AMLO prometió descentralizar el poder, traer la CFE a Chiapas porque somos los mayores productores de energía en el país. No necesitamos más abrazos vacíos; necesitamos justicia, paz y verdad.
✍?REALIDAD A SORBOS | Eric Ordóñez
Cuando tomé la decisión de dejar mi natal Tonalá para estudiar Comunicación en Tuxtla Gutiérrez, de lo primero que hice fue ir a despedirme de mi abuelo. Aquella noche, parados en su sala, frente a su televisor, ese aparato que él cuidaba como un tesoro. Recuerdo cómo la luz de la pantalla iluminaba su rostro mientras me miraba con una mezcla de orgullo y preocupación. “No volverás, Eric”, me dijo. Le respondí que sí, que claro que volvería, pero él, con esa sabiduría serena que solo los abuelos tienen, negó con la cabeza: “No, porque volarás”. Sabía que la universidad y la vida me llevarían lejos, y que ese adiós, aunque temporal, marcaba el comienzo de algo más grande.
Mi abuelo, siempre ocurrente, tenía una forma de decir las cosas que te dejaba pensando. De él heredé lo sociable y carismático, al menos eso quiero creer. En esa noche de despedida, entre bromas y consejos, me confesó un temor que me caló hondo: “Me da miedo porque a los periodistas los matan”. Le prometí que no sería periodista, que la Comunicación era una carrera mucho más amplia. Le fallé. Terminé siendo periodista. Pero a pesar de ese temor, se sintió orgulloso cuando un día me vio en la televisión, preguntándole directamente al presidente Andrés Manuel López Obrador en una de sus mañaneras. Mi abuelo era fan de AMLO. “Le da su amanecer”, decía siempre con ese ingenio suyo. Para él, AMLO era la esperanza encarnada, el hombre que traería justicia y dignidad a los olvidados.
SU MIEDO SE HIZO REALIDAD
Pobre mi abuelo, qué bueno que ya no está, porque conociéndolo, ahora estaría más preocupado. Porque hoy, más que nunca, los periodistas están siendo asesinados. No solo en México, sino también en nuestro Chiapas. Y lo más triste es que el primero en violentarnos, en descalificarnos y señalarnos, era su admirado presidente. El mismo que en cada mañanera atacaba a los medios y a quienes se atrevieron a cuestionar.
LAS PROMESAS INCUMPLIDAS
Cuando AMLO llegó al poder, muchos pensábamos que finalmente el sur sería escuchado, que Chiapas, uno de los estados más marginados, recibiría la atención que por tanto tiempo se nos había negado. Pero en lugar de abrazos, lo que recibimos fueron balazos. La violencia no solo continuó, sino que se intensificó, especialmente en un estado donde las promesas de paz se sentían vacías.
AMLO prometió descentralizar el poder, traer la CFE a Chiapas porque somos los mayores productores de energía en el país. Nos prometió tarifas justas. Pero nada de eso llegó. En lugar de eso, Tabasco, su estado natal, recibió condonaciones de deuda, mientras que Chiapas sigue pagando precios elevados por un servicio eléctrico deficiente. Esta es una de las tantas promesas rotas que dejan un amargo sabor en la boca de quienes alguna vez creímos que esta administración traería un verdadero cambio.
EL PRESIDENTE DE LOS APLAUDIDORES
En sus mañaneras, AMLO se rodeó de aplaudidores y descalificó a sus críticos. Cualquiera que cuestionara su gestión era inmediatamente tachado de conservador o enemigo del pueblo. Pero, ¿cómo no criticar cuando la realidad en Chiapas es tan dolorosa? ¿Cómo no sentir desilusión cuando la promesa de transformación se convirtió en una burla?
Soñé que el abrazo de la Cuarta Transformación sería cálido y lleno de oportunidades para Chiapas. Soñé con un estado donde los jóvenes, las mujeres y los más vulnerables serían los protagonistas del cambio. Pero ese sueño se desmoronó, al igual que las palabras de AMLO. Hoy, la realidad en Chiapas es otra. La violencia ha escalado, los pueblos se han llenado de miedo, y las comunidades que una vez fueron refugios de paz ahora están bajo el asedio del crimen organizado y la indiferencia del gobierno.
MI AGRADECIMIENTO
Lo único que realmente le agradeceré a AMLO es que el ferrocarril volverá a recorrer mi Tonalá. Ese sonido de los trenes me recuerda a mi infancia, a esos días en que todo parecía más simple. Es una lástima que mi abuelo ya no esté para verlo. Él fue ferrocarrilero, dedicó su vida a los trenes, y sé que habría disfrutado enormemente verlos regresar a nuestra tierra.
El “abrazos, no balazos” nunca llegó a nuestras tierras. Aquí, el abrazo fue sofocante, mientras los balazos continuaban marcando nuestras vidas. Mi abuelo, con su sabiduría y su fe en el presidente, nunca habría imaginado que su Chiapas terminaría así. Y yo, al igual que muchos chiapanecos, me quedo con el sabor amargo de la desilusión.
EL ADIÓS
Adiós, presidente. Llévate tus abrazos que nos sofocaron, que nos dejaron más dolor que consuelo. Nosotros, los que quedamos, seguiremos luchando por un Chiapas que merezca más que tus promesas incumplidas. No necesitamos más abrazos vacíos; necesitamos justicia, paz y verdad.
Cordial saludo.


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