SR. SMITH/ULTIMÁTUM
Está padrísimo que Tuxtla tenga ciclovía.
Está padrísimo que se piense en espacios seguros para que las familias se ejerciten, transiten y se diviertan.
Está padrísimo que la capital se vea distinta, más ordenada, más urbana.
Eso no se discute.
El gobernador Eduardo Ramírez anunció el arranque de la construcción de la ciclovía en Tuxtla como parte de una visión de bienestar y movilidad. Y sí, la infraestructura moderna dignifica las ciudades. Las vuelve más humanas. Más habitables.
Pero…
¿De qué sirve una ciudad moderna si quienes la habitamos seguimos actuando como si esto fuera un pueblo sin reglas?
Tuxtla no es un rancho extendido. Es la capital de Chiapas.
Y, sin embargo, los accidentes en motocicleta se han vuelto una constante trágica. No pasan semanas sin que alguien pierda la vida o termine gravemente herido. Jóvenes que manejan sin casco. Conductores que zigzaguean entre autos. Automovilistas que no respetan límites. Peatones que cruzan donde quieren, como quieren y cuando quieren.
Somos malos motociclistas.
Somos malos automovilistas.
Somos malos ciclistas.
Y somos peores peatones.
La ciclovía será un espacio seguro… siempre y cuando respetemos el espacio.
Porque el problema no es únicamente la falta de infraestructura. Es la falta de cultura vial.
Podemos pintar carriles exclusivos, poner señalamientos nuevos, instalar semáforos inteligentes. Pero si seguimos creyendo que el reglamento es opcional y que la calle es tierra de nadie, la modernización será solo decorativa.
Una ciudad no se transforma solo con concreto.
Se transforma con conciencia.
Ya no vivimos en un pueblo donde todos se conocen y el tránsito se resuelve con una mirada. Tuxtla creció. Se volvió caótica. Se volvió peligrosa. Y el crecimiento sin educación vial es una combinación mortal.
La ciclovía es buena noticia.
Pero también es un espejo.
Nos obliga a preguntarnos si estamos listos para convivir en una ciudad más ordenada. Porque la modernidad no se impone; se asume.
No se trata de criticar la obra. Se trata de ampliar la conversación.
Modernizar la ciudad es importante.
Modernizar las conciencias es urgente.
Tuxtla no es pueblo.
Es capital.
Y ya es hora de que la mentalidad alcance al concreto.
