Mesa de Paz Chiapas: referente a nivel nacional
Francisco Álvarez Sanen/Ultimátum
Las Mesas de Paz —antes llamadas Mesas de Coordinación para la Construcción de la Paz y la Seguridad— son una de las herencias más valiosas que el gobierno encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador legó a la actual administración de la doctora Claudia Sheinbaum.
Concebidas originalmente para que la Secretaría del Bienestar, a través de los programas sociales, coordinara la estrategia de prevención, estas mesas han evolucionado en siete años, adaptándose a la compleja realidad de México y sus entidades. Gracias a ello, se han consolidado como un eje rector —aunque discreto— de la coordinación entre los tres niveles de gobierno. Hoy dependen de la SEGOB federal y tienen un enfoque preventivo pero ejecutivo, adaptado a 7 años de gobierno y de resultados con tendencias a la baja en delitos de alto impacto.
En el caso de Chiapas, esta estrategia es el pilar principal de prevención y seguridad. El gobernador, Dr. Eduardo Ramírez Aguilar, encabeza todos los días estas reuniones sin parafernalia y de manera puntual, lo que lo ha colocado, según datos de la Secretaría de Gobernación, como el mandatario con mayor asistencia y participación a nivel nacional. Este dato podría parecer menor si no se acompañara de resultados visibles; sin embargo, tras un periodo difícil de inseguridad y zozobra, hoy la percepción entre las y los chiapanecos es de mayor confianza y certidumbre.
La Mesa de Paz de Chiapas se ha convertido, gracias a la voluntad política, en una de las más eficientes y honestas en su diseño de coordinación total para obtener resultados en materia de prevención y combate a la inseguridad. En otros tiempos, aunque la puntualidad estaba presente, estas reuniones eran utilizadas para anunciar lluvias, no para resolver los problemas de fondo.
En todo el estado, las Mesas de Paz se replican, adaptándose a las necesidades y realidades de cada región. Chiapas, por su amplitud y diversidad, requiere estrategias diferenciadas. Por ello, el éxito de esta política no depende exclusivamente del gobernador. También recae en los ejecutivos municipales, quienes, por su carácter de representantes populares, tienen la obligación de participar puntualmente y diseñar estrategias locales acordes a sus municipios.
La responsabilidad de construir paz es compartida. Se trata de asumir con seriedad el mandato del pueblo y hacer que esta coordinación básica permee de manera transversal en todos los segmentos del gobierno. El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar pone el ejemplo cada día, encabezando con convicción y transmitiendo un mensaje claro: la paz se construye entre todos y con todos.
Las y los presidentes municipales que resultaron electos y les corresponde gobernar en esta Nueva Era tienen la misma responsabilidad: integrarse sin excusas a esta estrategia fundamental.
Aunque aún es un reto lograr que todos los ejecutivos municipales se involucren de manera activa, el ejemplo arrastra. La legitimidad política del gobernador Eduardo Ramírez ha sido clave para que quienes inicialmente pensaban que gobernar un municipio se limitaba a ejercer poder sin asumir responsabilidades, hoy entiendan la magnitud de su deber.
Muchos pensaron que la energía del gobernador se diluiría tras los primeros 100 días de gobierno, y que con el tiempo se relajaría la estrategia. Sin embargo, para sorpresa de muchos —especialmente de quienes no lo conocen de cerca—, no solo continúa, sino que se ha reforzado, se ha perfeccionado y se ha convertido en la bandera central de un gobierno que, al obtener la votación más alta en la historia electoral de Chiapas, asume su legitimidad devolviéndole a la ciudadanía la tranquilidad perdida y la confianza que había sido defraudada por los malos gobiernos.