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UNACH, la ficha de la esperanza

1 de febrero de 2025
in Opiniones
No hay nada más injusto que hacerle creer a un joven que no es suficiente. Es la forma más cruel de despojarlos de su dignidad.

No hay nada más injusto que hacerle creer a un joven que no es suficiente. Es la forma más cruel de despojarlos de su dignidad.

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No hay nada más injusto que hacerle creer a un joven que no es suficiente. Es la forma más cruel de despojarlos de su dignidad.

REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez

Crecimos creyendo que para entrar a la universidad había que repartir fichas de inscripción como si fueran boletos de lotería. Nuestros padres, nuestros tíos, nuestros vecinos, convencidos de que mientras más solicitudes se entregaran, más posibilidades había de que llegara la anhelada carta de aceptación. No era más que una tomada de pelo, un mito urbano que servía para maquillar lo que muchos sospechaban pero no se atrevían a decir: que el acceso a la educación superior, en algunos casos, no dependía solo del esfuerzo y la capacidad, sino de otros factores mucho menos nobles.

Hoy, desde el lugar en el que me encuentro, después de haber caminado estos pasillos y de haber sido testigo de muchas historias, he escuchado más de una vez la misma pregunta: ¿Usted no sabe quién puede ayudarme a meter a mi hijo en Medicina? Y siempre contesto lo mismo: La única persona que puede hacerlo es él mismo.

Porque no hay nada más injusto que hacerle creer a un joven que no es suficiente, que su talento y su esfuerzo no bastan, que necesita de una mano oculta para abrirle paso. Es la forma más cruel de despojarlos de su dignidad antes de siquiera intentarlo.

EL DESEO DE PERTENECER Y LOS MERCADERES

Hay facultades en las que entrar no solo significa cursar una carrera, sino alcanzar un estatus, una distinción, la validación social de haberlo logrado. Y no hay un caso más representativo que el de la Facultad de Medicina. Año tras año, cientos de jóvenes llegan con la esperanza de cruzar sus puertas, con la convicción de que ese es el primer paso para cumplir su sueño de salvar vidas. Pero no tardan en escuchar lo que muchos ya sabíamos: que algunos no entran por su puntaje, sino por su capacidad de negociación.

Hay quienes han empeñado hasta su alma para conseguir un lugar. Familias que han vendido lo que no tienen para pagar un espacio en una carrera que, en teoría, debería ser para los más preparados. Y detrás de todo esto, hay quienes han hecho de la desesperación su mejor negocio. Vivales que, año con año, lucran con el deseo de pertenecer, con la ilusión de madres y padres que solo quieren ver a sus hijos convertirse en doctores.

No es nuevo, lo sabemos todos. Tan real es que, en algún momento, la universidad se vio obligada a invalidar el examen de admisión de Medicina no una, sino dos veces en un mismo proceso. Lo hicieron porque las irregularidades eran demasiado evidentes para seguir siendo ignoradas. Pero, ¿realmente algo cambió después de eso?

LA UNACH Y SUS DEMONIOS INTERNOS

Más allá de las aulas, la UNACH también ha sido escenario de batallas silenciosas que pocos se atreven a contar. Los cacicazgos, las mafias internas, los grupos que durante décadas han movido los hilos sin que nadie los cuestione. La universidad ha sido víctima de quienes han encontrado en ella no un espacio de enseñanza, sino un botín, una extensión de sus intereses personales.

El problema no es nuevo. Por generaciones, los estudiantes han aprendido a lidiar con docentes que más que educadores han sido obstáculos, con sindicatos que, en lugar de proteger a los trabajadores, han protegido sus privilegios. Y mientras tanto, la educación, la razón de ser de esta institución, ha quedado en segundo plano.

Pero hay algo que está cambiando. Hay una nueva era, una nueva rectoría, una nueva promesa de transformación. Y aunque todavía se irá traduciendo en hechos, lo cierto es que la UNACH no puede seguir siendo el refugio de quienes ven en ella un negocio.

LA UNIVERSIDAD ES DE LOS ESTUDIANTES

Pese a todo, la UNACH sigue siendo el espacio donde miles de jóvenes depositan sus sueños. No se trata de contar solo lo malo, sino de recordar que, más allá de los intereses oscuros, hay una comunidad de estudiantes que día a día se levanta con la convicción de que pueden lograrlo. Y a ellos es a quienes hay que hablarles con claridad.

A los que prevén por presentar un examen de admisión, a los que temen no ser suficientes, a los que han escuchado que todo se mueve con dinero y contactos: ustedes son suficientes. No permitan que nadie les diga lo contrario. No caigan en la trampa de quienes los hacen dudar de su capacidad para luego venderles una solución mágica.

Y si descubren corrupción, si son testigos de prácticas injustas, denúncienlo. No normalicen el abuso, no crean que la única manera de entrar a la universidad es comprando su entrada. La UNACH debe pertenecer a quienes se han ganado su lugar con mérito, no a quienes han encontrado la forma de torcer el sistema.

UNA NUEVA ERA, UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Este es el momento de cambiar la historia. Hoy la UNACH tiene la posibilidad de demostrar que puede ser más que sus errores del pasado. Que puede ser una institución donde se respete el talento, donde no haya necesidad de acudir a intermediarios para cumplir un sueño.

Como docente universitario, quiero ver a mi universidad fuerte, libre de las sombras que la han perseguido. Quiero que, dentro de unos años, cuando un joven presente su examen de admisión, lo haga con la certeza de que su esfuerzo será lo único que determine su ingreso.

Porque la UNACH no le pertenece a los caciques, ni a los corruptos, ni a quienes han hecho de ella su negocio. La UNACH es de sus estudiantes. Y es hora de que eso quede más claro que nunca. Seguro estoy de que se vivirán tiempos diferentes.

Cordial saludo.

No hay nada más injusto que hacerle creer a un joven que no es suficiente. Es la forma más cruel de despojarlos de su dignidad.
No hay nada más injusto que hacerle creer a un joven que no es suficiente. Es la forma más cruel de despojarlos de su dignidad.

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