Su sentido humanista le viene de la conciencia por las carencias propias de quienes vivimos en medios en los que difícilmente se podría conseguir lo que otros niños y jóvenes disfrutaban, el entorno exigía para llevar una vida digna, feliz y placentera, trabajar todos los días.
✍🏽José Adán Altúzar Figueroa
La historia nos dice que grandes personajes chiapanecos ocuparon cargos relevantes en la política nacional, sin embargo, Eduardo Ramírez Aguilar, ha ejercido sus responsabilidades políticas-administrativas de manera protagónica; en esta historia podemos mencionar a quien es ilustre Comiteco, a Don Belisario Domínguez Palencia, Jorge de la Vega Domínguez, Absalón Castellanos Domínguez, Roberto Albores Guillén, Irma Serrano Castro, Elva Esther Gordillo, entre otros chiapanecos como: Patrocinio González Garrido, Rafael Pascasio Gamboa, o como Jorge de la Vega Domínguez, el primero efímero Secretario de Gobernación, el segundo Secretario de Salud y el tercero Secretario de Industria y Comercio, pero nadie en la época moderna a destacado a niveles políticos legislativos como lo ha hecho el ahora Gobernador Constitucional, Eduardo Ramírez Aguilar.
En buena medida, que, en buena medida, las razones de sus éxitos están cifrados en su enorme disposición al trabajo incansable, dispuesto siempre a atender asuntos, a escuchar y dar trámite a lo que implica una gran responsabilidad de administrar y, además, conoce la administración pública y los conflictos sociales como pocos. Lo trae de herencia, ya que sus padres ejercían una intensa actividad comercial, allá por la década de los 70´s y 80´s. Esas son las enseñanzas que trae, quien ahora cumple cos sus legítimas aspiraciones de gobernar su estado natal.
Eduardo Ramírez Aguilar nació un jueves 13 de octubre del año1977 en Comitán de Domínguez, Chiapas, sus padres Don Oscar Ramírez y la Señora Naty Aguilar, matrimonio ejemplar por su arduo trabajo realizado para beneficio de sus hijos, establecieron un próspero negocio que bautizaron como el “Baraterito”, en que los habitantes de la región encontraban casi todo lo que buscaban, ahí Lalo forjo su amor al trabajo, con el claro ejemplo de sus padres quienes se dedicaban íntegramente a atender su negocio.
Su sentido humanista le viene de la conciencia por las carencias propias de quienes vivimos en medios en los que difícilmente se podría conseguir lo que otros niños y jóvenes disfrutaban, el entorno exigía para llevar una vida digna, feliz y placentera, trabajar todos los días, después de cumplir con sus deberes, ayudando a nuestros padres en las labores del hogar o en la actividad que el matrimonio ejercía para proveer del sustento a la familia, Sí. Todo era felicidad, aunque como en la vida de todas la familias, siempre existen tragedias como cuando a Eduardo, muy pequeño fue testigo del accidente de su hermano mayor, al ser golpeado por un vehículo en movimiento mientras el niño juagaba en la banqueta, esta desgracia le causó a su hermano la perdida de memoria, cuando este muy joven demostraba una gran lucidez en su desempeño escolar, todos sus compañeros de salón sabían que por sus resultados académicos, siempre diez en todas las materias, harían de él un hombre de bien, profesionista exitoso.

A finales de los 70´s una mañana muy temprana, quien esto escribe, en compañía de mi padre, circulábamos frente al negocio de Don Oscar Ramírez y de Doña Naty Aguilar, padres de Lalo, cuando de pronto mi padre Adolfo Altúzar García, señala y al mismo tiempo me dice: Si algún día quieres tener prosperidad económica, fíjate de personas como ellos, abren su negocio a las seis de la mañana y lo cierran a las diez de la noche, todos los días, solo así puedes lograr tus propósitos en la vida, trabajando incansablemente, durante muchas horas. Esa es la herencia del ahora Gobernador de Chiapas: Pasión por el trabajo, disciplina y entrega.
Eduardo Ramírez, fue siempre dedicado al estudio y a retos. En su natal Comitán, destacó a partir de la educación primaria en la Escuela Federal Belisario Domínguez, sin duda, ahí le nació la admiración por el mártir chiapaneco. Ya en sus años subsecuentes de estudio, secundaria y bachiller, enfrentó a cuantos pretendían insultarlo, defendiéndose valientemente con los puños. En su intención de ser exitoso y voluntarioso, provocaba en otros molestia y envidia. Su figura en rebeldía, cabello largo y lacio, montado en una bicicleta, respondía a los insultos o provocaciones de quien creía que lo juzgaba. Su adolescencia de 15 años, su inseparable playera de tirantes y su aspecto rebelde, hacía que otros jóvenes quisieran imitarlo y otros burlarse.

Estoy seguro de que Lalo recuerda un enfrentamiento a golpes que tuvo con un joven igual que él, de nombre Joel, muy cerca del negocio de sus padres, en un lugar conocido en esos años como Hotel Ideal.
Esas experiencias de vida son las que van forjando el carácter, para después tener la necesidad en enfrentar otros retos que la vida nos depara. Eduardo Ramírez Aguilar es ahora un hombre de retos, de lucha constante y capaz de sortear obstáculos. Simple y sencillamente, proviene de la cultura del esfuerzo.
“Toparme con el felino. Me valió el mote de Jaguar Negro entre los Lacandones. Y yo me siento identificado por su esencia. Su huella quedó en mí, porque representa la vida. La vida que es claridad y oscuridad, aciertos y desaciertos, el sol y la luna; la noche y las estrellas grabadas en su pelaje.

Estábamos a unos tres metros y medio del felino. Mi corazón, palpitaba con la potencia con la que bajan las rocas arrastradas por el río. Tengo que reconocer que sentí temor, pero al admirarlo, mi corazón bajo su ritmo; me relajé y al serenarme, el jaguar se fue a paso lento sin molestar a nadie.
Por ese extravío caminé alrededor de treinta minutos, a paso firme, entre la espesa selva, junto al guía de la expedición, Chan K´in, hasta que éste se detuvo repentinamente y entonces pude ver ante nosotros a un joven, pero impotente jaguar negro.

Teníamos rato de no encontrar a un jaguar negro; hacía más de 10 años y ahora lo encuentras tú con mi Sobrino Chan K´ín. Es un signo profético de qué vienen tiempos de abundancia para nuestra selva. Dejamos hacer nuestro ritual, acostumbrado y acompañamos.
Me encanta la adrenalina. El rafting por los ríos salvajes me ha forjado como navegante, pero en Lacanjá Chansayab fue algo aparte. En sí, la majestuosa Selva Lacandona, que lo rodea todo con su poderoso rugido, es inquietante. Jamás imaginé lo que aquel día me deparaba la espesa jungla de Chiapas…”

Por su capacidad, profesionalismo y amor a Chiapas, la esperanza de un futuro promisorio para las chiapanecas y chiapanecos están garantizados. Nadie tiene dudas que, por el humanismo demostrado durante toda su vida, a partir de ahora inicia una nueva Era para Chiapas.
