Hoy, más que nunca, es fundamental proteger la legitimidad de esta lucha y evitar que sea utilizada para fines mezquinos.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
El 8 de marzo es un día de reivindicación, de memoria y de lucha. Es un día para recordar la valentía de las mujeres que han exigido igualdad y justicia en un mundo que, a lo largo de la historia, ha sido profundamente injusto con ellas. Pero también es un día para alertar sobre los riesgos de la manipulación, sobre los intereses mezquinos que buscan apropiarse de esta lucha y usarla como moneda de cambio en disputas ajenas a su causa legítima.
En cada conmemoración del Día Internacional de la Mujer, vemos cómo distintas voces se suman a las exigencias de equidad, justicia y seguridad. Algunas lo hacen con honestidad, con la convicción de que es posible transformar las estructuras que perpetúan la violencia y la desigualdad. Otras, en cambio, lo hacen con fines políticos, oportunistas o incluso revanchistas, desvirtuando el propósito original de este movimiento.
La lucha de las mujeres no puede ser usada para golpear adversarios, para chantajear figuras públicas o para imponer agendas personales. Cuando se abusa del derecho a la denuncia y se convierte en un mecanismo de presión arbitrario, no solo se traiciona el sentido de esta lucha, sino que se le resta legitimidad a las denuncias reales, a aquellas que buscan justicia y reparación genuina.
LOS LÍMITES DE LA DENUNCIA PÚBLICA
En los últimos años, hemos visto cómo los llamados “tendederos del acoso” han cobrado fuerza en universidades e instituciones, generando un espacio para visibilizar casos de violencia y hostigamiento que de otro modo quedarían en el silencio. Son un recurso legítimo cuando las vías institucionales han fallado, cuando las víctimas han sido ignoradas y cuando la impunidad ha sido la única respuesta. Pero, ¿qué pasa cuando estos espacios son utilizados de manera irresponsable?
Exponer nombres sin pruebas, sin un debido proceso, sin la posibilidad de defenderse, puede destruir reputaciones sin fundamento. La denuncia pública tiene un valor innegable cuando se ha agotado la vía legal, cuando el sistema ha fallado, cuando la impunidad se impone. Pero debe ir acompañada de rigor, de responsabilidad, de la certeza de que no se está usando como un arma de conveniencia.
La verdadera justicia no se construye en la plaza pública sin sustento ni pruebas, sino en el fortalecimiento de los mecanismos institucionales. Si las autoridades no cumplen, la presión social y mediática es una herramienta valiosa. Pero si la denuncia se queda en lo efímero, en lo viral, en la condena digital sin acciones reales, ¿qué tanto se avanza en la erradicación de la violencia?
LA LUCHA LEGÍTIMA Y LA MANIPULACIÓN INTERESADA
El 8 de marzo es una fecha emblemática para el movimiento feminista, un día en que las mujeres de todo el mundo alzan la voz para exigir igualdad, justicia y el fin de la violencia de género. Sin embargo, en Chiapas, esta lucha parece estar siendo utilizada con fines ajenos a su propósito legítimo.
Un audio filtrado ha evidenciado cómo ciertas personas, bajo el discurso del feminismo, promueven una estrategia de presión contra Miguel Ángel de los Santos Cruz, director de la Facultad de Derecho de la UNACH y aspirante a Magistrado del Poder Judicial Federal. En la grabación, una mujer instruye a estudiantes universitarias para lanzar una ofensiva en su contra, sugiriendo aprovechar la coyuntura del 8M para golpearlo mediáticamente.
“Aprovechen su talón de Aquiles para pegarle ahorita y para amansarlo. Al menos para que se docilice y puedan usarlo y sacarle todo lo que puedan ahorita”, se escucha en el audio.
El contenido de la grabación no solo expone una posible campaña de desprestigio, sino que también pone sobre la mesa una problemática mayor: la manipulación de las causas sociales con fines personales o políticos.
NO ENSUCIAR UNA CAUSA LEGÍTIMA
El 8M no es un día de simulaciones ni de oportunismos. No es un escenario para que figuras políticas se cuelguen de una causa sin comprometerse realmente con ella. No es un pretexto para manipular narrativas ni para hacer de la justicia un espectáculo. Es un día de memoria, de exigencia, de transformación social.
Honremos la lucha con integridad. Defendamos las causas justas con honestidad. Y no permitamos que quienes buscan su propio beneficio desvirtúen la fuerza de un movimiento que pertenece a todas las mujeres.
HONRAR LA LUCHA CON INTEGRIDAD
Simone de Beauvoir advirtió que “bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados”. Hoy, más que nunca, es fundamental proteger la legitimidad de esta lucha y evitar que sea utilizada para fines mezquinos. No se trata de callar denuncias, sino de darles el cauce adecuado para que la justicia no dependa del ruido, sino de la verdad. El feminismo no necesita manipulaciones ni oportunismos; necesita coherencia, compromiso y una voluntad real de cambio.
Cordial saludo


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