Carlos Morales encabeza las encuestas en conocimiento, aceptación y, sobre todo, en bajos negativos. Mientras otros nombres suenan por mera cercanía al poder, él carga con el respaldo de una gestión que aún se recuerda que está en la memoria por el buen sabor de boca que dejó.
TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA ARCE
Apenas se ha insinuado la posibilidad de que Carlos Morales Vázquez levante la mano rumbo al 2027 y la política tuxtleca se agita en los mejores términos de confianza generalizada. La sola mención de su nombre despierta una gran expectativa y el subconsciente colectivo rememora los seis años de servicios públicos funcionales y de un gobierno honesto, eficiente y de resultados. Carlos Morales no ha dicho esta boca es mía, pero la reacción popular parece unánime: sí. ¿Por qué? Porque en comparación con el desastre actual, su gobierno se agiganta. Agua potable, recolección de basura, alumbrado público, finanzas limpias, y hasta el Sabinal parecía un río y no una cloaca a cielo abierto. Hoy, Tuxtla es un lodazal de corrupción, basura y calles rotas, cortesía del “Ángel Caído”.
Eduardo Ramírez, es un estadista
Carlos Morales encabeza las encuestas en conocimiento, aceptación y, sobre todo, en bajos negativos. Mientras otros nombres suenan por mera cercanía al poder, él carga con el respaldo de una gestión que aún se recuerda que está en la memoria por el buen sabor de boca que dejó. Es cierto que mantiene una relación respetuosa con Eduardo Ramírez, y no es menor el reconocimiento que le tiene Claudia Sheinbaum, quien no olvida que fue el alcalde de Tuxtla Morales Vázquez, el primero en sumarse a su causa cuando todos babeaban por Adán Augusto y su cuñado Rutilio Escandón. Decían garbosos que estaban a gusto. Del otro lado de la pista aparecen otros aspirantes cercanos al gobernador: Jorge Luis Llaven Abarca, Luis Ignacio Avendaño, Francisco Chacón, Jovani Salazar, al igual que la diputada María Mandiola, el querido Paco Rojas y hasta Guillermo Santiago. Algunos con más nombre que sustancia, otros con ambiciones que no se ven reflejadas en las encuestas.
Tuxtla clama por el rescate
Morena definirá candidaturas hasta septiembre u octubre, pero en los pasillos del poder ya se cruzan los sondeos y las apuestas. El gobernador jugará con quien le garantice números contundentes para la presidenta. No lo dude usted. Es un estadista y como tal porque está trascendiendo no cometerá el yerro político de Manuel Velasco que al imponer a Fernando Castellanos experimentó un desgaste político irreversible y un gasto millonario para sentarlo en la silla del alcalde tuxtleco. Tuxtla no aguanta otro experimento, otro improvisado, otro negocio de un advenedizo. La ciudad clama por rescate, no por repartos de cuotas ni facturas por cobrar. Y en ese escenario, el regreso de Carlos Morales no suena a reciclaje, sino a la recuperación de un buen gobierno. No, no hemos anotado al “Ángel Caído”. Está reprobado, hundido en denuncias, perseguido por sus negocios turbios, más preocupado por salvar el pellejo que por contender. Su grupo político, ligado al fracaso de Adán Augusto, fue pasado por la barredora. No tiene llenadera ni futuro.
De Tarot y Adivinanza
En este tablero de nombres, pesos y alianzas, ¿a usted quién le convence? Porque a Tuxtla ya no le alcanza con sobrevivir. Necesita gobernantes, no cómplices… Servidos.
