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La economía mexicana en 2026

5 de enero de 2026
in Opiniones
La economía mexicana en 2026
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COORDENADAS/Enrique Quintana

Hay cinco vertientes  que conviene  tener en el radar.  La primera es la  revisión del T-MEC. 

¿Qué nos depara el 2026  en materia económica? En  un entorno tan volátil como  el actual, quien asegure tener  respuestas definitivas merece,  cuando menos, escepticismo. 

La incertidumbre es demasiado  alta. Pero eso no impide  identificar los factores  que más pueden influir en el  desempeño económico del  país durante el año que comienza.  Hay cinco vertientes  que conviene tener en el radar.

 La primera es la revisión  del T-MEC. No se trata de  una negociación comercial  más, sino de la principal ancla  del corto y del largo plazo  para la economía mexicana.  Lo relevante es que, pese al  discurso proteccionista y a la  imposición de aranceles en  diversos frentes, el comercio  entre México y Estados Unidos  no solo se ha mantenido,  sino que ha alcanzado nuevos  máximos.

 Las cadenas productivas  están tan integradas que los  flujos no se han interrumpido  de manera significativa, y  el trato arancelario preferencial  ha marcado una diferencia  clara frente a otros países.  Sin embargo, la revisión del  tratado que ocurrirá este año  definirá reglas, certidumbre  y expectativas para mucho  tiempo hacia adelante. No  está en juego el crecimiento  de un trimestre o de un año,  sino la viabilidad del modelo  exportador que ha sostenido a  la economía durante décadas. 

El segundo eje es la restricción  fiscal, que seguirá  marcando los límites de la  política económica en 2026.  La consolidación de las finanzas  públicas reduce el  margen para usar el gasto  como palanca de crecimiento,  pero el foco de atención no  está solo en el balance general.  Pemex se mantiene como  la principal fuente latente de  inquietud fiscal. No solo por  sus necesidades recurrentes  de apoyo, sino por el peso de  sus pasivos, su débil desempeño  operativo y su condición  de mayor pasivo contingente  del Estado. 

Aun si otros componentes  del gasto están relativamente  contenidos, la petrolera  puede contaminar toda  la discusión fiscal y elevar la  percepción de riesgo soberano.  A ello se suma el bajo  crecimiento económico, que  puede descuadrar los cálculos  de recaudación y tensionar  aún más las finanzas  públicas, con consecuencias  que los mercados no suelen  perdonar. 

El tercer tema es la inflación,  cuyo control es condición  necesaria para que se  materialice un escenario de  nuevas reducciones de tasas  de interés. El consenso apunta  a que 2026 podría ser un  año de un par de recortes adicionales,  pero ese escenario  depende de que la inflación  no “dé la vuelta”. Mientras la  inflación subyacente se mantenga  bajo control, Banco de  México podría tener espacio  para relajar la postura monetaria.  Si reaparecen presiones  —en servicios, salarios o tipo  de cambio—, el ciclo de bajas  puede frenarse o incluso revertirse.  No es un debate técnico  menor: de ello dependen  el costo del crédito, la inversión  y el ritmo del consumo. 

El cuarto eje es la inversión  y la productividad, el  único motor capaz de elevar  de manera sostenida el crecimiento  potencial. El nearshoring  dejó de ser una promesa  retórica y solo será relevante  si los anuncios se traducen en  proyectos concretos. Infraestructura,  energía y certidumbre  regulatoria siguen siendo  condiciones indispensables.  Sin un repunte claro de la inversión  extranjera y nacional,  la economía puede crecer por  momentos, pero difícilmente  romperá el techo bajo que la  ha caracterizado en los últimos  años. 

Finalmente, está el mercado  laboral, donde comienza  a observarse una dicotomía  relevante. Por un lado, los  salarios reales pueden seguir  avanzando, impulsados por  los incrementos al salario mínimo  y su efecto de arrastre  sobre otros niveles salariales.  Por otro, el empleo formal ha  mostrado una desaceleración  clara.

El resultado puede ser  una economía con mejores  ingresos para quienes ya tienen  trabajo formal, pero con  menor capacidad de generar  nuevos empleos, lo que limita  la productividad y empuja a  más personas hacia la informalidad.  Estos cinco temas no agotan  la agenda económica, pero  delimitan el terreno sobre  el cual se moverá 2026. 

No será este un año de  inercia, sino de decisiones.  Las definiciones que se tomen  —o se posterguen— en  comercio, finanzas públicas,  política monetaria, inversión  y empleo marcarán no solo el  desempeño económico inmediato  sino el margen político  del gobierno para enfrentar  un entorno cada vez más exigente,  dentro y fuera del país. 

VENEZUELA 

Tres temas a seguir en el  caso de Venezuela y sus secuelas: 

1-¿Qué arreglo interno  alcanzará Estados Unidos  para asegurar una relativa  estabilidad tras la salida de  Maduro? 

2-La captura de Maduro,  ¿fue un desenlace o la primera  acción del ‘corolario Trump’  de la Doctrina Monroe? 

3-¿Cómo responderán  Rusia y China frente a la peculiar  interpetación del derecho  internacional hecha por  el gobierno de Trump? ¿Se  pueden justificar otras intervenciones?

 Hay mucho más. Lo comentaremos  en los siguientes  días. 

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