FILIPICAS/PACO RAMÍREZ/ULTIMÁTUM
El anuncio del Paro Nacional de 72 horas convocado por la CNTE para estos días 18, 19 y 20 de marzo no es solo una movilización más en el calendario magisterial; es un termómetro político de alta precisión. Nos queda claro que el mensaje que sale de la Sección VII de Chiapas y se extiende al resto del país, lleva una carga de profundidad que merece ser desmenuzada.
Una postura «anti-sistema» sin matices
Lo primero que salta a la vista es la contundencia de sus consignas. Al exigir la abrogación de las reformas educativas tanto del sexenio de Peña Nieto como las impulsadas bajo el esquema de la 4T, la CNTE está lanzando un dardo directo: para ellos, el cambio de régimen no ha significado un cambio de paradigma.
Políticamente, esto los coloca en una posición de autonomía radical. No son aliados del gobierno en turno, pero tampoco se alinean con la oposición tradicional. Se asumen como la «tercera vía» de resistencia laboral, una que considera que el Estado —sin importar el color del partido— mantiene una deuda estructural con el maestro frente a grupo.
El tinte ideológico es cristalino cuando tocamos el tema de las pensiones. La frase «¡Ni UMAs ni Afores, sistema solidario!» es un grito de guerra contra la individualización del retiro. En un mundo que tiende a la capitalización individual, la CNTE apuesta por el retorno al colectivismo. Para el magisterio disidente, la justicia social debe pasar por un sistema donde el Estado garantice una vejez digna, lejos de los vaivenes del mercado financiero.
El factor Sección VII: ¿Sigue siendo el «puño de hierro» del magisterio?
Una pregunta obligada es si la Sección VII (Chiapas) mantiene la misma fuerza que hace 3 o 5 años. La respuesta es compleja: su fuerza ha mutado, pero no ha desaparecido.
Hace un lustro, la Sección VII gozaba de una cohesión casi absoluta y una capacidad de paralizar el estado de Chiapas de forma indefinida. Hoy, aunque enfrentan un desgaste natural por los años de lucha y los intentos de división interna promovidos desde el SNTE nacional, siguen siendo la punta de lanza. Si bien han perdido cierta «simpatía» en sectores urbanos cansados de los bloqueos, han ganado en articulación política. Ya no solo cierran carreteras; ahora marcan la agenda nacional de la CNTE. Siguen siendo el bastión más combativo porque su estructura de bases en las comunidades indígenas y rurales permanece intacta, lo que les da un «aire» que otras secciones ya perdieron.
El costo invisible: El impacto en los alumnos
No podemos ignorar la otra cara de la moneda: el impacto en el derecho a la educación. Un paro de 72 horas, sumado a la amenaza de una huelga nacional, genera una ruptura crítica en el ciclo escolar.
En resumen, el paro de este 18 de marzo de 2026 es una muestra de que el magisterio disidente sigue vivo y organizado. Para el gobierno, el reto es mayúsculo: ¿cómo dialogar con un grupo que rechaza las reformas del pasado y del presente? Mientras la política se juega en las calles de la CDMX, en las aulas de las comunidades más alejadas, el silencio de los pizarrones vacíos nos recuerda que el costo de esta falta de acuerdos lo siguen pagando los estudiantes.
