Las décadas de 1960 y 1970
La década de 1960 y los primeros años de 1970 fueron de consolidación para Rosario, quien ya contaba con prestigio y una trayectoria sólida. Durante este periodo, continuó publicando obras de gran relevancia.
Por su destacada labor literaria, recibió múltiples reconocimientos de diversas instituciones, entre ellos el Premio Xavier Villaurrutia en 1960, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por Oficio de tinieblas en 1962, el Premio Carlos Trouyet de Letras en 1967 y el Premio Elías Sourasky de Letras en 1972.
En 1971 fue nombrada embajadora de México en Israel, durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez y con Emilio Óscar Rabasa Mishkin como secretario de Relaciones Exteriores. Además de sus funciones diplomáticas, impartió clases en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En Tel Aviv, a los 49 años, perdió la vida en un accidente doméstico.
Entre sus obras más destacadas se encuentra el poemario Lívida luz, editado por la UNAM en 1960, que reúne veintiún poemas en los que trasciende la expresión de emociones íntimas para abordar temas sociales. Este libro incluye el célebre poema Destino, que inicia con los versos:
“Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.”
En ese mismo año publica La novela mexicana contemporánea y su valor testimonial, México: Instituto Nacional de la Juventud, en donde señala que la novela ha sido un medio muy importante para retratar la realidad del país.
En 1966, la Universidad Veracruzana publicó Juicios sumarios, una recopilación de ensayos escritos en los dos años previos.
En 1969, la UNAM editó su poemario Materia memorable, que reúne treinta poemas, entre ellos Recordatorio, Encargo y Parábola de la inconsciente. Ese mismo año publicó En la tierra de en medio, obra que incluye los poemas Bella dama sin piedad, Elegía, Malinche, Memorial de Tlatelolco, Autorretrato, Se habla de Gabriel, Economía doméstica y Poesía no eres tú.
En 1971, la editorial Joaquín Mortiz publicó Álbum de familia, un conjunto de cuatro narraciones en las que aborda la condición de la mujer mexicana.
En 1972, el Fondo de Cultura Económica, dentro de la colección Letras Mexicanas, publicó Poesía no eres tú, una antología que reúne su obra poética escrita entre 1948 y 1971, permitiendo una visión panorámica de su producción literaria.
Una de sus obras más representativas es, sin duda, Mujer que sabe latín, un libro de ensayos publicado en 1973 por la Secretaría de Educación Pública dentro de la Serie SepSetentas (número 83).
Tras su trágico fallecimiento, se publicaron varios de sus trabajos inéditos. En 1975 vio la luz El eterno femenino, obra dramática en tres actos que explora la condición de la mujer en México.
Ese mismo año, la SEP publicó El mar y sus pescaditos, un conjunto de ensayos sobre literatura, dentro de la Serie SepSetentas (número 189).
Otras obras póstumas son:
- El uso de la palabra, México: Excélsior, 1994
- Cartas a Ricardo (1996, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), recopilación de las cartas enviadas a su esposo, que revelan aspectos íntimos de su vida.
- Ritos de iniciación (1997, Alfaguara), novela escrita en 1965 que Rosario nunca quiso publicar en vida.
- Declaración de fe. Reflexiones sobre la situación de la mujer en México, México: Alfaguara, 1997
- Mujer de palabras. Artículos rescatados de Rosario Castellanos, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2004, Tres volúmenes.
- Cartas encontradas (1966-1974), (2017, Fondo de Cultura Económica), correspondencia entre Rosario y Raúl Ortiz.
Ahora hagamos un bosquejo de lo que ocurría en esos años en nuestro país y, en particular, en la Ciudad de México.
Durante la década de 1960, México experimentó un notable crecimiento económico con baja inflación, fenómeno conocido como el “Milagro mexicano”. Este periodo favoreció la consolidación de la clase media y la modernización urbana. Sin embargo, también fue una época de contrastes, marcada por logros como la construcción del Metro y la celebración de los Juegos Olímpicos de 1968, pero también por la tragedia de la matanza de Tlatelolco.
En el ámbito cultural, la revolución sexual y el movimiento hippie desafiaron las normas tradicionales, mientras que el Estado impulsó el cosmopolitismo con la creación de museos y espacios culturales. No obstante, este enfoque elitista marginó a la cultura popular. En el arte, se vivió una tensión entre el nacionalismo y las nuevas vanguardias, con el auge del expresionismo abstracto y el arte pop. Paralelamente, el gobierno promovía una apertura cultural para contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana.
Si bien México alcanzó un auge cultural y cosmopolita, simbolizado por los Juegos Olímpicos de 1968, la represión del movimiento estudiantil evidenció las contradicciones de la modernidad en el país.
Dos sucesos marcaron profundamente a nuestra literata en la década de 1960.
El primero fue la renuncia del doctor Ignacio Chávez como rector de la UNAM en 1966, resultado de una crisis universitaria provocada por reformas que buscaban disciplinar la asistencia estudiantil y exigir mayor responsabilidad a los docentes. Su salida estuvo marcada por la hostilidad de algunos sectores estudiantiles, en especial de la Facultad de Derecho, y por la indiferencia del presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien se negó a intervenir.
Este episodio simboliza la tensión entre la autonomía universitaria y la injerencia del Estado en la educación. La UNAM, tradicionalmente un espacio de libertad intelectual, se vio envuelta en un conflicto donde la modernización de su estructura chocó con la resistencia de estudiantes y actores políticos. Chávez, un académico respetado, se convirtió en víctima de una crisis que trascendió lo meramente administrativo y reflejó una época de agitación social y política en México.
Rosario Castellanos, testigo indirecto de estos acontecimientos, los vivió desde su faceta como escritora y profesora universitaria. En 1966, mientras era entrevistada por Emmanuel Carballo, la huelga universitaria estalló, manifestando la efervescencia de una comunidad estudiantil dividida entre la tradición y el cambio. Su sensibilidad ante los conflictos de poder y su preocupación por la educación como eje del desarrollo social la llevaron a reflexionar sobre los límites de la autoridad y la autonomía académica.
El segundo suceso, sin duda el más impactante, fue el movimiento estudiantil de 1968, que culminó en la brutal represión del 2 de octubre, con cientos de muertos, miles de heridos y detenidos. Castellanos da testimonio de estos hechos en su poema Memorial de Tlatelolco, un homenaje a las víctimas. Dividido en cuatro partes, el poema expresa su dolor e indignación ante la violencia del Estado y la impunidad de los responsables. A través de una denuncia feroz contra la censura y la represión oficial, la autora enfatiza la memoria como única prueba del crimen y hace un llamado a recordar y exigir justicia.
Bibliografía
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Betancourt Cid, Carlos. México contemporáneo (cronología 1968-2000). Secretaría de Educación Pública, INERM, 2012.
Poesía no eres tú, obra poética 1948-1971. Fondo de Cultura Económica, Colección Letras Mexicanas, 1972. México.
Vergara, Gloria. Identidad y memoria en las poetas mexicanas del siglo XX. Universidad Iberoamericana, 2007. México, D.F.
En la Torre de Rectoría con Carlos Valdés, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco, Alberto Dallal y Juan García Ponce. (Gaceta, UNAM, Ago 5, 2024)