Democracia virtual/ Eugenio Hernández Sasso
Durante años, hablar de seguridad en Chiapas era hablar de ausencias de autoridad, de confianza y, sobre todo, de tranquilidad.
Municipios enteros aprendieron a vivir con miedo, con fiestas patronales suspendidas, calles vacías al caer la noche y una violencia normalizada. Hoy, ese escenario empieza a cambiar y sería deshonesto no reconocerlo.
El gobierno que encabeza Eduardo Ramírez Aguilar ha tomado la decisión clara de recuperar el control del territorio y devolverle a la gente algo tan básico como caminar por las calles y transitar por las carreteras de todo el territorio sin temor.
Los datos no son propaganda ni ocurrencias de escritorio, provienen de estudios serios y de las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Los números son contundentes, en Chiapas los homicidios dolosos han disminuido en un 58 por ciento y los asesinatos con arma de fuego en un 70 por ciento.
Eso, en un país donde la violencia suele resistirse a cualquier intento de contención, no es un dato menor, pero más allá de las estadísticas, que ya de por sí hablan fuerte y claro, está la realidad cotidiana, esa que no se puede maquillar.
Un ejemplo simbólico es, quizá, Frontera Comalapa, donde cuatro largos años la fiesta del pueblo estuvo suspendida. Ese fenómeno no se dio por falta de ganas, no era porque las y los chiapanecos de esa región hubieran perdido el gusto por festejar a su santo patrono, sino porque grupos criminales habían secuestrado la paz y paralizado la vida social, cultural y religiosa de la zona.
Este 2026, la feria regresa. Con artistas nacionales e internacionales, con calles llenas y con familias que vuelven a apropiarse del espacio público. Eso no se decreta, se construye con los pantalones bien puestos y la hombría en el lugar que le corresponde.
Lo mismo ocurre en otros municipios de la región Sierra. Villaflores, pese a hechos aislados de violencia registrados en días recientes, celebró su fiesta sin sobresaltos. La gente salió, convivió y se divirtió porque se ha restablecido la confianza en el gobierno de la Nueva ERA y en la capacidad que ha demostrado “El Jaguar” para contener y disolver los conflictos antes de que escalen.
Detrás de esta disminución de la violencia hay una estrategia clara. La Fiscalía General del Estado ha explicado que uno de los ejes fundamentales ha sido sellar la frontera con Guatemala para evitar el llamado “efecto cucaracha”.
Es decir, se ha contenido el desplazamiento de grupos criminales que, al ser presionados en un territorio, se mueven a otro, solo que en Chiapas ya no tienen espacio.
Localidades como Motozintla, Amatenango de la Frontera, Chicomuselo y la propia Frontera Comalapa fueron epicentros del crimen organizado en 2023 y 2024, pero hoy viven una realidad distinta.
Allí, el fiscal Jorge Luis Llaven Abarca ha reforzado operativos conjuntos y, como resultado, se han registrado más de cinco meses sin un solo homicidio doloso en la zona fronteriza.
En un contexto donde antes había enfrentamientos entre cárteles, decapitados, secuestros y cuerpos abandonados en bolsas, ese silencio de las armas que escupían balas con un mensaje de muerte, es una señal poderosa de que la estrategia está funcionando bien en el gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar.
El combate al “efecto cucaracha” no se ha hecho en solitario. Los acuerdos con autoridades de Guatemala y Estados Unidos, así como el despliegue coordinado del Ejército, la Marina, la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, han sido claves para contener a los grupos criminales y evitar que Chiapas vuelva a ser tierra de disputa entre organizaciones mafiosas.
Por supuesto, no todo está resuelto. El propio fiscal ha reconocido que aún existen brotes de violencia, particularmente en regiones como el Soconusco y municipios como Suchiate, donde persisten hechos de violencia de tipo pasional. Pero incluso ahí el contexto es distinto al de años anteriores, dado que hay menos enfrentamientos armados, menos crimen organizado y una autoridad presente que no evade su responsabilidad.
Hoy el reto empieza a cambiar de rostro. Con la caída drástica de los homicidios con arma de fuego, la violencia que persiste está más vinculada a conflictos familiares y al consumo irresponsable de alcohol, fenómeno que también debe prevenirse.
Chiapas, actualmente, no es ya el infierno que fue en años recientes. La paz no ha llegado por inercia, sino por decisiones firmes y una estrategia que empieza a dar resultados visibles. Reconocerlo no es solo aplaudir irresponsablemente, como foca, es asumir que cuando la autoridad cumple su función esencial de proteger a la gente, la vida vuelve a florecer.
Sassón
En Chiapas, poco a poco, la vida de paz y tranquilidad regresa a las plazas, a las ferias y a la esperanza colectiva, aunque algunos charros, amigos de Ángel Torres, creen que todavía viven en la época de la impunidad.
