Justicia, feminismo y literatura
CULTURA/Marco Antonio Orozco Zuarth
Durante veintiséis años creó una obra que fue espejo de la sociedad y los conflictos de su tiempo. Exploró magistralmente los temas que marcaron su existencia: la discriminación, la identidad femenina, la lucha indígena, y las estructuras de poder. Con una vida trágicamente truncada a los 49 años, su legado literario permanece vigente, dejando preguntas, reflexiones y un impacto imborrable en la literatura contemporánea.
Durante su vida, cuestionó, entre otras cosas, la pregunta que a ella misma le rondaba constantemente: “¿Por qué vivimos? ¿Por qué vivimos de determinada manera? ¿Cómo podemos realizarnos?”. Estas interrogantes fueron el motor de su producción literaria, que abarcó diversos géneros: desde la poesía hasta el ensayo, pasando por la novela, el cuento y el teatro. Su obra se caracteriza por su enfoque en las desigualdades sociales y las luchas de aquellos que se encuentran en los márgenes de la sociedad. En sus libros, como Balún Canán y Oficio de Tinieblas, se manifiesta su aguda crítica al trato desigual hacia los indígenas y a la condición de las mujeres en un país profundamente marcado por el patriarcado y el machismo.
En este contexto, varias voces se han pronunciado sobre el papel de Rosarios en la literatura mexicana. El crítico literario Emmanuel Carballo la consideró una de las precursoras más destacadas del movimiento de liberación femenina, no solo por sus ideas, sino también por su capacidad intelectual y por el rol que desempeñó en la educación y la escritura. Carballo subrayó que, en una sociedad dominada por un sistema patriarcal, Rosario desbordó los límites de la invisibilidad femenina.
Dolores Castro Varela, su gran amiga, destacó cómo la autora de Los convidados de agosto dio voz a aquellos que, en su tiempo, carecían de ella: los indígenas, las mujeres y los sectores más empobrecidos. En su trabajo, Rosario no solo abordó cuestiones sociales, sino que también exploró la condición humana con una profundidad emocional y literaria que ha influenciado a generaciones de escritores. Para Lolita Castro, la autora fue capaz de trazar un camino hacia la reflexión sobre la injusticia sin caer en la trampa de la ideología extremista. Su opinión sobre la obra de su amiga, la resumiría, en mis palabras, de la siguiente manera: es una guía para identificar la injusticia en cualquier ámbito y un llamado a imaginar y construir un mundo más justo.
Para Sabina Berman, Rosario es la primera escritora mexicana que abrazó el feminismo sin reservas, desafiando con valentía las limitaciones impuestas a las mujeres en la literatura. En un entorno dominado por el machismo, rompió esquemas y cuestionó las normas sobre lo que las mujeres podían escribir, pensar o expresar. Su teatro, especialmente El eterno femenino, fue una provocación radical al desmontar la noción de una esencia femenina inmutable, proponiendo en su lugar que la identidad de la mujer se construye, una crítica audaz a la cultura misógina de su tiempo.
Rosa Beltrán, subrayó que la mayor contribución de Rosario fue su capacidad para abrir espacio a las mujeres escritoras. Su uso de la primera persona en sus obras fue revolucionario en un contexto en el que las voces femeninas rara vez se alzaban con tanta claridad. A través de su trabajo, Rosario no solo desafió las jerarquías sociales y las distinciones raciales, sino que también propuso un cambio de mentalidad: hablar de los problemas de la violencia, el racismo y la misoginia desde una postura de inclusión y empatía.
A pesar de la tragedia de su muerte, Rosario Castellanos sigue siendo un faro literario cuya relevancia trasciende las fronteras de su tiempo. Mónica Mansour y Elva Macías coinciden en que su obra de, más allá de sus méritos literarios, sigue siendo un testimonio de lucha, de resistencia frente a la opresión, y de la incansable búsqueda de justicia. En una época en la que los temas de derechos humanos, igualdad de género y justicia social son de relevancia urgente, la obra de Rosario sigue resonando con fuerza, como un recordatorio de las batallas no ganadas y de las que aún persisten.
Para Elena Poniatowska fue una escritora fundamental no solo para su propia generación, sino también para las que le siguieron. Su legado abrió camino a muchas mujeres que hoy escriben gracias a su influencia y ejemplo.
osé Emilio Pacheco destacó que nadie en su tiempo comprendió tan profundamente la doble condición de ser mujer y mexicana como Rosario Castellanos, convirtiéndola en el eje de su obra. Su afirmación sigue vigente, pues con el tiempo su legado ha sido cada vez más valorado por lectores, críticos y escritores, no solo en el ámbito de género, sino en toda su producción literaria.
El feminismo en la obra y la vida de Castellanos es una constante que trasciende el tiempo. Fue pionera al abrir caminos para que las mujeres encontraran su voz, no solo en la literatura, sino en todos los espacios de la sociedad. Rosario nos enseñó que el feminismo no solo lucha por la igualdad de derechos, sino también por la libertad de ser, de crear y de transformar. Su legado es un recordatorio de que las luchas de género siguen siendo vigentes, y que cada reflexión, diálogo o acción en este año dedicado a ella debe también ser un acto de resistencia frente a la desigualdad.
La literatura fue el vehículo que Rosario utilizó para dar forma a sus ideas y exponer las heridas de un país que necesitaba mirarse al espejo. En sus libros, la palabra no es solo un medio de expresión, sino una herramienta de transformación social. Este 2025 nos invita a releer su obra con ojos frescos y corazones abiertos, para descubrir en sus páginas no solo la belleza del lenguaje, sino también el poder de la literatura como un acto de justicia, un grito feminista y una ventana hacia el cambio. En su centenario, Rosario Castellanos no solo es recordada: su voz, profunda y eterna, sigue resonando en cada rincón de México. Como si fuera un reflejo de su alma inquieta, la literatura de nuestra autora sigue iluminando senderos por donde muchos y muchas aún caminan, marcando el paso hacia un futuro donde, tal vez, la respuesta a la pregunta que ella misma se hacía encuentren nuevas respuestas en plumas jóvenes.
En este año, que es su año, que no solo un tributo a su legado, sino una oportunidad para reflexionar sobre la justicia como eje fundamental de su obra y pensamiento.
Como lo hemos venido afirmando, desde sus primeras letras, Castellanos denunció las desigualdades que fracturaban a la sociedad mexicana, especialmente hacia las comunidades indígenas y las mujeres. Su capacidad para retratar las estructuras de opresión con una mirada crítica y empática nos recuerda que la justicia no es un concepto abstracto, sino una acción concreta que exige reconocer a quienes históricamente han sido marginados. Que la justicia no es sólo palabra escrita, si no un modo de vida.
Este 2025 se convierte, así, en una invitación a continuar el trabajo que Rosario inició, impulsando un México más incluyente y equitativo.
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