FILIPICAS/PACO RAMÌREZ
La caída de un capo de la talla de Nemesio Oseguera, alias «El Mencho», siempre genera un sismo cuyas réplicas se sienten con fuerza en los estados fronterizos. En Chiapas, sin embargo, el epicentro del problema no solo está en las montañas o en las rutas del tráfico, sino en las oficinas de quienes, por omisión o complicidad, permitieron que el estado se saliera de control.
La Factura de Rutilio
No se puede hablar de la crisis actual sin señalar la «herencia de sombras» que dejó Rutilio Escandón Cadenas. Durante su gestión, la entidad vivió un repliegue institucional que fue interpretado como una invitación abierta para los grupos delictivos. Mientras el tejido social de la Sierra y la Frontera se desgarraba, Escandón se mantenía bajo el ala protectora de su cuñado, el entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto López.
Hoy, el contraste es ofensivo: mientras el pueblo chiapaneco lidia con las consecuencias de esa apertura, Rutilio despacha con tranquilidad desde un consulado en Miami. Un retiro dorado que sabe a impunidad, especialmente cuando el grupo «La Barredora» —vinculado políticamente al círculo de Adán Augusto— parece haber sido el gran beneficiario de aquel vacío de autoridad.
El Desafío de Eduardo Ramírez
A diferencia de la parálisis anterior, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha llegado con una narrativa de choque: la paz se recupera con presencia. Sus operativos y su despliegue en zonas de conflicto muestran a un mandatario que no duerme en sus laureles y que entiende que el mando no se delega, se ejerce. Sin embargo, a «El Jaguar» no le queda fácil el camino.
Ramírez no solo lucha contra la delincuencia organizada; lucha contra un sistema de cuotas y cuates que se resiste a morir. Por un lado, debe limpiar el desorden administrativo de una «honestidad» que resultó costosa y, por el otro, debe lidiar con las sombras persistentes de personajes como Manuel «El Güero» Velasco.
Cacicazgos vs. Ciudadanía
Es aquí donde la política se vuelve un laberinto. Velasco Coello parece no entender que su tiempo de regente ya pasó. Al sentirse indispensable por la «maquinaria de votos» que le ofrece a Morena para el próximo proceso presidencial, pretende seguir controlando parcelas de poder en Chiapas como si fuera su rancho particular.
Esa ambición de los «dueños de los votos» es la que termina asfixiando las labores de seguridad. Los intereses personales de quienes ven a Chiapas como una moneda de cambio electoral son, en última instancia, los que frenan la verdadera pacificación.
Remate
Eduardo Ramírez tiene la voluntad y ha puesto en marcha los operativos, pero la pregunta es: ¿le permitirán sus aliados limpiar la casa por completo? Chiapas ya no aguanta más pactos de oficina ni embajadores en el exilio. Es momento de que la seguridad de los chiapanecos sea la única prioridad, por encima de los caprichos del «Güero» o las complicidades del pasado.
