Este diplomado reunió a militantes, académicas, líderes comunitarias y activistas con una convicción clara: que la participación política de las mujeres es un derecho, no un favor.
Lo que no se nombra, no existe/Gely Pacheco
En Chiapas, hablar de liderazgo político femenino no es un gesto de cortesía institucional: sigue siendo una urgencia histórica. Durante generaciones, las mujeres hemos transitado un camino marcado por desigualdades profundas, discriminación normalizada y una exclusión sistemática de los espacios donde se toman las decisiones. Por eso, cuando nacen iniciativas como el Diplomado en Formación de Liderazgos Políticos para Mujeres en el Estado de Chiapas, impulsado por el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) y la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), no solo celebramos su existencia: reconocemos su necesidad.
Formarnos políticamente nunca ha sido nada sencillo, a las mujeres nos atraviesan dobles o triples jornadas: salir del trabajo para hacerse cargo de hijas e hijos, atender a la madre adulta mayor, las mascotas, la casa; y otras mujeres tienen que lidiar con la brecha digital que a veces es una oportunidad que te facilita la existencia o un obstáculo; y en algunos otros municipios es un gran tema el acceso a los servicios de internet, electricidad, computadora o transporte accesible para llegar a una sesión. Aun así, ahí estaban: 45 mujeres provenientes de 15 municipios, resistiendo el cansancio del viernes y el horario extendido de los sábados, demostrando que cuando una mujer quiere formarse, transformamos hasta el tiempo.
Este diplomado reunió a militantes, académicas, líderes comunitarias y activistas con una convicción clara: que la participación política de las mujeres es un derecho, no un favor. Sus módulos se abordaron desde la evolución del voto femenino y los derechos políticos hasta el liderazgo con perspectiva de género, la participación en espacios públicos, las candidaturas y el ejercicio del cargo. Y detrás de ese contenido había un dato que lo dice todo: 13 mujeres especialistas, feministas, activistas, investigadoras, funcionarias electorales y una experta de la CEDAW, sosteniendo el programa con saberes que nacen tanto de la academia como de la experiencia.
Pero lo más valioso de este proceso no fue solo el conocimiento, sino la red que se produce y se sostiene. Una red de mujeres diversas de pueblos originarios, urbanas, jóvenes, adultas, madres, profesionistas, trabajadoras, amas de casa; que encarnan la interseccionalidad que tanto nombramos: distintas historias, mismas desigualdades estructurales; porque cuando una mujer participa, no participa sola; lo hace cargando un territorio, una comunidad, una familia, una memoria colectiva.
Generar espacios exclusivos para mujeres no divide y no resta; al contrario: corrige. Nombra lo que fue borrado, crea condiciones de igualdad donde antes no las había y nos prepara para ocupar con fuerza, con datos, con argumentos y con voz, los espacios que por derecho nos pertenecen. La profesionalización feminista no es un lujo: es una estrategia para reducir la brecha de desigualdad y transformar de raíz las prácticas que históricamente nos han excluido.
Este diplomado es una muestra de lo que sucede cuando las instituciones creen en las mujeres y las mujeres creen en sí mismas: se fortalece la política, se fortalece la democracia y se fortalece Chiapas porque lo que no se nombra no existe, y hoy estamos nombrando nuestros liderazgos.
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