La comunidad LGBTTTIQ+ resignificó la palabra “mampo” en el MamPride 2025, una marcha histórica que celebró la diversidad con Alejandra Bogue como ícono y la presencia inédita de un gobernador.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
“Mampo” era un insulto. En los pasillos de la primaria, en las bancas de la secundaria o en la plática de borrachos se usaba para señalar, burlar, herir. Según el Diccionario de Americanismos, describe a un hombre homosexual. En la calle, era sinónimo de burla. En la historia de muchos, fue una piedra arrojada para empujar a otros al silencio.
Pero en Chiapas, donde lo bueno y lo malo siempre encuentran forma de reinventarse, esa palabra hoy se hizo bandera. MamPride se llama la marcha que, con colores, música y convicción, resignifica la ofensa en emblema. Un recordatorio de que no todo se logra con leyes: “también hace falta dignidad.”

MIS RESERVAS
Lo admito: hubo un tiempo en que la marcha del orgullo no me representaba. No lo gritaba, pero lo pensaba. Tenía reservas: el desnudismo innecesario, la exageración que a veces termina por reforzar estereotipos, la idea de que se ridiculizaba una identidad que tanto costó defender.
Pero aprendí —y la vida enseña— que eso también es libertad. Que la libertad no es lineal ni se vive igual para todos. Que si uno elige marchar con pluma y lentejuela, o con traje y corbata, es su derecho. Que la marcha, en su forma más pura, es visibilizar sin pedir disculpas.
Desde el Cañón del Sumidero, donde la piedra sabe de resistencias y ecos, entendí que visibilizar es resistir. Allí, entre amigos, surgió un chiste que hoy me sigue pareciendo valioso: “Cada quien su machete, cada quien su frente de batalla”. Para nosotros, el abanico fue nuestro machete, símbolo ligero pero firme, arma contra la vergüenza.
UN EVENTO HISTÓRICO
Este MamPride 2025 superó todo cálculo. El parque central de Tuxtla lució abarrotado. Desde el mediodía hasta entrada la noche, miles caminaron con el corazón abierto y los pies firmes por la dignidad. Colores, risas, lágrimas, carteles que exigían respeto y justicia. Una protesta, sí, pero también una celebración.
Lo que hace de este año un capítulo especial no es solo la multitud. Es que, por primera vez, un gobernador de Chiapas incluyó la agenda LGBTQ+ en la conversación pública y, más aún, se hizo presente en la conmemoración. Eduardo Ramírez Aguilar no se limitó a un discurso correcto: abrazó la causa, miró a la plaza y, sin dobles lenguajes, dijo “estoy”. Para muchos, ese gesto es político; para otros, es humano. Para mí, es un parteaguas.

ALEJANDRA, LA BOGUE
Pero si algo elevó el MamPride este año fue la presencia de Alejandra Bogue. Quien alguna vez fuera motivo de chismes escondidos, risas a medias y crítica moralina, hoy es un ícono de la dignidad con lentejuela. Su sola presencia recordó que la diversidad en México tiene historia, rostro, voz y una dosis de glamour que incomoda a quien no tolera la libertad ajena.
La Bogue no solo vino a brillar en un escenario: vino a recordarnos que en Chiapas también cabemos todos. Que esta tierra, tan conservadora a ratos, sabe parir resistencias que florecen entre murmullos.

HUMOR QUE CRUZA
Y hablando de quienes rompen fronteras, imposible no mencionar a Gerardo Inostroza, un creador de Monterrey que la rompe en redes. Con humor ácido y cotidiano, visibiliza la realidad de la diversidad sexual, desmonta prejuicios y educa a carcajadas. Platicamos y coincidimos en lo increíble que es ver cómo su voz, grabada en un cuarto al norte, hoy resuena fuerte hasta el sur, aquí en Chiapas. Con Gera me queda pendiente bautizar el activismo que hace desde sus redes: humor que visibiliza, concientiza y defiende, todo a la vez. Un machete digital, pues.

APLAUSOS Y AUSENCIAS
Fuerte aplauso para quienes hicieron posible un evento impecable: organización, respeto, protesta y fiesta mezclados con inteligencia. Sí se puede, y se demostró. Pero en medio de los reflectores, también hubo ausencias notorias: personajes que se dicen “voz” de la comunidad, pero ni sus luces.
Caso emblemático: la diputada Sahara Munirá José Flores, cuñada de la senadora Sasil de León, autoproclamada representante LGBT+ en el Congreso de Chiapas. Quien habla fuerte en tribuna pero camina silenciosa cuando toca estar con la gente. La plaza no la vio, la causa tampoco. Se nota quién viene por convicción y quién solo cuelga la foto para las elecciones.

MAMPRIDE Y FUTURO
Marchar no es solo caminar por una calle pintada de arcoíris. Es gritar que aquí estamos, que no pedimos permiso para ser, amar y existir. Es convertir el insulto en amuleto, la burla en insignia, la herida en orgullo.
Hoy puedo decirlo sin reservas: la marcha sí me representa. No porque me identifique con cada lentejuela, sino porque me reconozco en la valentía de quien camina a plena luz del día y dice: “Soy yo, y nada me da vergüenza”.
Desde Chiapas, que aprendió a resignificar la palabra “mampo”, hoy alzamos la voz por un presente más digno, más libre y más humano. Que el amor, la empatía y la diversidad sigan abriéndose camino. Que cada quien cargue su machete —o su abanico— y defienda su frente de batalla como mejor le plazca.
Porque visibilizar, al final, es resistir.
NOTA DE AUTOR: Disfruté ver a familias completas viéndonos pasar. Un padre, una madre, de la mano de dos hijas, observaban con sonrisa, sin rastro de juicio, como si entendieran que este desfile no es espectáculo sino testimonio de que ser diferente no es pecado. Desde negocios y casas, la gente salía, tomaba fotos, aplaudía. Y pensar que, con unos treinta años menos, jamás me habría imaginado esta escena en Chiapas. También vi a generaciones de jóvenes, apenas rozando los veinte, acercarse con emoción a pedirle foto a La Bogue, como quien saluda a una pionera de la libertad. Ahí confirmé que, pese a todo, este estado sabe aplaudir cuando la dignidad pasa bailando frente a su puerta.
Cordial saludo.


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