FILIPICAS/Paco Ramírez
La política, esa esfera que solemos percibir como un frío tablero de estrategias y cifras, se detiene en seco cuando la realidad humana golpea con su verdad más absoluta: la pérdida de una madre. El reciente fallecimiento de Doña Natividad Aguilar Velasco no es solo una nota luctuosa en la agenda del estado; es un suceso que, inevitablemente, permeará la sensibilidad de quien hoy conduce los destinos de Chiapas, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.
En el corazón de un hijo, lo que queda tras la partida es la esencia. Y esa esencia tiene un origen claro: Comitán. Fue en la tierra de las flores y la libertad donde «Doña Naty» forjó, con esa calidez y firmeza tan propias de la mujer comiteca, el carácter de un líder que hoy reconoce en ella su principal brújula moral.
La herencia que nace en el barrio
Para Eduardo Ramírez, su madre fue la encarnación de la cultura del esfuerzo. Ella representaba a esa mujer que, en el día a día de su hogar comiteco, enseñó que la honestidad es el único patrimonio que vale la pena heredar. El Gobernador lo resumió con una frase que hoy resuena en cada rincón de la entidad: «Mi madre fue mi fuerza y mi motor; ella me enseñó que la política es para servir y no para servirse».
Esta herida personal, lejos de ser una debilidad, se perfila como un motor de empatía. Cuando un gobernante experimenta el dolor de la orfandad, el concepto de «justicia social» deja de ser un concepto técnico para convertirse en una misión humana. Es de esperar que esta sensibilidad agudice la mirada del Ejecutivo hacia los sectores más vulnerables: los ancianos que merecen una vejez digna y las madres que sostienen, a veces solas, el tejido social de nuestro estado.
La Educación: El consejo de una madre comiteca
Si algo marcó la formación del mandatario, fue la insistencia de Doña Natividad en la educación. Como heredera de la tradición intelectual de Comitán, ella sabía que los libros son la única escalera real para superar la carencia. «El estudio es la única herencia que no se devalúa», fue la máxima que guio su hogar.
Esa visión personal es hoy el eje de una política de Estado con rostro humano:
- Alfabetización con Dignidad: El programa «Chiapas Puede» cobra un nuevo significado; ya no es solo una meta estadística, sino un acto de justicia para miles de mujeres que, como la generación de su madre, entregaron su vida al trabajo sin haber tenido la oportunidad de pisar un aula.
- Movilidad Social: La convicción de que el hijo de un campesino puede llegar a la más alta magistratura si tiene acceso a la educación, nace precisamente de esos valores comitecos de superación constante.
El pilar femenino y el futuro de Chiapas
La mujer en Chiapas es la columna vertebral de nuestra identidad. Al despedir a su madre, el Gobernador abraza simbólicamente a todas las mujeres que, desde la Selva hasta la Costa, luchan por un futuro mejor para sus hijos. Ese vacío que hoy se siente en la casa del mandatario es el mismo que enfrentan muchas familias en la vulnerabilidad, y es ahí donde el dolor debe transmutarse en políticas públicas que protejan, dignifiquen y empoderen.
La pérdida de una madre es un punto de no retorno. Sin embargo, para un hombre de Estado, ese vacío puede llenarse con una vocación de servicio renovada. Hoy, Chiapas acompaña a su Gobernador en el silencio respetuoso. Mañana, esa misma sensibilidad —nacida en Comitán y forjada en el amor filial— será la luz que ilumine el camino de quienes más lo necesitan.
Como bien señaló el mandatario: «El amor de una madre es eterno, y su ejemplo es el único camino». Que ese camino sea, de ahora en adelante, el que lleve bienestar a los rincones más humildes de nuestra bendita tierra.
