Ultimatum Chiapas
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
No Result
View All Result
  • Noticias
    • Chiapas
    • Nacional
    • Municipios
    • Editorial
  • Opiniones
  • Policiacas
  • Deportes
  • Entretenimiento
  • Tecnología
No Result
View All Result
Ultimatum Chiapas
No Result
View All Result
Home Opiniones

Primero mi vida… y luego la de Goyo

8 de abril de 2026
in Opiniones
Primero mi vida… y luego la de Goyo
Compartir en FacebookCompartir en Twitter

Sr. Smith/Ultimátum

En Chiapas, para muchas mujeres, vivir no es un derecho garantizado.

Es una batalla.

Una que se libra en silencio, dentro de la casa, lejos de las cámaras, lejos de los discursos oficiales, lejos de esa narrativa que insiste en que todo está bajo control.

Pero no lo está.

El caso de Petrona “N” no es solo una resolución jurídica. Es un espejo. Un reflejo incómodo de lo que ocurre todos los días en distintas regiones del estado: mujeres viviendo bajo violencia constante, acumulada, normalizada… hasta que un día, el límite se rompe.

Y cuando se rompe, todo cambia.

Porque entonces ya no se trata de leyes, ni de protocolos, ni de procedimientos.

Se trata de sobrevivir.

La determinación de la Fiscalía de reconocer la legítima defensa no solo libera a una mujer. También reconoce algo que durante años se ha negado o minimizado: que muchas mujeres no reaccionan por impulso, sino por hartazgo, por miedo, por la certeza de que si no hacen algo, no saldrán vivas.

Así de claro.

Los dictámenes hablan de lesiones físicas.

De afectaciones psicológicas.

De violencia sistemática.

Pero detrás de esos términos técnicos hay una realidad más cruda: una mujer que vivía bajo amenaza constante.

Y entonces la pregunta es inevitable:

¿En qué momento una mujer deja de ser víctima… para convertirse en acusada?

Durante años, el sistema falló en prevenir, en proteger, en intervenir. Y cuando finalmente actúa, lo hace después del punto de quiebre. Después del golpe final. Después del riesgo de muerte.

Después de que ella tuvo que defenderse sola.

Por eso este caso importa.

Porque marca un precedente.

Porque introduce —o al menos intenta introducir— la perspectiva de género no como discurso, sino como criterio real de justicia. Porque reconoce que no se puede juzgar igual a quien agrede que a quien sobrevive.

Pero también deja una advertencia.

No podemos normalizar que la única salida para muchas mujeres sea defenderse por su cuenta.

No podemos aceptar que llegar al extremo sea la única forma de ser escuchadas.

No podemos construir justicia a partir de tragedias.

Porque entonces estamos llegando tarde.

Siempre tarde.

El reto no está en celebrar la resolución —que es correcta—, sino en preguntarnos cuántas historias como la de Petrona no llegan a ese punto… o peor, terminan en feminicidio.

Porque esa es la otra cara.

La que no se cuenta.

La que no tiene resolución.

La que se queda en estadística.

En Chiapas, la deuda no es solo con la justicia.

Es con la prevención.

Con la protección.

Con la capacidad de intervenir antes de que una mujer tenga que elegir entre su vida… y la de su agresor.

Porque nadie debería vivir así.

Y mucho menos tener que defender su derecho a seguir con vida.

Ultimatum Chiapas

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.

Navegación

  • Aviso de Privacidad

Redes Sociales

No Result
View All Result

© 2025 Editorial MOSA
Sitio creado por XION Tecnologías.