No se trata de justificar el delito -eso sería absurdo-, sino de entender que la prevención también empieza desde lo individual. En el terreno institucional, el hecho vuelve a poner bajo presión al Ayuntamiento de Tuxtla. El alcalde Ángel Torres, “El Caído”, había planteado una estrategia de vigilancia constante que, a la luz de lo ocurrido, claramente no logró inhibir un acto de esta naturaleza.
Tarot Político/Amet Samayoa Arce/ Ultimátum
Las víctimas del asalto en la proximidad de conocido banco en Plaza Ámbar, no eran ocasionales porque de manera asidua acudían a la misma sucursal, prácticamente a la misma hora y, según se sabe, con cantidades importantes de dinero, y ayer no fue la excepción: llevaban alrededor de medio millón de pesos. El desenlace fue violento toda vez que un joven fue herido de un cachazo de pistola mientras se opuso al atraco, en medio de la confusión generada por un individuo que incluso portaba casco y los delincuentes a bordo de un vehículo. Evidentemente no fue un arrebato cualquiera, fue un movimiento ejecutado con precisión. Por eso, la primera línea de investigación no deja mucho espacio a la duda: los cercanos a las víctimas o incluso personal del banco estarían bajo la mirada de la Fiscalía General del Estado. Porque cuando alguien espera con exactitud a su objetivo, es evidente que la información no salió de la nada.
Así de claro
A partir de ahí, el caso abre una reflexión que va más allá del hecho delictivo. Sí, hay responsabilidades institucionales y líneas de investigación que deben agotarse, pero también hay un elemento que como sociedad seguimos ignorando que es la imperiosa necesidad de cuidarnos. Importante no convertir nuestras rutinas en patrones predecibles y a la vista. Porque en un contexto como el actual, manejar grandes cantidades de efectivo, repetir horarios, frecuentar los mismos puntos y hacerlo sin medidas mínimas de resguardo, termina por colocarnos en una posición vulnerable. No se trata de justificar el delito -eso sería absurdo-, sino de entender que la prevención también empieza desde lo individual. En el terreno institucional, el hecho vuelve a poner bajo presión al Ayuntamiento de Tuxtla. El alcalde Ángel Torres, “El Caído”, había planteado una estrategia de vigilancia constante que, a la luz de lo ocurrido, claramente no logró inhibir un acto de esta naturaleza. Hubo una falla en el aparato de seguridad y es evidente, ahora, más allá del señalamiento inmediato, que la Fiscalía General del Estado, investigue para esclarecer y dar con los responsables del atraco a plena luz del día. Porque si algo no admite este caso, es la impunidad en un lugar concurrido y con cámaras de seguridad por doquier. Al final, lo ocurrido en Plaza Ámbar deja una lección incómoda pero necesaria: la seguridad no es solo un asunto de patrullas y discursos. También pasa por la forma en que nos movemos, por lo que mostramos y por lo que repetimos. Y en eso, nos guste o no, todos tenemos una parte.
De Tarot y Adivinanza
En este hecho desde luego se discute la falta de capacidad de prevención y reacción… Servidos.
