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El precio del poder le cortó las alas

13 de febrero de 2025
in Opiniones
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez

REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez

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Convertir un paso seguro en una caja oscura, donde lo único que brilla es la publicidad, es un acto de magia… o de cinismo.

REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez

El poder tiene un precio. A veces es sutil, otras veces es descarado. Puede costar la dignidad, la razón, las formas, las buenas prácticas y hasta lo políticamente correcto. Quienes lo ostentan suelen descubrir que no hay poder sin costo, y que, en muchos casos, la factura no se paga en dinero, sino en favores, en silencios, en omisiones, en complicidades.

Algunos, cegados por la sed de mantenerse en la cumbre, se convierten en sirvientes de quienes los llevaron ahí. Y cuando el poder no ha sido propio, sino prestado, cuando no se ha construido con convicciones, sino con intereses ajenos, la servidumbre se vuelve vil.

El precio del poder coacciona, condiciona, tuerce. Se convierte en una deuda eterna que no se paga con voluntad ni con gestión, sino con sumisión. De ahí nacen decisiones que desafían la lógica, proyectos que no buscan el bien común sino el beneficio de unos pocos, estrategias que disfrazan intereses privados con discursos de bienestar colectivo.

PUENTES AL OPORTUNISMO, SEÑALES DE SUMISIÓN

Hay gobiernos que construyen puentes para conectar comunidades. Otros, al parecer, prefieren cubrirlos para ocultar realidades. Convertir un paso seguro en una caja oscura, donde lo único que brilla es la publicidad, es un acto de magia… o de cinismo.

Las señaléticas que deberían guiarnos se han transformado en anuncios. Ya no indican el camino, sino el patrocinador. La información vial es un lujo que cede su espacio a promociones y eventos de buen gusto para los cercanos al poder.

Y uno se pregunta, ¿acaso los ciudadanos importan menos que los clientes? ¿Las prioridades se imprimen en lona? ¿El derecho a transitar sin miedo se canjea por unos cuantos metros cuadrados de visibilidad publicitaria?

Así, la ciudad se convierte en un enorme espectro de intereses. Lo que antes servía para ubicarte, ahora te confunde. Lo que debía protegerte, ahora te oculta. Lo que debía ser una vía, ahora es una vitrina. Un puente ya no es un puente, es un muro de papel tapiz.

LA JAULA DE LOS FAVORES

Aquel que llega al poder no siempre gobierna. A veces, solo administra lo que otros le permiten. No siempre manda, sino que obedece a quienes le dieron el empujón inicial. No siempre decide, sino que cumple con los acuerdos previos que lo llevaron ahí.

¿Quién manda realmente? ¿Quién decide lo que se ve y lo que no? ¿Quién asigna los espacios y reparte los silencios? Hay quienes se jactan de ser la sombra detrás del trono, quienes vociferan ser “el otro gobierno”, los que rugen más fuerte en los pasillos del poder. Son ellos, los poderes fácticos, los que no respetan, los que coaccionan.

Porque en el juego del poder no importa la transparencia, sino la lealtad. No importa la legalidad, sino la utilidad. No importa la razón, sino la conveniencia. Y cuando el poder se vuelve rehén de intereses privados, la ciudadanía paga el precio.

ENTRE LA COMPLICIDAD Y LA RESISTENCIA

El poder y la prensa han danzado juntos desde siempre. A veces como aliados, a veces como enemigos. Pero cuando los medios dejan de cuestionar para convertirse en altavoces del oficialismo, el periodismo se vuelve otra moneda de cambio.

Chiapas ha sido testigo de la metamorfosis de los medios. De ser vigilantes de la realidad, algunos han pasado a ser cómplices de la narrativa del poder. Han cambiado la verdad por el aplauso, la crítica por la conveniencia, la independencia por la obediencia.

Ya no se disimula siquiera la afinidad política. Los espacios públicos se convierten en vitrinas privadas, los discursos en publirreportajes, la información en propaganda. La prensa que incomodaba se ha ido reduciendo, hasta quedar unos cuantos medios que aún se atreven a mirar con ojos críticos.

Pero el periodismo no se mide por la cantidad de seguidores ni por el volumen de anuncios. Se mide por su capacidad de ser un contrapeso, por su valentía para cuestionar, por su integridad para no venderse a la mejor oferta.

LA DIGNIDAD COMO ÚLTIMA FRONTERA

Querido presidente, ¿qué precio está pagando? ¿A quién le debe su lealtad? ¿Quién le nubla la razón?

Que no lo usen. Que no le vendan la idea de que los favores son eternos. Que no le hagan creer que su voz es propia si solo repite lo que otros dictan. Que no le impongan una servidumbre disfrazada de compromiso.

Porque el poder es efímero, pero la dignidad es lo único que queda cuando todo lo demás se ha ido.

Cordial saludo.

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