Sr. Smith/Ultimátum
En política hay dos formas de crecer: en la calle… o en el PowerPoint.
Y en Tapachula, ya empezaron los expertos en lo segundo.
Porque cuando aún falta más de un año para la elección, ya aparecieron las primeras “encuestas milagro”. Esas que nadie levantó, que nadie vio, que nadie validó… pero que mágicamente colocan a ciertos personajes en primer lugar.
Casualmente.
Convenientemente.
Milagrosamente.
El ejercicio es sencillo: se diseña un gráfico bonito, se le ponen colores sobrios, porcentajes con decimales —para que se vea “técnico”— y listo… ya hay “tendencia”.
Aunque en la calle no los conozcan ni en su colonia.
Porque esa es la nueva estrategia: si no existes en la percepción pública, invéntate en una encuesta.
Y lo más interesante no es quién aparece arriba…
sino quién aparece abajo.
Porque ahí es donde se revela la intención real del ejercicio: no medir, sino acomodar.
No informar, sino posicionar.
No reflejar la realidad… sino intentar construirla a fuerza de repetición.
El problema es que la gente ya no es la misma.
Tapachula no es ingenua.
El electorado ya aprendió a distinguir entre una medición seria y un montaje disfrazado de estadística. Y cuando una encuesta nace sin metodología, sin casa encuestadora reconocida y sin sustento técnico, no genera percepción… genera sospecha.
Y en política, la sospecha pesa más que cualquier porcentaje inflado.
Pero hay algo todavía más revelador: la prisa.
Esa ansiedad por figurar antes de tiempo.
Esa necesidad de aparecer en la foto aunque sea editada.
Ese impulso de adelantarse al calendario como si la elección se ganara en redes y no en territorio.
Porque quien necesita inventarse como puntero… difícilmente lo es.
Y quien se coloca en primer lugar sin haber construido base… termina evidenciando más inseguridad que fortaleza.
Al final, estas “encuestas” dicen más de quien las manda hacer que de la ciudadanía.
Hablan de desesperación.
Hablan de estrategia corta.
Hablan de una política que sigue creyendo que la percepción se compra, se maquilla o se imprime en un diseño atractivo.
Pero no.
La percepción se construye.
Se camina.
Se gana.
Porque en Tapachula —como en todo Chiapas— la gente podrá no decirlo en voz alta…
pero sabe perfectamente quién pesa y quién solo se pesa en una gráfica.
