Suelos agrietados, vegetación escasa y un horizonte que se pierde en la inmensidad de la nada.
✍?ECOLOGÍA HUMANA | Amado Ríos Valdez
En la mayoría de películas de ciencia ficción se muestran futuros distópicos de la vida en la tierra con paisajes desérticos, sin agua, sin alimentos, sin árboles, sin vida. Depende del enfoque de la película pero algunas proponen que ese futuro ocurrirá por el impacto de la guerra y las armas nucleares, otras en cambio, proponen que ese futuro dramático es consecuencia de acciones más pacíficas pero no menos violentas con la naturaleza: el abuso en el consumo y contaminación del agua, los suelos fértiles, la flora, la fauna, en fin, por las acciones humanas que realizamos hoy en día.
Imaginamos como si fuera un futuro muy lejano un paisaje árido, donde la vida parece haberse extinguido. Suelos agrietados, vegetación escasa y un horizonte que se pierde en la inmensidad de la nada. Esta es la triste realidad que nos presenta la desertificación, no es un futuro, ya está en curso en varias regiones del planeta, un proceso que avanza silenciosamente pero con una fuerza devastadora, transformando tierras fértiles en desiertos implacables. A veces nos reconfortamos pensando en que es algo que ocurrirá en el futuro y por acciones que harán las personas del futuro. No es así, es algo que está ocurriendo ya, ahora, con las acciones que realizamos nosotros todos los días.
La desertificación, un proceso gradual de degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas, es una problemática que va más allá de la simple pérdida de suelo fértil. Representa una amenaza para la biodiversidad, la seguridad alimentaria, el desarrollo económico y la estabilidad social a nivel global.
UN DESAFÍO GLOBAL CON RAÍCES PROFUNDAS
Las causas de la desertificación son múltiples y se entrelazan de manera compleja. La deforestación desenfrenada, el sobrepastoreo, las prácticas agrícolas insostenibles y el cambio climático son los principales impulsores de este proceso. La combinación de estos factores, agravada por eventos climáticos extremos como sequías prolongadas e inundaciones repentinas, acelera la degradación de los suelos y la pérdida de biodiversidad.
Según el Informe sobre el “Estado Mundial de la Desertificación y la Sequía 2022” de la ONU, alrededor de 12 millones de hectáreas de tierra se pierden cada año a nivel global debido a la desertificación.
En México, más del 70% del territorio presenta algún grado de degradación y erosión de los suelos, según datos del INEGI. La erosión hídrica, agravada por la deforestación y las prácticas agrícolas inadecuadas, es uno de los principales problemas. Por ejemplo, en la región del Bajío, la sobreexplotación de los acuíferos y la expansión de la agricultura de riego han provocado una severa degradación de los suelos y una disminución de la productividad agrícola.
CONSECUENCIAS DEVASTADORAS PARA LA HUMANIDAD
La desertificación tiene un impacto directo en la vida de millones de personas, generando una serie de consecuencias negativas:
Pérdida de biodiversidad: La desaparición de los ecosistemas naturales conlleva la extinción de especies vegetales y animales, afectando la cadena trófica y los servicios ecosistémicos que sostienen la vida en el planeta. Por ejemplo, en el caso del bosque de mezquital, en el norte de México, la desertificación ha reducido significativamente la población de especies endémicas como el berrendo y el venado bura.
Inseguridad alimentaria: La disminución de la producción agrícola reduce la disponibilidad de alimentos y aumenta los precios, lo que afecta especialmente a las poblaciones más vulnerables. En África subsahariana, por ejemplo, la desertificación ha provocado una disminución del rendimiento de los cultivos y ha contribuido al aumento de la malnutrición.
Migraciones masivas: La pérdida de tierras productivas y la escasez de recursos naturales obligan a millones de personas a abandonar sus hogares en busca de mejores oportunidades, generando conflictos sociales y humanitarios.
Cambio climático: La desertificación contribuye al cambio climático al reducir la capacidad de los suelos para almacenar carbono y al aumentar la emisión de gases de efecto invernadero. Los suelos degradados liberan grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, lo que agrava el calentamiento global.
HACIA UN FUTURO SOSTENIBLE: SOLUCIONES Y ACCIONES
Combatir la desertificación requiere de un enfoque integral que aborde las causas subyacentes y promueva soluciones a largo plazo. Algunas de las estrategias más prometedoras incluyen:
Restauración ecológica: La reforestación con especies nativas, la agroforestería y la restauración de pastizales son prácticas clave para recuperar la cobertura vegetal y mejorar la calidad del suelo.
Gestión sostenible del agua: La implementación de sistemas de riego eficientes, la captura de agua de lluvia y la reutilización de aguas tratadas son fundamentales para garantizar la disponibilidad de este recurso vital.
Prácticas agrícolas sostenibles: La adopción de técnicas como la rotación de cultivos, la agricultura de conservación y la fertilización orgánica puede mejorar la salud del suelo y aumentar la productividad agrícola.
Energías renovables: La transición hacia fuentes de energía renovables puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar los efectos del cambio climático.
Gobernanza participativa: La participación activa de las comunidades locales en la toma de decisiones y en la implementación de proyectos de desarrollo sostenible es esencial para garantizar su éxito a largo plazo.
UN DESAFÍO GLOBAL QUE REQUIERE ACCIÓN COLECTIVA
La desertificación es un problema complejo que requiere de la acción conjunta de todos los actores involucrados: gobiernos, organizaciones internacionales, sector privado y sociedad civil. Cada uno de nosotros puede contribuir a combatir este problema a través de nuestras decisiones diarias, como reducir nuestro consumo de agua, elegir productos locales y de temporada, y apoyar iniciativas de conservación.
Reducir el consumo de agua adoptando hábitos de consumo responsable del agua en el hogar y en el lugar de trabajo. Promover la agricultura sostenible consumiendo productos agrícolas locales y de temporada, y apoyar a los agricultores que utilizan prácticas sostenibles. Participar en actividades de reforestación plantando árboles nativos en áreas degradadas y participando en campañas de reforestación. Reducir la generación de residuos al separar los residuos y reciclar al máximo para disminuir la contaminación del suelo y el agua.
El futuro de nuestro planeta está en nuestras manos, no es un futuro distópico inevitable.. Al trabajar juntos, podemos revertir los efectos de la desertificación y construir un futuro más sostenible para las generaciones presentes y futuras.
amado.rios@gmail.com
