Sin rodeos y con micrófono en mano, el gobernador exhibió errores, excesos y omisiones dentro de su administración. En 72 horas dejó claro que en Chiapas no habrá lugar para la simulación.
Realidad a sorbos/Eric Ordóñez
No sé si mis estudiantes tengan razón cuando dicen que “funar” es lo que ocurre cuando alguien, con todo y nombre, es exhibido públicamente por sus errores, abusos o hipocresías. Lo cierto es que si esa es la definición, entonces en Chiapas, el gobernador Eduardo Ramírez ha estado funando a su propia gente… y con micrófono en mano.
El gobernador de Chiapas no necesitó semanas ni discursos largos. Le bastaron 72 horas para dejar en claro que no está dispuesto a jugar a la política de los aplausos sin sustancia. En un solo fin de semana, Eduardo Ramírez Aguilar sacó la lupa, la voz y el tono. Señaló a su gabinete, puso en duda estructuras institucionales, exigió resultados y hasta soltó un comentario punzante —casi cómico— sobre los excesos en la seguridad de uno de sus propios colaboradores.
Lo que mis estudiantes hoy definen como “funar”, el gobernador lo ejecutó con cámaras, micrófonos y contexto. No se trató de berrinches ni caprichos, sino de observaciones con filo, sostenidas por hechos que ya se venían acumulando. Y es que a veces, para entender lo que pasa en Chiapas, basta observar lo que se dice entre líneas… o lo que se dice sin filtro.
“QUE NO ME MIENTAN”
La primera sacudida vino el viernes 30 de mayo. En un acto público, Ramírez Aguilar se fue directo contra el programa de alfabetización “Chiapas Puede”. Dijo, sin rodeos, que no tolerará simulaciones. Denunció irregularidades en el padrón y dejó caer una frase contundente: “Estoy pendiente de todo”. Una línea que vale por muchas.
No era una declaración al aire. Desde inicios de mayo, estudiantes de la carrera de Pedagogía en Tuxtla ya habían cuestionado el programa. Dijeron que “nació muerto”, que no tiene reglas claras ni estructura, que parece más una improvisación que una estrategia educativa real.
El destinatario indirecto de ese reclamo parece claro: el secretario de Educación, Roger Mandujano. Pero más allá de nombres, lo que quedó claro es que el gobernador no está dispuesto a ser cómplice del autoengaño. Y eso, en la política chiapaneca, no es poca cosa.
“VIENE MÁS PROTEGIDO…”
Luego, el domingo por la mañana, un instante inesperado ofreció otra postal para el archivo. En plena entrevista, Eduardo Ramírez notó el arribo aparatoso de camionetas y escoltas. Al descubrir que se trataba del dispositivo de seguridad del secretario de Seguridad Pública, Óscar Alberto Aparicio Avendaño, soltó una risa y disparó: “Viene más protegido que el gobernador”.
Fue una frase casual, pero cargada de intención. Porque no fue dicha en privado ni entre amigos, sino frente a los medios. ¿Ironía? ¿Crítica? ¿Ambas? En política, las bromas no siempre son inocentes. Y aquí, la pregunta es obligada: ¿qué sabe el gobernador que lo llevó a dejar esa impresión en voz alta?
¿Y EL RASTRO?
Y como si el fin de semana necesitara un cierre contundente, al mediodía del domingo, desde Comitán, el gobernador lanzó otro mensaje en forma de reproche. Exhibió el retraso en la construcción del rastro municipal. Y lo dijo claro: el dinero ya está, los recursos están listos, pero el municipio no ha iniciado el proyecto. “Estoy en los tiempos del municipio”, dijo, rematando con la mirada a Mario Antonio Guillén Domínguez, mejor conocido como “El Señor Fox”.
Aclaro, no son los primeros ‘funados’. La anterior fue el 13 de mayo, cuando en Ocosingo desestimó a “El Conta Gil” y lo acusó de pagar campañas sucias contra la presidenta municipal. Le calló la boca, literalmente, ante la audiencia.
No se trata de ajustar cuentas. Se trata de asumir el peso de la investidura y actuar como lo que se es: gobernador de Chiapas. Y en eso, Eduardo Ramírez está marcando un estilo.
YA NO HAY ESPEJOS
Es inevitable preguntarse: ¿por qué los funcionarios caen en el error de maquillar la realidad? ¿Por qué insisten en querer convencer al gobernador de que todo va bien cuando los hechos dicen lo contrario? ¿Creen que las viejas fórmulas del halago y el “todo marcha perfecto” siguen funcionando?
Esa época en la que los espejos eran considerados joyas, ya pasó. Y muchos todavía no lo entienden. Se siguen conduciendo como si bastara con mostrar gráficas bonitas y discursos elaborados para simular avances. Pero hoy, el reflector ya no está en el PowerPoint. Está en la calle. Y también en la expresión de un gobernador que no parece dispuesto a aplaudirle a quien no trabaja.
EL HOMBRE QUE INCOMODA
Es simpático ese hombre, el gobernador. Porque incomoda. Porque pone a sudar a su equipo. Porque no permite que los errores se escondan bajo alfombras de burocracia.
Porque desarma silencios y provoca, con un gesto o una palabra, una reacción.
No se trata de construir un mito. Se trata de valorar un estilo que, si se mantiene firme y honesto, puede hacer bien a Chiapas. Gobernar es saber incomodar, sobre todo cuando hay cosas que no están bien.
Y aunque duela, hay momentos en que es necesario “funar”. No para humillar, sino para corregir. No para castigar, sino para exigir.
Y OJALÁ NO PARE
Ojalá esto no sea flor de un fin de semana. Ojalá no se quede solo en momentos virales o frases para el recuerdo. Ojalá esta actitud de vigilancia, de incomodidad activa, se traduzca en cambios reales, en evaluaciones, en ajustes y —si es necesario— en despidos.
Porque lo que Chiapas necesita no es un gobernador que hable bonito, sino uno que escuche, cuestione y actúe.
Y si eso incomoda a más de uno, qué bueno. Que sigan sudando.
Cordial saludo.


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