COLABORACIÓN INVITADA/Sr. Smith
Cuando los astros comienzan a alinearse, la política suele ponerse cruel. No por destino, sino por memoria. En Tuxtla Gutiérrez, lo peor que podría pasarle al alcalde Ángel Torres Culebro no es un mal mes ni una encuesta adversa; es algo más incómodo: tener que entregarle la ciudad a su propio némesis, Carlos Morales Vázquez.
La ironía sería perfecta. Ángel recibió una capital con orden básico, sin montañas de basura normalizadas y con un símbolo de recuperación urbana que marcó época: el rescate del Río Sabinal. No era una ciudad perfecta, pero sí una que empezaba a reconocerse. Hoy, ese legado parece diluido. Y cuando el presente no cuida el pasado, el pasado suele pedir revancha.
Porque si algo enseña la política —y la vida— es que los amigos no siempre son los mejores colaboradores. Morales Vázquez aprendió esa lección. Pagó costos, corrigió equipos, depuró inercias. Y si decidiera volver a buscar la alcaldía, volvería con experiencia y con cicatrices, que en política cuentan más que las promesas. Renovado, sí; pero sobre todo, advertido.
Ángel Torres, en cambio, echó a perder conquistas que no le pertenecían, pero que estaba obligado a sostener. El Sabinal dejó de ser prioridad; la gestión cotidiana perdió pulso; la narrativa de continuidad se rompió. Gobernar no es inaugurar lo propio: es conservar lo que sirve. Y cuando eso falla, la ciudad lo nota.
Aquí aparece la figura del “ángel caído”. No por tragedia, sino por contraste. Gobernar después de alguien que dejó orden exige humildad técnica y disciplina política. Sin eso, el poder se vuelve liviano y la administración, errática. Si Carlos Morales regresara, lo haría con todas las cartas credenciales: experiencia comprobable, memoria urbana y una lección aprendida a tiempo—no confundir cercanía con competencia.
La escena final sería dura para Ángel: entregar Tuxtla a quien se la dejó en condiciones mejores. Dura, pero pedagógica. Porque la ciudad no pertenece a un apellido ni a un grupo; pertenece a sus habitantes. Y la historia municipal no perdona a quien deshace sin explicar.
No se trata de adivinar candidaturas ni de anticipar victorias. Se trata de entender que la política es un juego largo, donde los errores de hoy escriben los regresos de mañana. Y en Tuxtla, el péndulo podría estar listo para volver.
Dicho en corto y sin romanticismos: quien descuida lo heredado, prepara el regreso del dueño.
