; lo cual se ha venido modificando en los últimos años.
La reelección de Alito se encuentra controvertida por los mismos priistas, toda vez que, mientras Alito ante el triunfo, señala que, se ha cumplido con una jornada electoral ejemplar, en donde todos los presentes participaron de manera transparente, cumpliendo con cabalidad en tiempo y forma el procedimiento, y las normas internas, bajo un proceso caracterizado por su transparencia, competitividad e inclusividad.
Una fracción de priistas, compuesta por expresidentes y militantes destacados como Dulce María Sauri, Enrique Ochoa y Pedro Joaquín Coldwell, señalan que, han puesto sobre la mesa la posible permisividad del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), ante “el atraco” que consideran ha sufrido el histórico partido que gobernó 70 años consecutivos el país; toda vez que, estos señalan que, las autoridades electorales tienen pendiente de resolver las impugnaciones y quejas que han presentado los priistas críticos a la conducción de Alito.
Dentro de estas impugnaciones se encuentra, la convocatoria presuntamente ilegal de la Asamblea Nacional del 7 de julio y los acuerdos que en ella se aprobaron, como la reforma estatutaria que quitó los candados y abrió la puerta a la reelección de la dirigencia nacional, las presidencias estatales y municipales, así como, la convocatoria para la renovación de la dirigencia que ha culminado con los comicios de este 11 de agosto.
Sin embargo, antes de cuestionar el procedimiento de reelección, respecto a sí este, se ajustó o no a las normas democráticas internas del partido, lo cual es siempre importante observar, consideramos que, la reelección de Alito debe ser bajo un análisis más profundo, tomando en cuenta, los factores que permitieron a Alejandro Moreno, reelegirse con tanta facilidad, partiendo de la base de cómo, este ha venido teniendo su relación con las bases priistas al interior, en el ejercicio del poder, así como, sus propuestas y programa de acción, la forma de aplicarlos, toda vez que, partir de la evaluación de normas o formalismos procedimentales, como lo argumentan sus detractores, sería bajo una visión muy reducida.
Razón por la que consideramos que la base ideológica en que Alito ha sustentado su gestión y el modo en el que ejerció el poder hacia el interior, es lo que le ha permitido modificar las reglas internas del partido y reelegirse en la dirigencia nacional.
