PÁRAMO DE VIOLETAS/Liz Carreño
La observaba pensativo, mientras ella cocinaba tarareando una pegajosa canción sin dejar de mover las caderas al ritmo de su desafinada voz. Ella fingía que no lo notaba, pero su cara de angustia, duda y preocupación era algo que no pasaba desapercibido.
Hacía tres semanas exactas que se le borró la sonrisa y comenzó su aflicción evidente, casualmente desde que no pudo volver a localizar a su última amante que lo tenía ocupado y visiblemente azaroso.
El hombre se jalaba los cabellos preguntándose el paradero de esa mujer de torneadas piernas y de actitud mayormente solícita y cariñosa de la que tenía en casa.
Pero el recuerdo se le borraba en cuanto recordaba con horror el día que su esposa entró cargando cuatro bolsas medianas del mandado llenas de cortes de carne y un nuevo maletín de costosos cuchillos fileteros troquelados, de varios tamaños que tanto presumió por sus hojas de acero alemán y sus mangos de nylon antibacterial.
Desde ese día ella no deja de cocinar con enorme entusiasmo, deliciosos platillos desbordantes en esa carne suave y pulcramente magra con la que agasaja en decorados banquetes a amigos e invitados.
El hombre asqueado, se levantaba de la mesa al borde del vómito y el llanto, cada vez que su mujer le servía orgullosa de su arte culinario generosas porciones de lengua al jerez, costillas a la miel, hígado a la portuguesa, carne molida con verduras, budín de sesos, brochetas de pulpa, puchero o corazón a la pimienta.
Ella sonreía en sus adentros recordando el café compartido con la dueña de las piernas de la discordia, al descubrir que las dos habían sido engañadas, planeando entonces la fatídica desaparición para darle un escarmiento al infiel mentiroso.
El joven y rozagante carnicero, de brazos robustos y torso marcado, había sido el más agradecido al compartir su vigor con la dama y además realizar semejante venta en una sola exhibición.
Ahora feliz y consentidora todos los días; se levanta de la mesa y guiñándole un ojo coqueto, le pregunta insistente al famélico marido:
– ¿Te sirvo más amor? – tres centros representativos del grupo o tres corazones de su cultura.
