La expectativa no es si habrá un corte de caja para los malos funcionarios, sino cuándo y con qué contundencia llegará.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
El poder no se trata solo de gobernar, sino de comunicar. Y en política, lo que se dice es tan importante como lo que no se dice. Conmemorando sus primeros 100 días al frente de Chiapas, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar dejó claro que su administración no es un espectáculo de luces y sombras: hay quienes brillan y quienes se apagan, hay aplausos y advertencias. Entre saludos, gestos y omisiones, el evento se convirtió en una radiografía del actual tablero político del estado.
DE LOS QUE BRILLARON
Si algo quedó claro en la noche del informe, es que hay figuras que siguen proyectando fuerza y otras que, aunque no ocupan cargos actuales de gran peso, gozan del favor de la gente. Tal es el caso de Roberto Albores Gleason, excandidato a la gubernatura, quien fue la revelación de la velada. Su llegada no fue ostentosa, pero la reacción del público sí lo fue. Todos querían una foto con él, todos le saludaban con entusiasmo. En un escenario donde algunos intentaban recuperar su brillo, Albores Gleason no necesitó forzar su momento: el momento lo encontró a él.
LOS QUE SE ESTRELLARON
Mientras algunos caminaban con paso firme entre los asistentes, otros parecían arrastrar el peso de su pasado. José Manuel Cruz Castellanos, senador y exsecretario de Salud, fue un claro ejemplo. Llegó solo, sin el séquito que antes lo rodeaba, sin los acompañantes que en otro tiempo se movían por coacción y no por convicción. Para alguien que solía ubicarse en la primera fila, verse relegado a la tercera fue una imagen contundente: ya no tiene el mismo peso, ya no tiene el mismo poder. Su legado en la Secretaría de Salud está manchado por acusaciones y cuestionamientos, y aunque aún ostenta un escaño en el Senado, la realidad es que su margen de maniobra se ha reducido considerablemente.
Caso similar fue el de Sasil de León Villard, quien tampoco ocupó un lugar de privilegio y, para colmo, su fotógrafo no pudo ingresar por no registrarse a tiempo. En política, esos detalles importan, porque si antes le abrían las puertas sin preguntar, ahora ni siquiera le hacen concesiones básicas. ¿Un descuido o un mensaje de que ya no juega en la misma liga? Su distanciamiento del poder central en Chiapas es evidente, y el mensaje es claro: su influencia está en entredicho.
LAS SEÑALES DEL PODER
Más allá de lo que se vio en el evento público, hay relatos que circulan en voz baja sobre una reunión posterior, mucho más exclusiva. Un encuentro discreto donde solo los funcionarios más cercanos fueron convocados. Un espacio más privado, lejos de los reflectores y de los discursos, donde el verdadero termómetro del poder se hizo evidente.
Quienes estuvieron ahí cuentan que el gobernador Ramírez Aguilar no perdió la oportunidad de hacer sentir su presencia y dejar mensajes claros. No hubo micrófonos ni declaraciones oficiales, pero sí saludos estratégicos, apretones de mano con significados distintos y conversaciones que, en política, dicen más que cualquier discurso. Para algunos, sonrisas y palmadas en la espalda; para otros, un recordatorio de que los compromisos con Chiapas no son opcionales.
Uno de los casos más comentados fue el de Leonardo León, quien, lejos del protocolo del informe, habría recibido un mensaje contundente sobre su gestión al frente del CONALEP y su trato con el sindicato. No fue un simple comentario, sino una señal de que las quejas han llegado a niveles altos y que la paciencia no es infinita.
100 días, 100 señales y una ruta clara
El informe de los primeros 100 días de gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar no fue solo un recuento de acciones, sino una declaración de principios y una hoja de ruta. Con un mensaje firme, ha marcado el rumbo de su administración, dejando claro que la renovación y la disciplina política serán ejes fundamentales.
Estos primeros meses han servido para medir fuerzas, consolidar alianzas y ajustar estrategias. Pero la verdadera transformación se consolidará con hechos. El gobernador ha dejado en claro que no hay espacio para la simulación y que su compromiso con Chiapas va más allá de discursos. La expectativa no es si habrá un corte de caja para los malos funcionarios, sino cuándo y con qué contundencia llegará.
Los aplausos pueden ser efímeros, las advertencias pueden ser lecciones y, en la política chiapaneca, la permanencia no está garantizada para nadie. Este gobierno se medirá no solo por sus intenciones, sino por los resultados que entregue. Y en eso, el gobernador ha dejado claro que no habrá margen para el titubeo.
LA PUGNA EN LAS SOMBRAS
Pocos hablan de las rivalidades internas que hierven dentro del gobierno, de los forcejeos constantes entre titulares, subsecretarios y cualquiera que se haga llamar “hombre o mujer del gobernador”. Las lealtades se ponen a prueba todos los días y, en algunas dependencias, las diferencias no solo son políticas, sino personales.
se convierte en una batalla de egos, de influencias y de padrinazgos. El verdadero enemigo de algunos funcionarios no es la oposición, sino el colega del escritorio de al lado. Mientras unos intentan consolidarse, otros maniobran para no ser desplazados. Las recomendaciones, los favores y la cercanía con la figura del gobernador se vuelven moneda de cambio en un ajedrez donde cada movimiento puede costar caro.
Si algo ha quedado claro en estos primeros 100 días, es que su visión de gobierno exige más que solo control político; requiere unidad, disciplina y un profundo sentido de servicio a la gente. El gobernador ha demostrado una visión humanista en su toma de decisiones, y ese debería ser el faro que guíe a cada uno de sus colaboradores. Porque gobernar no solo implica ejercer el poder, sino saberlo distribuir con justicia, eficiencia y responsabilidad.
Cordial saludo.
