La escena en El Jobo fue el epítome del cinismo político, donde se vio al funcionario convertido en trovador, el corrupto haciendo performance de víctima. Porque eso es lo que está haciendo, queriendo cerrar con aplausos un ciclo de corrupción, simulación e impunidad. Como si una canción borrara los cerros de basura, los baches, las licitaciones dirigidas y los millones desperdiciados.
TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA
El “Ángel Caído” ya empezó su despedida. No lo hace con un informe de resultados -porque no hay mucho que informar al menos que sean sus negocios y el desastre de la capital chiapaneca-, sino con mariachi y discursos de autoayuda. En el Jobo, entre cuerdas, guitarras y frases de la canción que hizo un gran éxito Antonio Aguilar, el alcalde de Tuxtla Gutiérrez intenta disfrazar su huida como una retirada digna. Canta que se va limpio, que se lleva nomás un puño de tierra, pero la realidad no se canta, se enfrenta. Y aquí la verdad es otra porque no se lleva un puño de tierra, se lleva un botín. El botín del Ayuntamiento, el de Obras Públicas, el de los contratos amañados, de los negocios a modo, de los acuerdos en lo oscurito. Se va dejando a Tuxtla más sucia, más rota y más saqueada que nunca. Las cuentas no cuadran, las calles están destrozadas, el Sabinal vuelto muladar y la recolección de basura peor que nunca. Pero eso sí, el mariachi ya está listo hasta para cantarle las golondrinas para que “el caído” viva la nostalgia de su despedida.
Sigue “Las Golondrinas”
La escena en El Jobo fue el epítome del cinismo político, donde se vio al funcionario convertido en trovador, el corrupto haciendo performance de víctima. Porque eso es lo que está haciendo, queriendo cerrar con aplausos un ciclo de corrupción, simulación e impunidad. Como si una canción borrara los cerros de basura, los baches, las licitaciones dirigidas y los millones desperdiciados. Pero no nos confundamos, aquí no hay despedida noble, hay una escapatoria disfrazada de fiesta. El alcalde no se va, huye, toda vez que no concluye un ciclo, lo revienta antes de que lo reviente a él la justicia o la historia porque su reelección la sabe descartada. Menos mal que no canta mal las rancheras, porque como administrador público no sirve ni para corista. Que vaya afinando la voz, porque en la cárcel también hay tiempo para cantar.
De Tarot y Adivinanza
¿Será cierto que además de otros jugosos negocios con el “charro” Rafael Castillejos Uhlig, el alcalde Ángel Torres “caído” recibe otro “chorro” de efectivo mensual por el contrato millonario de servicios médicos para trabajadores del Ayuntamiento, DIF y Smapa con el Hospital MP que ubica en Plaza Park, que es de su propiedad además de la plaza misma? Se dice que además de su padre -del “charro”- Rafael Castillejos Guizar, podrían estar ahí los intereses del mismísimo güero Velasco y de su primo Juan Pablo Orantes Coello. Esta es una historia hedionda de corrupción que ya le comentaré… Servidos.
