Sr. Smith/Ultimátum
Cuando una institución está limpia, no le teme a la investigación.
La exige.
La nota publicada por El Universal sobre una supuesta narconómina vinculada a “El Mencho”, en la que aparecerían pagos a sicarios, apoyos a autoridades y servicios en el sur de Chiapas, sacudió inevitablemente el tablero político del estado. El solo cruce entre élite policial y crimen organizado es suficiente para encender alarmas.
Pero las alarmas no son sentencia.
Son advertencia.
Y en política, la reacción importa tanto como el señalamiento.
El gobernador Eduardo Ramírez instruyó de inmediato a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, en coordinación con la Fiscalía General del Estado, a iniciar una investigación exhaustiva. Sin matices. Sin rodeos. Si es cierto, que se juzgue con todo el peso de la ley.
Ese es el estándar correcto.
El secretario de Seguridad del Pueblo, Óscar Alberto Aparicio Avendaño, fijó postura clara: Cero Corrupción y Cero Impunidad. Apertura total a revisiones. Nada que ocultar. Pero también una defensa institucional firme: no se puede desacreditar a toda una corporación sin pruebas concluyentes.
Y ahí está el punto fino.
En temas de seguridad, la percepción pública es frágil. Una sola sospecha puede erosionar meses de trabajo operativo. Detrás del uniforme —como bien señala el comunicado— hay mujeres y hombres que arriesgan la vida. Pero también es cierto que, si existe una sola grieta, debe investigarse hasta el fondo.
Sin titubeos.
Chiapas ha vivido años complejos en materia de seguridad. El nuevo gobierno ha intentado posicionar una narrativa distinta: coordinación, firmeza, operativos interinstitucionales, capturas relevantes. La “Nueva ERA” se ha vendido como ruptura con inercias del pasado.
Por eso el caso no es menor.
Si las acusaciones resultaran falsas, la institución saldrá fortalecida. Si resultaran ciertas, la limpieza interna será obligatoria y dolorosa, pero necesaria.
Lo que no puede ocurrir es el silencio.
La legitimidad en seguridad no se construye negando; se construye transparentando. Y hasta ahora, la reacción oficial ha sido abrir la puerta a la investigación, no cerrarla.
Eso es saludable.
Porque cuando no hay nada que temer, la mejor estrategia no es la confrontación mediática; es la auditoría institucional.
Nadie debe alarmarse por una investigación.
Debe alarmarse por su ausencia.
El crimen organizado ha demostrado históricamente que intenta infiltrar donde puede. Esa es su naturaleza. La pregunta no es si lo intenta; la pregunta es si el Estado lo permite.
Y aquí la responsabilidad es doble: investigar con rigor y comunicar con responsabilidad.
Ni linchamiento anticipado
Ni blindaje automático.
La seguridad pública no puede ser rehén ni del escándalo ni del encubrimiento.
Que se investigue.
Que se esclarezca.
Que se sancione si hay responsabilidad.
Y que nadie se aflija si no hay nada que temer.
Porque una institución fuerte no es la que niega todo; es la que demuestra todo.
En seguridad, como en política, la autoridad no se presume.
Se acredita.
Y hoy, lo que corresponde no es el ruido, sino la verdad.
