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No den clases en Chiapas, no pagan 

21 de octubre de 2024
in Opiniones
Así de claro. Desde las aulas de nivel básico hasta las bancas de la Normal Superior, el común denominador es el mismo: promesas incumplidas, cheques ausentes e inacción. 

Así de claro. Desde las aulas de nivel básico hasta las bancas de la Normal Superior, el común denominador es el mismo: promesas incumplidas, cheques ausentes e inacción. 

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Así de claro. Desde las aulas de nivel básico hasta las bancas de la Normal Superior, el común denominador es el mismo: promesas incumplidas, cheques ausentes e inacción. 

REALIDAD A SORBOS | Eric Ordóñez

No sé si alguien necesita escuchar esto, pero si están pensando en ser maestros en Chiapas, deténganse. La realidad es simple: no conviene. No se paga. Así de claro. Desde las aulas de las telesecundarias hasta las bancas de la Escuela Normal Superior, el común denominador es el mismo: promesas incumplidas, cheques ausentes y un silencio abrumador por parte de quienes deben garantizar que los maestros reciban su sueldo. ¿Cómo puede ser que, en pleno 2024, los docentes tengan que exigir lo que ya trabajaron? 

Lo peor es que no se trata solo de una falla aislada o un error temporal. Esto es algo que viene ocurriendo desde hace años. Más de 500 millones de pesos en deuda a maestros interinos en telesecundarias, maestros que han cubierto horas y horas sin recibir un centavo. Y ahí está la otra cifra escandalosa: 2.5 millones de adeudados a maestros de la Normal Superior desde 2018. Las autoridades educativas parecen incapaces, o peor aún, indiferentes. Como dijo alguna vez Don César Corzo Espinosa, ese personaje irreverente y fascinante: “No sé si me dan pena o asco”. 

LA IRONÍA DE QUERER ENSEÑAR EN UN ESTADO QUE TE ABANDONA 

A veces me pregunto, como lo hizo Don César Corzo Espinosa en una entrevista memorable -para la tesis de licenciatura que hice junto con dos grandes compañeras de vida-, si “me dan pena o asco” las autoridades que deben velar por la educación. Corzo, el maestro con mayúsculas, lo decía refiriéndose a los burócratas culturales de su tiempo. Ahora, esas palabras resuenan como una amarga verdad en mi cabeza al pensar en los responsables de la educación en Chiapas. 

La situación es simple: no hay clases en Chiapas. ¿Para qué? No hay garantías, ni de seguridad ni de salario. El estado está quebrado en sus políticas educativas. Recuerdo una entrevista con el maestro Javier Espinosa Mandujano, exdirector de Educación Pública, quien describió al Chiapas de 1975 como “un perro viejo al que se le suben todas las pulgas”. Aislado, marginado, sin relevancia en el contexto nacional. Casi 50 años después, ese perro sigue lleno de pulgas , pero ahora el problema no solo es la marginación, sino la inacción de las autoridades que nos dejan a los educadores en un limbo de indiferencia. 

LA TRISTE IRONÍA DE LA EDUCACIÓN 

Aquí es donde surge la gran ironía. Mientras algunos estados, como Quintana Roo, pagan puntualmente quincena tras quincena, en Chiapas se vive un infierno administrativo. Tengo una amiga que fue maestra interina allá y siempre recibió su pago conforme a la ley. Parece una utopía comparada con lo que sucede en Chiapas. ¿Qué tan difícil puede ser? ¿Es una cuestión de falta de recursos o simplemente de voluntad? Uno se pregunta si las autoridades de educación en Chiapas duermen tranquilas, sabiendo que los maestros se retiran de las zonas porque no solo no les pagan, sino que también ponen en riesgo su vida debido a la inseguridad. 

Mientras tanto, los estudiantes siguen yendo a las aulas, sin la certeza de tener a su maestro al día siguiente. Y es que la docencia en Chiapas no solo es mal pagada, sino peligrosa. Muchos maestros han tenido que abandonar sus puestos en zonas conflictivas, no por miedo al aula, sino por el terror a lo que sucede afuera: enfrentamientos, violencia, inseguridad. Sin un sistema que garantiza el pago ni la seguridad, ¿quién querría enseñar aquí? 

EL LLAMADO A NO ENSEÑAR EN CHIAPAS 

Quizás suene radical, pero la verdad es que no deberían vivir más personas lo que tantos maestros han sufrido aquí. No enseñen en Chiapas. No vale la pena cuando no te pagan. Y mucho menos cuando tu vida está en riesgo. La educación, el pilar fundamental de cualquier sociedad, está siendo descuidada y despreciada. Y mientras las autoridades no garantizan ni el salario ni la seguridad, ¿qué esperanza nos queda? 

Pero también quiero creer que puede haber un cambio. Así como César Corzo Espinosa y Javier Espinosa Mandujano imaginaron un Chiapas mejor desde sus trincheras culturales y educativas, también yo deseo una nueva era para los docentes. Un tiempo donde enseñar en Chiapas no es un riesgo, sino un honor. Un tiempo donde la vocación no se castigue, sino que se celebre. Porque Chiapas merece más, y sobre todo, sus maestros merecen más. 

UN FUTURO INCIERTO PARA LOS MAESTROS DE CHIAPAS 

El himno a Chiapas lo expresa mejor que yo: “Cesen ya de la angustia y las penas los momentos de triste sufrir”. Pero, ¿cuándo cesará? La realidad es que ser maestro en Chiapas es una lucha constante. Una lucha contra la inseguridad, contra la falta de pago y, sobre todo, contra la indiferencia. Las promesas de un futuro mejor parecen cada vez más lejanas. Quizás algún día, esas “horas serenas que prometen feliz porvenir” lleguen a Chiapas, pero por ahora, ese futuro sigue siendo una fantasía. 

Y mientras tanto, aquí estamos, viendo cómo maestros y maestras se enfrentan a un sistema que no les garantiza nada, ni el salario ni su seguridad. Por eso, así como a Chiapas, a los maestros que nunca reciben su paga, les deseo una nueva era. Un tiempo donde el trabajo sea valorado, donde enseñar no sea sinónimo de sacrificio sin recompensa. Pero, por ahora, solo puedo decirles: no den clases en Chiapas, no pagan. 

Cordial saludo. 

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