Ultimatum Chiapas
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
No Result
View All Result
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
No Result
View All Result
Ultimatum Chiapas
No Result
View All Result
Home Opiniones

Al Caído se le atora el “me gusta” con Chacón

4 de febrero de 2026
in Opiniones
Al Caído se le atora el “me gusta” con Chacón
Compartir en FacebookCompartir en Twitter

Sr. Smith/Ultimátum

El miedo es un mal consejero en política. Cuando aparece, no construye; delata. Y en Tuxtla Gutiérrez, el temblor no viene de la tierra, sino del despacho. El presidente municipal Ángel Carlos Torres Culebro —aunque todavía falte mucho para hablar formalmente de elecciones— ya siente pasos en la azotea. En su mundo ideal, una especie de Angelandia, se mira con probabilidades de reelección. En la realidad, comienza a ver moros con trinchetes.

Ese desfase suele tener un síntoma claro: la coacción. Cuando el mérito no alcanza para convencer, aparece la presión. Cuando la confianza no existe, surge la amenaza. Y cuando el liderazgo es frágil, el poder se ejerce desde el miedo.

Hoy, compartir información de otros funcionarios —como Francisco Chacón Sánchez, titular de la Secretaría del Humanismo— se interpreta como traición. No como circulación natural de datos públicos, sino como deslealtad castigable. La política se vuelve entonces un cuarto oscuro: nadie habla, nadie comparte, todos susurran.

Lo más preocupante no es la paranoia, sino la identidad cambiante. Ángel Torres ha sido muchas cosas: fue tabasqueño cuando convenía, fue rutilista cuando el poder estaba ahí, fue adanaugustista cuando ese nombre abría puertas y hoy intenta ser eduardista, alineado al gobernador Eduardo Ramírez Aguilar. El problema es que no le sale. La mudanza permanente deja huella: se nota lo impostado, lo superficial, lo aprendido de memoria.

En ese ecosistema, el control no se ejerce directamente desde la silla principal, sino a través de intermediarios. El área de comunicación —que debería servir para informar y dialogar— se convierte en herramienta de intimidación. Amedrentamientos, advertencias veladas, listas de “leales” y “desleales”. La política entendida como vigilancia. El afecto exigido, no ganado.

Así se forma lo horrible de cierta política: la que cree que el amor ciudadano se conquista con miedo. La que confunde autoridad con amenaza. La que piensa que el silencio es respeto y no simple supervivencia. Es feo ese amor que se quiere imponer, porque nunca dura. Es frágil. Y cuando cae, cae con estruendo.

Más feo aún es el poco valor personal que revela esa práctica. Cuando alguien necesita asustar para sostenerse, está confesando que su talento no le basta. Que su trabajo no convence. Que su liderazgo no inspira. En política —como en la vida— quien confía en lo que es y en lo que hace, no necesita vigilar conciencias.

La historia es clara: los proyectos que se sostienen con coacción se desmoronan cuando el viento cambia. Y el viento siempre cambia. Por eso, más que temer a los pasos en la azotea, habría que preguntarse por qué se escuchan. Quizá no son enemigos; quizá son las consecuencias.

Dicho en corto y sin consuelo: el miedo no construye liderazgos; solo evidencia su ausencia.

Ultimatum Chiapas

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.

Navegación

  • Aviso de Privacidad

Redes Sociales

No Result
View All Result

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.