FILIPICAS/PACO RAMÍREZ
La noticia del domingo nos cayó como un balde de agua fría: la caída de Nemesio Oseguera, «El Mencho». Mientras en las noticias veíamos humo y caos en Jalisco, aquí en Chiapas la pregunta que corría por el WhatsApp de los grupos de padres y vecinos era la misma: “¿Mañana va a haber clases? ¿Va a ser seguro salir a trabajar?”
La respuesta del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar (ERA) fue rápida y seca: actividades normales. Ni un paso atrás. Para muchos, esto se sintió como un riesgo, pero si lo miramos con calma, la decisión de no suspender nada tiene un fondo humano y político que vale la pena desmenuzar en tres partes:
1. «El miedo no va a mandar en nuestra casa»
Mantener las escuelas y las oficinas abiertas fue el mensaje de autoridad más fuerte que pudo dar el Gobernador. Suspender todo habría sido como encerrarnos bajo llave y aceptar que el crimen organizado tiene la llave de nuestra puerta. La idea fue clara: «Chiapas no se dobla». Es una forma de decirnos a todos que el gobierno tiene las riendas y que no va a permitir que un grupo delictivo nos diga a qué hora abrir el negocio o si nuestros hijos pueden ir a la escuela.
2. Atajar el pánico antes que nos gane
Todos sabemos que en estos pueblos el chisme vuela y el miedo se contagia más rápido que la gripa. Una suspensión oficial habría sido la mecha para que la gente corriera al súper por compras de pánico o dejara las calles desiertas, dándole espacio a los que buscan hacer disturbios. Al apostar por la «normalidad», el gobierno intentó que esa incertidumbre de que los grupos se muevan hacia acá (lo que llaman el desplazamiento de células) no terminara por quebrar la economía de las familias que viven al día.
3. Caminar parejo con la Presidenta
Chiapas no es una isla. La postura de nuestro estado fue un espejo de la de la Presidenta Claudia Sheinbaum: celebrar el éxito del operativo pero pedir calma nacional. Suspender actividades en el sur habría enviado un mensaje de debilidad que no encajaba con la victoria que el Ejército acababa de lograr,
Lo que se siente en la calle
Claro, una cosa es lo que dice el papel oficial y otra es lo que uno siente al salir a la banqueta. No podemos tapar el sol con un dedo: en lugares como el Soconusco y Tapachula, el nerviosismo fue mucho más pesado. Ahí, muchas familias y algunas escuelas prefirieron la prudencia y se quedaron resguardadas. Es lo más humano del mundo sentir miedo cuando ves que la seguridad en nuestra frontera con Guatemala se triplica de la noche a la mañana.
En resumen:
Para el gobernador Ramírez Aguilar, la «no suspensión» es hoy su principal herramienta de calma. Es su manera de decir que Chiapas está blindado y que su gobierno no se va a doblar ante las réplicas de una violencia que, aunque pasó a kilómetros de aquí, se siente muy cerca en el corazón de los chiapanecos. Al final, la batalla que más nos importa no es la de las capturas en la tele, sino la de la paz diaria. Esa que se siente cuando un papá puede llevar a su hijo a la escuela o manejar por la carretera con la tranquilidad de que, de verdad, estamos cuidados.
