Cuando el liderazgo sí transforma
Carlos Serrano/Ultimátum
Mientras Tuxtla Gutiérrez enfrenta cada año los embates de la temporada de lluvias, agravados por el abandono urbano, la falta de mantenimiento, planeación y la indiferencia de sus autoridades municipales, el Gobierno del Estado ha tomado cartas en el asunto y no de forma aislada ni improvisada, sino con un liderazgo firme, articulador y visionario. A través de las secretarías de Infraestructura y de Protección Civil, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar puso en marcha una campaña sin precedentes que ha comenzado a marcar un antes y un después en la capital chiapaneca: “Ciudad Digna ¡Más limpia! ¡Más segura!”.
Con base en un diagnóstico técnico de la Secretaría de Protección Civil del Estado, se identificaron 28 puntos críticos donde, año tras año, las lluvias provocan severos encharcamientos e incluso inundaciones. Lejos de evadir responsabilidades que no son directamente del ámbito estatal, Eduardo Ramírez contó con el respaldo de 18 colegios de profesionistas, cámaras y asociaciones del sector de la construcción para sumar esfuerzos en una gran jornada de limpieza, cuya respuesta fue inmediata y contundente.
Con maquinaria pesada, volteos, herramientas especializadas y cuadrillas de colaboradores, las empresas de estos organismos llevaron a cabo la recolección de cerca de mil 200 metros cúbicos de material pétreo y escombro –el equivalente a unas 2 mil toneladas, movilizadas en aproximadamente 100 acarreos. Todo ese volumen fue retirado responsablemente y depositado en sitios autorizados para su disposición final.
Las colonias beneficiadas –entre ellas Jardín Corona, Fovisste II, Bonampak, Potinaspak, Terán, Las Palmas y muchas más– recibieron por fin una atención que simplemente no llegó desde el Ayuntamiento. A nueve meses de asumir el cargo, el presidente municipal Ángel Torres se ha mantenido como una figura pasiva, ajena a las necesidades más básicas de los tuxtlecos, y completamente rebasado por los problemas de la ciudad. Su gestión, hasta ahora, ha sido invisible.
En cambio, el gobernador ha demostrado que con voluntad política, planeación estratégica y participación ciudadana sí es posible transformar la capital. Esta jornada de limpieza no solo resolvió una problemática concreta, también mostró cómo el trabajo colaborativo entre sociedad, gobierno y el sector productivo puede generar un impacto inmediato y positivo.
Pero el alcance de esta iniciativa va más allá de Tuxtla. Tal como lo instruyó Eduardo Ramírez, esta campaña se extenderá a otros municipios. De hecho, Tapachula ya fue el segundo en sumarse a esta cruzada por ciudades más limpias, seguras y dignas. Además, en los próximos días se lanzará una convocatoria a todos los alcaldes de Chiapas para que repliquen esta experiencia en sus municipios. Y como incentivo, el municipio que realice la mejor intervención será premiado con una bolsa de 5 millones de pesos para destinarlos a obras de beneficio colectivo.
No se trata solamente de limpiar calles, sino de limpiar inercias. De activar a gobiernos locales que permanecen inertes y demostrar que la gobernabilidad no se ejerce con discursos, sino con hechos tangibles, porque la ciudadanía está harta de simulaciones y este tipo de acciones reafirman que el verdadero liderazgo se construye desde el territorio, con soluciones, resultados y visión de futuro.
Eduardo Ramírez ha entendido algo que es fundamental, que gobernar no es esperar a que las cosas se arreglen solas, ni repartir culpas, es actuar con determinación, sumar voluntades y crear puentes entre sectores que, al unirse, pueden cambiar realidades. Su liderazgo no solo está limpiando calles, está limpiando también el camino hacia una nueva ERA de hacer política en Chiapas: más cercana, más eficiente y más digna.

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