“El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre: se llama cultura", Rosario Castellanos.
CULTURA/Marco Antonio Orozco Zuarth
En la sexta entrega de estos ensayos, comentamos que el 23 de junio de 1950, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, se aprobó por unanimidad la tesis de Rosario Castellanos para obtener el grado de maestra en Filosofía. En aquel momento, Castellanos tenía 25 años y comenzaba a consolidarse como una de las intelectuales más destacadas de su generación.
En este trabajo, Rosario se pregunta: ¿Existe una cultura femenina? En uno de sus fragmentos más reveladores, expone el machismo imperante en la sociedad:
“El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre: se llama cultura. Sus habitantes son todos ellos del sexo masculino. Ellos se llaman a sí mismos hombres y humanidad a su facultad de residir en el mundo de la cultura y de aclimatarse en él. Si le pregunto a uno de esos hombres qué es lo que hacen él y todos sus demás compañeros en ese mundo, me contestará que muchas cosas: libros, cuadros, estatuas, sinfonías, aparatos, fórmulas, dioses […]. Ahora, si le pido permiso para entrar, me lo negará. Ni yo ni ninguna mujer tenemos nada que hacer allí.”
Esta reflexión la lleva a cuestionar: ¿Cómo es que existen libros, pinturas, estatuas o creaciones de mujeres? ¿Cómo lograron introducir su “contrabando” en fronteras tan celosamente vigiladas? Pero, sobre todo, ¿qué fue lo que las impulsó de modo tan irresistible a arriesgarse a ser contrabandistas?
Con este planteamiento, Rosario Castellanos se consolida como una pionera intelectual del feminismo en México. Su postura va más allá de la simple denuncia; en lugar de asumir una posición de victimismo, propone la emancipación de la mujer a través de la responsabilidad sobre su propia vida y el reconocimiento de su capacidad para destacar en cualquier ámbito del conocimiento y la cultura.
Cabe destacar que esta tesis fue aprobada tres años antes de que las mujeres en México obtuvieran el derecho al voto y sin que hubiera tenido acceso a la obra de Simone de Beauvoir, especialmente El segundo sexo, texto fundamental del feminismo. No obstante, su trabajo ya anticipaba muchas de las reflexiones que Beauvoir formularía sobre la condición femenina.
Esta tesis es una obra fundamental en donde se define la obra de nuestra autora que daría fruto en varias más que iremos analizando. Fue editada en 1950 por América. Revista Antológica, aunque en su momento tuvo una difusión limitada. No fue sino hasta 2005 cuando el Fondo de Cultura Económica reeditó la obra dentro de la Colección Letras Mexicanas (número 139), con un prólogo de la historiadora Gabriela Cano, lo que permitió un redescubrimiento y revalorización del texto.
Rosario Castellanos dedicó su tesis a su amiga de toda la vida, Dolores Castro, y la acompañó con un epígrafe del filósofo español Miguel de Unamuno, tomado de su ensayo Del sentimiento trágico de la vida. Este epígrafe refuerza la justificación de su obra, aludiendo a la crisis existencial del ser humano y su lucha por encontrar un significado en la cultura y el pensamiento. Con ello, legitima su exploración filosófica, que no se apega estrictamente a los temas tradicionales de la filosofía académica, sino que introduce la cuestión de la mujer como un problema filosófico fundamental para su estudio.
La tesis está estructurada en siete capítulos, y su pregunta central es: ¿Por qué las mujeres no han contribuido significativamente a la cultura? A partir de esta interrogante, Rosario analiza la situación histórica de la mujer, critica el pensamiento machista y androcéntrico en la filosofía y la literatura, y expone las barreras que han impedido su participación en la producción cultural.
En las próximas entregas, abordaremos el análisis de cada uno de los capítulos de esta obra. Comenzaremos con el prólogo de Gabriela Cano Ortega, doctora en Historia por la UNAM, miembro regular de la Academia Mexicana de Ciencias e investigadora de El Colegio de México.
En su prólogo, Gabriela Cano plantea lo siguiente:
El texto de Castellanos explica, cómo la cultura femenina ha sido ignorada o relegada en la historia occidental. Señala que, desde tiempos remotos, las mujeres han enfrentado dificultades para expresarse y ser reconocidas en el mundo del arte y la literatura. Este problema es abordado también en el ensayo Una habitación propia, de Virginia Woolf, donde se discute lo complicado que resulta para una mujer escribir y pensar libremente en una sociedad dominada por hombres.
Además, Cano destaca la existencia de una tradición en América Latina de los “ensayos de género”, escritos mayormente por mujeres que cuestionan el control masculino sobre la historia y la cultura. Estos ensayos buscan evidenciar la situación de las mujeres en la sociedad y combatir la idea de que solo los hombres tienen la capacidad de crear cultura y dejar un legado.
Rosario también relata su propia experiencia al enfrentarse a la escritura filosófica. Aunque poseía gran talento, encontró el lenguaje filosófico tradicional inaccesible y descubrió que entendía mejor las ideas a través de imágenes y metáforas, lo que la llevó a inclinarse hacia la poesía. Al escribir su tesis, se planteó una gran pregunta: ¿Cómo lograron algunas mujeres, desafiando los límites impuestos por una sociedad patriarcal, destacarse como escritoras, artistas, científicas y creadoras de cultura, mientras que muchas otras prefirieron mantenerse en el espacio doméstico?
La idea central de su reflexión es que, tradicionalmente, se ha considerado que la producción cultural es un medio masculino de trascendencia, mientras que a las mujeres se les ha asignado la maternidad como único camino hacia la inmortalidad. Sin embargo, Rosario desafía esta visión y argumenta que las mujeres tienen la capacidad de crear cultura por sí mismas y que no deben limitarse a roles predefinidos. Con el tiempo, su pensamiento evolucionó y, bajo la influencia de autoras como Simone de Beauvoir, reconoció que su concepto inicial de “cultura femenina” debía ser replanteado, abriendo paso a nuevas formas de comprender y valorar la contribución de las mujeres en el mundo cultural.
Rosario Castellanos, en su tesis plantea la hipótesis de que si ¿Existe una cultura femenina?, y en su desarrollo examina la marginación de las mujeres en la producción cultural y cómo algunas han logrado desafiar este sistema. Según Gabriela Cano, Rosario cuestiona la idea de que la trascendencia femenina se limite a la maternidad y reivindica su capacidad para crear cultura. Con el tiempo, su pensamiento evoluciona, dejando atrás la noción de una cultura exclusivamente femenina para enfocarse en la lucha contra la exclusión. Su obra sigue invitando a la reflexión sobre el papel de las mujeres en la historia y la necesidad de una cultura más equitativa.