La estrategia de Rubén Zuarth es clara y repetida. Por un lado, seguirse cobijando en los pocos municipios indígenas que aún conservan bajo el esquema de usos y costumbres, como Zinacantán. Esos votos, aunque escasos, son suficientes para mantener viva la ilusión de alcanzar una diputación plurinominal.
Tarot Político/Amet Samayoa Arce
Resulta increíble el nivel de cinismo y desfachatez con el que Rubén Zuarth ha manejado al PRI en Chiapas. Un partido que alguna vez fue maquinaria electoral hoy parece reducido a una simple caja registradora de prerrogativas, administrada con saliva y discursos huecos ante una militancia cada vez más raquítica. La realidad es evidente porque el PRI ya no compite para ganar elecciones. Su militancia lo sabe y su dirigencia también. Nadie en su sano juicio apostaría por una victoria por la vía del voto; significaría invertir recursos y, aun así, el triunfo seguiría siendo altamente improbable. Por eso el objetivo es otro, el colarse en las listas plurinominales. Hoy, buena parte de quienes aún se dicen priistas no están pensando en convencer al electorado, sino en asegurar un lugar en esas listas de salvación política. El partido se ha convertido en un refugio para quienes saben que no tienen con qué ganar una elección directa.
Prerrogativas y plurinominales
La estrategia de Rubén Zuarth es clara y repetida. Por un lado, seguirse cobijando en los pocos municipios indígenas que aún conservan bajo el esquema de usos y costumbres, como Zinacantán. Esos votos, aunque escasos, son suficientes para mantener viva la ilusión de alcanzar una diputación plurinominal. Por otro lado, está la vieja receta de “jalar” a algún actor político con cierto peso electoral que ya no tenga cabida en otros partidos y no para reconstruir al PRI ni para competir seriamente, sino exclusivamente para arrastrar los votos necesarios que les permitan alcanzar otra pluri más.
A este panorama se suma un lastre que tarde o temprano terminará por alcanzarlo. En los corrillos políticos se habla de una carpeta de investigación abierta por presunto acoso sexual justamente del dirigente priista, un tema que hoy se intenta minimizar, pero que difícilmente desaparecerá del radar público. Si la historia reciente sirve de referencia, no sería extraño que más temprano que tarde veamos a este personajes cambiar el rojo del PRI por el uniforme del amate, confirmando que su paso por la dirigencia no fue por convicción partidista, sino por conveniencia personal. El PRI en Chiapas no está en crisis porque evidentemente está en liquidación.
De Tarot y Adivinanza
¿Habría que ver quiénes son los valientes o kamikazes que se registren por el PRI a un encargo de representación popular en México y en Chiapas acuerpados por Alejandro Moreno y Rubén Zuarth?… Servidos.
