Ángel Torres asiste a los eventos del gobernador. Eso es cierto. Pero su cercanía, hoy, parece depender más del encuadre de las cámaras que del calor político. La foto sí. La interlocución no tanto. Se deja ver. Saluda. Pero no se queda. No espera a que termine el acto. Se va antes.
Coolaboración Invitada
En política las formas dicen más que los discursos. Y los silencios pesan más que los aplausos.
Las maneras de demostrar afectos del gobernador son muy particulares. No lo hace con abrazos eternos ni con discursos sobreactuados. Lo hace con presencia. El 13 de febrero fue Viridiana Figueroa en Tapachula. Este lunes 16, Francisco Chacón Rojas en evento del COBACH. Los gestos no son casuales. En política, nada lo es.
Falta mucho para hablar de elecciones. Mucho. Pero la efervescencia ya está viva. Reaparecen unos. Se reposicionan otros. Y también están los que se apagan… aunque sigan aferrados a la lámpara.
Ángel Torres asiste a los eventos del gobernador. Eso es cierto. Pero su cercanía, hoy, parece depender más del encuadre de las cámaras que del calor político. La foto sí. La interlocución no tanto. Se deja ver. Saluda. Pero no se queda. No espera a que termine el acto. Se va antes.
Eso también comunica.
Habla poco. Socializa menos. Conversa lo indispensable. Se mantiene al margen. Ya no es el socialero de antes. Aquél que en el DIF estatal era casi celebridad. El que como secretario de Obras Públicas se movía con soltura, entre sonrisas y reflectores.
La diferencia es sencilla: entonces el poder estaba de su lado.
Hoy no.
Quizá siempre tuvo personalidad.
Pero la popularidad no es lo mismo que el respaldo. Y cuando el respaldo se mueve, la popularidad se desinfla.
Se le nota.
Se le nota en la forma en que camina los eventos. En cómo se coloca estratégicamente para la foto. En cómo evita quedarse demasiado tiempo en el mismo sitio. En cómo mide cada saludo.
No es paranoia. Es supervivencia. Y si algo ha cambiado el ambiente es un nombre que vuelve a sonar con más fuerza de la que algunos quisieran: Carlos Morales.
La política es memoria corta, pero no amnesia total. Y Morales, con todos sus claroscuros, dejó una narrativa instalada. Cuando su nombre vuelve a circular, cuando empieza a hacer ruido, cuando se menciona como posibilidad, inevitablemente incomoda.
Debe ser difícil haber estado arriba y sentir que el piso ya no es tan firme.
Debe ser incómodo pasar de ser protagonista a ser espectador.
Debe pesar saber que el aplauso no siempre es eterno.
Porque en política no basta con estar. Hay que ser parte. Y hoy, Ángel Torres parece estar… pero no necesariamente ser parte.
Y eso, en el juego del poder, es una señal. No hay ruptura pública. No hay confrontación abierta. Pero tampoco hay cercanía visible. En política las ausencias no siempre son físicas. A veces son simbólicas.
El poder es caprichoso. Te sube rápido. Te acostumbra al reflector. Y luego, cuando menos lo esperas, te deja solo con la sombra. Debe ser feo estar arriba y caer de las estrellas. Y más feo aún, que cuando levantes la mano… ya no te topen
