Tras la detención de directores y elementos de las policías municipales de Ocozocoautla, Jiquipilas y Cintalapa, y el consecuente encarcelamiento del hasta la semana pasada alcalde de este último municipio, Ernesto “Neto” Cruz Díaz, la alcaldesa Yanet Chiu trasciende que habría buscado cobijo en los más altos niveles de seguridad y justicia del estado.
Tarot Político/Amet Samayoa Arce
A reserva de entrar en breve al caso del alcalde de Ocozocoautla, Francisco Chambe, hoy el foco va sobre Yanet Chiu López, presidenta municipal de Jiquipilas, quien en medio del escándalo que sacudió a la región del Valle de Cintalapa, decidió ensayar una vieja fórmula: lavarse las manos como Poncio Pilatos. Tras la detención de directores y elementos de las policías municipales de Ocozocoautla, Jiquipilas y Cintalapa, y el consecuente encarcelamiento del hasta la semana pasada alcalde de este último municipio, Ernesto “Neto” Cruz Díaz, la alcaldesa Yanet Chiu trasciende que habría buscado cobijo en los más altos niveles de seguridad y justicia del estado. En contrapunto a lo que difundió en un video, se habla de otros datos. Aunque lo decimos con las reservas de Ley se comenta que buscó deslindarse, hablar largo y tendido y finalmente concluir que ella no tenía nada que ver con los mandos de su propia policía municipal, cuyos familiares trinan en su contra por la frescura con la que habla a pesar de que ya están libres y solo 2 mujeres policías quedaron en la cárcel. Se dice que argumentó, por decirlo suave, lo que raya en lo inverosímil. Que heredó la corporación del ex alcalde Hugo Lázaro “con todo y mañas”, que no pudo mover mandos ni nombrar gente de su confianza, responsable y honorable. Se trata de una narrativa que pretende construir la imagen de una presidenta municipal rehén de su propio ayuntamiento, víctima, no autoridad.
Jugarreta de Yanet Chiu
Sin embargo, y a propósito de esa probable versión, aquí y en China, se sabe que la cadena de mando en una policía municipal no admite interpretación creativa, porque los elementos tienen un jefe inmediato —el director— y éste, a su vez, responde directamente al presidente o presidenta municipal. No hay zonas grises, mucho menos hay herencias que exoneren. La responsabilidad no se transfiere ni prescribe a medio camino del trienio. Resulta por demás cómodo – y políticamente burdo- pretender que casi a mitad de la administración la alcaldesa no sabía, no podía o no mandaba. Si ese fuera el caso, el problema sería aún mayor por incapacidad de gobierno. Y si no lo es, entonces hablamos de responsabilidad directa. El contexto no es menor porque el mensaje del gobierno de la nueva ERA ha sido claro y reiterado: no hay tolerancia con las complicidades, menos aun cuando se trata de seguridad pública. Y en esa lógica, las visitas y las confesiones privadas y parciales no equivalen a absoluciones automáticas. Veremos si el intento de deslinde alcanza para salvar el pellejo político. Por ahora, la presidenta de Jiquipilas sigue caminando sobre la cuerda floja, con la guillotina de la ley oscilando y un expediente que, debe decirse, no se borra con versiones ni con visitas de cortesía al libramiento de Tuxtla.
Tarot y Adivinanza
No descarte usted que todo lo que dijo, cómo lo dijo y ante quién lo dijo, lejos de eximirla, termine por comprometerla aún más … servidos.
