TAROT POLÍTICO/AMET SAMAYOA ARCE/ULTIMÁTUM
Por demás indignante resulta la desfachatez del diputado de Bochil Uriel Estrada Martínez. Antenoche, en la sala de sesiones del Congreso del Estado, levantó una pancarta con la consigna de: “No a las pensiones doradas, no a los excesos”. El problema no es la frase -que en cualquier democracia debería ser legítima-, el verdadero problema es quién la sostiene. Porque si alguien encarna precisamente los excesos del poder en Chiapas, es él. No hay que ir muy lejos para recordar su historia reciente. De la medianía -por no decir precariedad- pasó, como por arte de magia, a las excentricidades de un nuevo rico al amparo del gobierno de Rutilio Escandón. Un salto que no se explica con esfuerzo ni méritos visibles, sino con el acceso privilegiado al presupuesto, al poder… y, por supuesto, a la impunidad que tanto daño le ha hecho al estado. Desde su paso por la Auditoría Superior del Estado, no fueron pocos los señalamientos que lo rodearon: protección selectiva, expedientes congelados y una sospechosa indulgencia hacia alcaldes y funcionarios que ya deberían estar rindiendo cuentas ante la ley. Pero en Chiapas, ya se sabe, el que cuida la puerta también decide quién entra… y quién se salva. Así de sencillo. Así de grave.
Uriel rebasa la línea de lo tolerable
Por eso no le queda -ni moral ni políticamente- venir ahora a rasgarse las vestiduras. Resulta no solo incongruente, sino ofensivo que pretenda venderse como adalid contra los privilegios. ¿De veras cree que la memoria pública es tan corta? ¿O apuesta, como muchos, al olvido conveniente? No. Lo que vimos en esa sesión no fue un acto de congruencia, fue una escena de teatro político barato. De ese que busca reflectores, pero termina exhibiendo miserias. Uriel Estrada Martínez es, simple y llanamente, el menos indicado para portar una pancarta contra los excesos. Porque no los combatió: los administró. Y no solo eso, también los disfrutó… y los sigue disfrutando cobijado bajo el fuero legislativo, ese escudo tan útil para algunos y tan indignante para la ciudadanía. Triste decirlo, pero en Chiapas ya estamos acostumbrados a los políticos que se disfrazan de lo que no son. A los que se indignan en público, pero negocian en privado. A los que gritan “austeridad” mientras viven en la opulencia. Pero hay niveles. Y este caso rebasa, sin duda, la línea de lo tolerable. Es el clásico ejemplo del funcionario que primero se sirve del sistema… y luego pretende denunciarlo cuando ya se siente a salvo. Lo que vimos no fue un gesto de conciencia, fue un acto de cinismo: un cartel de cartulina sostenido por manos manchadas.
De Tarot y Adivinanza
El que grita “no a los excesos” … ¿lo hace por convicción o porque ya se sirvió primero? … Servidos.
