En su arenga, el presidente López Obrador añadió vivas a conceptos que, por su simpleza, deberían ser el centro de cualquier sociedad justa: libertad, igualdad, justicia, democracia.
✍?REALIDAD A SORBOS | Eric Ordóñez
Imagina que despiertas un 15 de septiembre, rodeado del bullicio y el entusiasmo de una plaza iluminada en Tuxtla Gutiérrez. El Grito de Independencia en Chiapas es, como siempre, una mezcla de tradición, música y euforia. Este año, la emoción se siente aún más fuerte con la presencia de los Tigres del Norte, cuya música resonaba en cada rincón de la plaza. Sin embargo, entre los acordes de “Jefe de Jefes” y los gritos de la multitud, algo en las palabras que escuchamos esa noche se queda grabado con más fuerza.
En su arenga, el presidente López Obrador añadió vivas a conceptos que, por su simpleza, deberían ser el centro de cualquier sociedad justa: libertad, igualdad, justicia, democracia. Y aunque esas palabras provocan un estallido de entusiasmo entre los asistentes, aquí en Chiapas, no puedo evitar preguntarme: ¿qué tan lejos estamos de convertir esos ideales en realidades?
LIBERTAD: UNA ILUSIÓN FRÁGIL
“¡Viva la libertad!”, gritó el presidente con fuerza desde su balcón. Pero, ¿de qué libertad estamos hablando? Aquí, en Chiapas, la libertad es un concepto que se siente más frágil cada día. Libertad para quién, me pregunto mientras veo a los periodistas que trabajan bajo la constante amenaza del silencio impuesto. En esta región, ser periodista es una actividad de alto riesgo. La libertad de expresión se convierte en un lujo cuando cada palabra publicada podría provocar una reacción que limite tu vida, tu trabajo, o incluso te quite todo.
No somos libres cuando la autocensura se convierte en una herramienta necesaria para sobrevivir. No somos libres cuando lo que escribimos debe filtrarse para no incomodar a quienes detentan el poder. Y, paradójicamente, mientras en las grandes plazas se gritan vivas a la libertad, en Chiapas, esa libertad es una ilusión que puede desaparecer en cualquier momento.
Los Tigres del Norte entonaban su emblemática “La Puerta Negra”, pero aquí, las puertas negras que enfrentamos no son solo simbólicas. Son reales. Son las barreras que nos separan de una libertad plena, en un estado donde el miedo y la inseguridad han ganado terreno.
IGUALDAD: UNA PROMESA ROTA
“¡Viva la igualdad!”, exclamaba el presidente. Pero, ¿qué significa la igualdad para quienes viven en Chiapas? ¿Qué significa para los niños indígenas que aún hoy enfrentan barreras insuperables para acceder a una educación digna? En las zonas más alejadas de nuestra región, la igualdad es una promesa rota. Aquí, la educación, la salud y las oportunidades laborales no llegan de la misma forma que en otros lugares del país.
La brecha de desigualdad entre el Chiapas urbano y el rural es tan amplia que las palabras “igualdad” resuenan con un eco vacío. Igualdad para quién, volvemos a preguntarnos. Para aquellos que viven en la pobreza extrema, para las comunidades marginadas que siguen esperando que las promesas de desarrollo lleguen a sus puertas.
JUSTICIA: UNA SOMBRA DISTANTE
“¡Viva la justicia!” se escuchó con fuerza, pero aquí en Chiapas, la justicia no llega para todos. Las familias que siguen esperando respuestas sobre sus desaparecidos, las comunidades que sufren despojos de tierras, y aquellos que son víctimas de la violencia día tras día, siguen esperando una justicia que parece más una sombra que una realidad.
La impunidad, que es tan común en nuestra región, se ha convertido en una barrera infranqueable para quienes buscan justicia. El sistema judicial se siente lejano, ineficaz, incapaz de resolver los problemas más básicos de nuestra gente. Justicia para quién, nos volvemos a preguntar. Para quienes tienen los recursos para mover las palancas del poder, pero no para las víctimas anónimas que enfrentan un sistema que les da la espalda.
Esa noche, mientras el presidente gritaba por la justicia, y los Tigres del Norte cerraban con “Golpes en el corazón”, no podíamos evitar sentir que en Chiapas, los golpes son reales y que la justicia es algo que seguimos esperando.
DEMOCRACIA: ¿UN DERECHO O UNA ILUSIÓN?
Finalmente, el presidente lanzó su “¡Viva la democracia!” como si con esas palabras sellara su compromiso con el pueblo. Pero, ¿qué democracia estamos viviendo en Chiapas, o en el resto del país, cuando las decisiones políticas más importantes parecen estar dictadas por los caprichos de una sola persona? ¿Qué democracia es aquella donde el presidente impulsa a sus propios hijos y cercanos al poder, asegurando que el futuro del país permanezca en un círculo cerrado de lealtades familiares y políticas?
Morena, el partido que nació con la promesa de ser diferente, de representar un cambio verdadero, ha caído en las mismas prácticas que tanto criticaba. Las decisiones arbitrarias desde la cúpula del poder, el impulso de figuras familiares para puestos de liderazgo, y el desdén hacia la crítica y la oposición, nos muestran una democracia que parece más una ilusión que un derecho real.
UN GRITO QUE RESISTE
La noche del 15 de septiembre en Chiapas fue una fiesta, a pesar de la lluvia que amenazaba con arruinarlo todo. Las luces, la música de los Tigres del Norte, y el entusiasmo de la gente crearon un ambiente único. Celebramos, como cada año, la independencia de México. Pero mientras gritamos por la libertad, la igualdad, la justicia y la democracia, no podemos evitar sentir que esos ideales están más lejos que nunca en nuestra realidad cotidiana.
Cordial saludo.


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