La comunidad universitaria enfrenta el verdadero reto: honrar estos logros con calidad, ética y responsabilidad diaria.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
En Chiapas, la educación pública vive un momento que, más que aplausos, pide seriedad: la Universidad Autónoma de Chiapas, nuestra UNACH, es desde ahora Benemérita, mientras que la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, la UNICACH, recibió del Congreso local el visto bueno para su Autonomía Constitucional.
Pero, y aquí está el matiz, en el caso de la UNICACH aún falta un paso: dejar de ser considerada por la SEP como Universidad de Apoyo Solidario para convertirse oficialmente en Universidad Pública Estatal. Es decir, sí… pero todavía no. Un reconocimiento que es histórico, sí, pero que exige gestión, coherencia y oficio para cristalizarse completamente.
Como docente de la UNACH, lo escribo con respeto y con orgullo genuino: ser Benemérita no es un adorno de aniversario ni un escudo para discursos de rectoría; es una vara más alta para todos. Y ser Autónoma, como aspira y merece la UNICACH, es un logro político que debe traducirse en independencia real de gestión, no en un papel más para colgar en la sala de juntas.
Para las dos, el reto es enorme. Con o sin título nuevo, con o sin decreto federal, el desafío es interno: mejorar la calidad educativa, profesionalizar a fondo al personal docente, limpiar inercias burocráticas, blindarse de compadrazgos. Ser mejor, no solo parecerlo.
Porque si la UNICACH logra completar este último paso ante la SEP, Chiapas tendrá dos universidades que no podrán culpar a nadie fuera cuando algo salga mal. La autonomía exige congruencia: saber administrar presupuesto sin pretextos, saber elegir autoridades con altura de miras, saber defenderse de la tentación política sin prostituir su esencia.
El mensaje vale igual para adentro: los sindicatos. Hoy más que nunca deben entender que estos títulos obligan a abandonar prácticas de protección de aviadores y cuotas heredadas. Se acabó el sindicato de compadritos; hace falta uno de académicos serios, que vigile plazas, respalde méritos y denuncie abusos de verdad. El prestigio institucional comienza en las aulas, pero también en los pasillos de las oficinas sindicales.
Benemérita o Autónoma, la universidad pública chiapaneca debe aspirar a formar profesionales críticos, científicos comprometidos y ciudadanos libres. No clientelas ni rehenes de rectores ni líderes de sindicato. Esta debe ser la verdadera Nueva Era que todos invocan.
Hoy toca celebrar, pero celebrar con el ceño fruncido de la responsabilidad. Porque ningún decreto ni aval sustituye el trabajo diario que ocurre en un salón de clases, en un laboratorio, en una tesis bien dirigida o en un maestro bien capacitado.
Que la UNACH, Benemérita. Que la UNICACH, Autónoma… o casi. Lo cierto es que a ambas les toca lo más difícil: demostrar que el título no se desgasta en la placa dorada, sino que se renueva cada día en la confianza de sus alumnos y la credibilidad de su comunidad.
A quienes trabajamos dentro nos toca recordarlo. A quienes están afuera, exigirlo.
Cordial saludo.


Discussion about this post