En Tuxtla no basta con aparecer en espectaculares ni con dominar la narrativa de redes. La capital es territorial. Es colonia. Es barrio. Es cuadrante. Y quien no conoce la ciudad más allá del centro administrativo gobierna desde Google Maps.
Sr. Smith/Ultimátum
Todavía no arrancan los tiempos electorales, pero en Tuxtla ya cantan los gallos. Y no es metáfora. Todos cacaraquean.
Ángel Torres Culebro quiere repetir. Carlos Morales quiere regresar. Paco Rojas vuelve a colocarse en el cuadrante como si la persistencia fuera estrategia. Paco Chacón aparece en el radar con estructura y operación social visible. Y en medio del ruido, hay un nombre que no puede omitirse: Jovani Salazar.
Al ahora director de la Agencia Digital Tecnológica del Estado se le tiene que reconocer algo elemental en política: ha caminado.
Tiene territorio. Tiene estructura. Tiene presencia real. No digital. No improvisada. Es pueblo, pues.
En Tuxtla no basta con aparecer en espectaculares ni con dominar la narrativa de redes. La capital es territorial. Es colonia. Es barrio. Es cuadrante. Y quien no conoce la ciudad más allá del centro administrativo gobierna desde Google Maps.
Jovani lo ha dicho con claridad en entrevistas: no todos los que dicen amar Tuxtla la conocen. Saber cómo se fundó Canoitas. Entender por qué San Francisco es el barrio más grande. Recordar cómo llegaron los primeros paracaidistas a Bienestar Social. Conocer el origen de la Magisterial. Saber por qué se llamó “El Retiro”. Eso no es romanticismo. Es identidad urbana.
Para gobernar Tuxtla hay que conocerla. Y no solo conocerla. Hay que sentirla.
También se le tiene que reconocer otra cosa: lealtad. Ha sido disciplinado con el proyecto del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar. No juega a dos bandas. No se mueve por ocurrencia. Sabe marchar al son que le toquen, como buen operador político.
Y eso, en tiempos de reacomodos, cuenta.
Porque mientras algunos buscan reelección con desgaste acumulado, otros intentan regresar con nostalgia, y algunos más reciclan candidaturas como si la insistencia fuera virtud, Jovani construye desde abajo. Con estructura. Con presencia. Con cuadros.
No es casualidad que con su respaldo otros hayan obtenido victorias. No es casualidad que conozca la ciudad por zona y por calle. No es casualidad que su nombre no suene forzado.
¿Es el favorito? Eso lo dirán los tiempos.
¿Es competitivo? Sin duda.
En este tablero donde todos buscan ser el “machuchón” de Morena por la alcaldía coneja, no se puede ignorar a quien tiene operación territorial real. Porque las elecciones no se ganan en el café político ni en el grupo de WhatsApp. Se ganan en tierra.
Tuxtla no es una ciudad sencilla. Es compleja. Fragmentada. Exigente. Y quien aspire a gobernarla necesita algo más que simpatía: necesita estructura, conocimiento y temple.
El escenario todavía está lejos de formalizarse. Falta mucho. Pero la efervescencia ya está aquí. Reaparecen unos. Se desgastan otros. Algunos insisten. Otros calculan.
Y entre tanto ruido, a Jovani Salazar se le tiene que reconocer lo que es evidente: tiene territorio, tiene disciplina y tiene presencia.
En política, eso nunca es poca cosa.
Y en Tuxtla, menos.
