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Del palacio al TikTok: el manual del gobernante sin rumbo 

9 de octubre de 2024
in Opiniones
La política se ha reducido a un “show”, donde el gobernante de turno deja que sus redes hablen por él, mientras que la sociedad, expectante, observa con un dejo de desesperanza. 

La política se ha reducido a un “show”, donde el gobernante de turno deja que sus redes hablen por él, mientras que la sociedad, expectante, observa con un dejo de desesperanza. 

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La política se ha reducido a un “show”, donde el gobernante de turno deja que sus redes hablen por él, mientras que la sociedad, expectante, observa con un dejo de desesperanza. 

✍?REALIDAD A SORBOS | Eric Ordóñez

Imagina que despiertas en un país donde el liderazgo se mide no por la capacidad de gestión, sino por la habilidad para recolectar “likes” y comentarios. En esta nueva realidad, los líderes no necesitan tomar decisiones complejas ni enfrentar los verdaderos problemas de la sociedad; todo lo que requieren es una cámara, conexión a internet y una cuenta en TikTok. Ahí, en la comodidad de sus oficinas, ha nacido un nuevo estilo de política: la política de pantallas. 

Este fenómeno, lejos de ser exclusivo, se está extendiendo como una epidemia en la esfera pública. Los políticos han encontrado en las redes sociales un refugio para exhibirse como cercanos, dinámicos y, sobre todo, entretenidos. En lugar de estar en el campo resolviendo problemas, prefieren aparecer en videos bailando o montando alguna escena que “conecte” con la gente. Pero, detrás de esta pantalla brillante y perfecta, la realidad sigue esperando soluciones. 

Bajo este esquema, los verdaderos problemas, esos que requieren de gobernanza y responsabilidad, se disuelven entre filtros y tendencias virales. La política se ha reducido a un “show”, donde el gobernante de turno deja que sus redes hablen por él, mientras que la sociedad, expectante, observa con un dejo de desesperanza. 

GOBERNAR BAILANDO: LA RUTA RÁPIDA AL DESASTRE 

Hace poco contaba en una de mis clases cómo cualquier persona con un teléfono inteligente y algo de exposición en redes sociales puede considerarse a sí misma comunicadora, periodista o incluso “influencer”. Es un fenómeno que ha desdibujado los límites entre la verdadera comunicación política y el espectáculo barato. Ya no hace falta formación, ética o escrúpulos. Basta con saber mover las caderas al ritmo de un “trend” viral. 

A mis estudiantes les hablaba sobre la superficialidad del contenido que consumimos hoy. La política ha migrado a plataformas digitales, donde la inmediatez y el alcance parecen lo más importante. Los políticos han cambiado los discursos serios por videos de 30 segundos que generan miles de interacciones, pero dejan poco o nada de sustancia. 

Es la era del “infoentretenimiento”. Cada vez más, los ciudadanos consumen noticias políticas mezcladas con memes, “storytelling” y tendencias de moda. Ya no se trata de generar un pensamiento crítico, sino de entretener y ser popular. No es sorpresa que plataformas como TikTok sean el nuevo campo de batalla para quienes buscan más la viralidad que la verdadera gobernanza. 

LOS JÓVENES: EL TARGET PERFECTO PARA LA POLÍTICA DE CLIPS

El contenido político en TikTok se ha transformado en un espectáculo diseñado para divertir. Los jóvenes, ávidos de entretenimiento rápido, consumen estos videos no por su valor informativo, sino por la brevedad y la diversión que ofrecen. Muchos de estos clips van acompañados de música pegajosa, efectos visuales y un discurso que no alcanza ni a rozar la profundidad de los verdaderos problemas sociales. 

Es cierto que el alcance de estas plataformas es innegable. Pero, ¿dónde queda el análisis crítico? ¿En qué momento dejamos de cuestionar las acciones reales de nuestros gobernantes? Hoy, el contenido que debería invitar a la reflexión se ha convertido en una broma que se olvida al deslizar el dedo hacia arriba. 

En clase debatíamos sobre si este tipo de contenido tiene una influencia real en la decisión de voto. Y, aunque no hay evidencia contundente de que estos videos determinen el resultado de una elección, es claro que influyen en la percepción pública de los políticos. El caso de la viralización de ciertas figuras que no tienen nada que aportar a la política, pero que se han convertido en “famosos” en TikTok, es prueba suficiente de que estamos ante una crisis de fondo en la comunicación política. 

LA GOBERNANZA REAL, EN PELIGRO DE EXTINCIÓN 

Pero no todo es risas y baile en el palacio digital. Mientras los gobernantes buscan cómo ganar más seguidores, los problemas de la vida cotidiana continúan acumulándose. La inseguridad, la falta de infraestructura y la desigualdad no se resuelven con un video viral. Gobernar es mucho más que sumar “likes” o comentarios de aplauso; gobernar es tomar decisiones difíciles, estar presente en los momentos de crisis y, en esencia, liderar. 

Ese liderazgo no se puede suplir con una fuerte presencia mediática en redes sociales. Los ciudadanos necesitamos mucho más que palabras bonitas y coreografías ensayadas. Necesitamos políticas públicas reales, estrategias que atiendan los problemas de fondo y que nos garanticen una vida digna. Pero, al parecer, la popularidad en TikTok se ha convertido en la nueva vara para medir el éxito de un líder. 

¿HASTA DÓNDE LLEGA LA VIRALIDAD? 

Mientras los líderes bailan y buscan su momento de gloria en las pantallas, la pregunta que queda es: ¿hasta dónde llegará esta tendencia? ¿Seguiremos permitiendo que la política se reduzca a un espectáculo vacío? Las plataformas digitales, aunque poderosas, no pueden ser el único canal para medir la efectividad de un gobernante. Es necesario fomentar el pensamiento crítico, exigir más que entretenimiento, y recordar que detrás de cada pantalla hay una sociedad que necesita ser atendida. 

En tiempos donde la información política se difunde en formatos atractivos, es imprescindible que los ciudadanos mantengamos la capacidad de discernir entre lo que es contenido para entretener y lo que verdaderamente tiene un impacto en nuestras vidas. No podemos permitir que la viralidad sea el criterio para elegir a nuestros líderes. 

Es momento de regresar a los principios básicos de la política: escuchar, proponer y actuar. Gobernar no es un concurso de popularidad, es una responsabilidad que debe tomarse en serio. La política no se baila, se trabaja. 

Cordial saludo. 

La política se ha reducido a un “show”, donde el gobernante de turno deja que sus redes hablen por él, mientras que la sociedad, expectante, observa con un dejo de desesperanza. 
La política se ha reducido a un “show”, donde el gobernante de turno deja que sus redes hablen por él, mientras que la sociedad, expectante, observa con un dejo de desesperanza. 

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