“Páramo de violetas”/Liz Carreño
Cerca de la ciudad de Papantla, en la parte alta de la sierra del estado de Veracruz, se encontraba el templo de la diosa “Tonacayohua” (nuestra carne), ella era la encargada de cuidar la siembra y los alimentos, tenía doce jóvenes que rendían tributo con su hermosura y buen comportamiento a los dioses, las cuales eran consagradas a acompañarla desde niñas.
El tercer rey totonaca llamado Teniztli, tuvo una niña que poseía una extraordinaria belleza a la cual llamaron “Tzacopontziza” (lucero del alba), y que consagraron al culto de la diosa Tonacayohua, ya que su padre deseaba que ningún hombre se le acercara, ni le hiciera daño y mucho menos que disfrutara de sus encantos.
Un día la joven salió del templo hacia la selva a buscar animalitos para ofrendárselos a la diosa, buscaba con cuidado y delicadeza cuando se le apareció un joven de nombre “Zkatan-oxga” (el joven venado), el cual había visto desde lejos a la princesa y se había sentido muy atraído por ella. Entre ellos surgió un amor a primera vista.
Sabían los dos que ese amor estaba prohibido y que sería castigado con la muerte, al joven venado lo degollarían si se enterara el padre de la princesa. A pesar del riesgo, los enamorados se reunían casi a diario a escondidas, cuando el joven llevaba al mercado la cosecha de sus siembras, y en poco tiempo un gran amor se apoderó de sus corazones.
Un día decidieron escapar a la montaña, pero solo habían caminado una pequeña distancia cuando de pronto les cerró el paso un monstruo que les arrojó fuego haciéndolos retroceder, al ir hacia atrás asustados, se encontraron con los enojados sacerdotes del templo, y sin dejar que los enamorados dijeran algo en su defensa, los degollaron despiadadamente y depositaron sus cuerpos como si fuera una ofrenda sobre el plato colocado en el abdomen del “Chac-Mool” (gladiador o mensajero divino), donde les extrajeron los corazones y fueron tirados a una barranca.
En la zona donde fueron arrojados los corazones, las plantas y hierbas empezaron a secarse rápidamente, las personas no se explicaban lo que pasaba con esa zona de la selva, pero en poco tiempo comenzó a crecer un arbusto diferente a los que conocían, el cual de manera milagrosa alcanzó un gran tamaño en solo unos días, además de haberse cubierto con un tupido follaje de color verde brillante.
Una vez que el arbusto llegó a su tamaño final, a su lado empezó a brotar una orquídea trepadora, la cual se fue enredando en el tronco del árbol en solo unos días, parecían como los brazos de una mujer que con amor lo abrazaba, quedaba protegida por la sombra del árbol, al igual que una novia recargada en el pecho de su amado y así continuó su crecimiento llenándose de hermosas flores blancas.
Estas flores hermosas llamaron la atención del pueblo, que junto con los sacerdotes llegaron a la conclusión que la sangre de los jóvenes había sido transformada por los dioses en el arbusto y la orquídea, asombrándose todavía más cuando las flores que habían nacido en ese lugar se convirtieron en delgadas y largas vainas, que al madurarse despedían un suave y penetrante aroma.
Desde entonces la orquídea fue declarada planta sagrada, convirtiéndose en objeto de culto y designándose en los adoratorios de los templos y rituales totonacos como una ofrenda divina, de la sangre de la princesa nació la vainilla que en totonaco es llamada “Xanath” (flor escondida) y en azteca “Tlilxóchitl” (flor negra o vainilla).
Nota: La cultura totonaca habitó principalmente en el Estado de Veracruz, en México. Teniendo como principales centros urbanos: El Tajín (300-1200), Papantla (900-1519) y Cempoala (900-1519). En la lengua totonaca este vocablo se compone por los términos tu’tu o a’ktu’tu referente al número “tres” y nacu’ que significa “corazón”. Los totonacas emplean este término en el sentido de que Cempoala, Tajín y el Castillo de Teayo son los tres centros representativos del grupo o tres corazones de su cultura.
