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¿Legisladores o “levanta dedos”? 

2 de octubre de 2024
in Opiniones
Necesitamos legisladores que brillen, que debatan, que enfrenten al poder cuando sea necesario.

Necesitamos legisladores que brillen, que debatan, que enfrenten al poder cuando sea necesario.

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Necesitamos legisladores que brillen, que debatan, que enfrenten al poder cuando sea necesario.

✍?REALIDAD A SORBOS | Eric Ordóñez

Recuerdo claramente cuando visité por primera vez el Congreso de Chiapas, hace más de 15 años. Tenía una mezcla de emoción e intriga, quizás hasta un poco de esperanza. Como muchos, yo también pensaba que, en esos espacios, se debatían las soluciones a los problemas de nuestro estado, que era ahí donde se decidía el futuro de Chiapas. Pero, con el paso del tiempo, la ilusión se fue diluyendo. Lo que encontré fue algo muy diferente: un lugar donde la mayoría de los legisladores simplemente levantaban la mano, sin cuestionar, sin debatir, como si todo ya estuviera decidido antes de siquiera sentarse a discutir. 

¿UNA NUEVA OPORTUNIDAD O MÁS DE LO MISMO? 

Lo que más me entristece es que esta percepción sigue vigente hoy en día. Con la reciente instalación de la nueva legislatura, no pude evitar preguntarme: ¿será este Congreso otro más que pase desapercibido, que actúe como un sello de aprobación para decisiones que se toman desde fuera del recinto? ¿O será el punto de inflexión que tanto necesitamos, el lugar donde los representantes finalmente se atrevan a enfrentarse a los problemas de Chiapas? 

Sabemos por la historia que el verdadero trabajo legislativo no debería ser un refugio para aquellos que, tras haber tenido la oportunidad de servir, solo se han servido. Hoy, más que nunca, necesitamos que los Congresos no sean un espacio donde se escondan quienes han lastimado a Chiapas. 

ADMIRACIÓN POR LOS GRANDES 

Recuerdo cuando en el Senado de la República conocí a dos mujeres que admiro: Ifigenia Martínez y Beatriz Paredes. Era un poco más joven, pero sabía bien quiénes eran y lo que representaban. Las veía caminar por los pasillos del Senado y no podía evitar quedarme impresionado. Cada paso que daban parecía un acto de respeto en sí mismo. No porque ellas lo exigieran, sino porque lo habían ganado. Cada persona a su alrededor se hacía a un lado, no solo por cortesía, sino por el reconocimiento a su estatura política y moral. 

Me quedaba observándolas desde lejos. Admiraba su firmeza, su capacidad de oratoria, pero, sobre todo, su convicción. Ifigenia, con su andar pausado pero seguro, era un ejemplo de constancia ideológica. Hizo historia al consolidar la lucha de la izquierda en México, y hoy su trabajo se ve coronado con el hecho de ser ella quien coloca la banda presidencial a la primera presidenta del país. Ifigenia siempre ha sido coherente con sus principios, nunca ha claudicado ante la presión del poder, y su legado quedará como una de las grandes mujeres de la política mexicana. 

Beatriz Paredes, por su parte, dio cátedras de política cuando su propio partido le dio la espalda para respaldar otro proyecto. Beatriz, en lugar de doblegarse o resentirse, mostró la fortaleza de carácter que la ha distinguido siempre. Aun cuando los vientos políticos no le favorecieron, mantuvo su dignidad intacta, demostrando que la política se puede ejercer con ética, algo que lamentablemente hemos dejado de ver en muchos espacios de poder. Ambas, tanto Ifigenia como Beatriz, son referentes indiscutibles de lo que significa ser un legislador comprometido, de lo que significa tener una verdadera vocación de servicio. 

Contrasta ese recuerdo con la realidad actual en Chiapas, donde muchos legisladores parecen más interesados en mantenerse en el poder que en cambiar las condiciones del estado. En lugar de enfrentar los problemas que aquejan a nuestra gente, han optado por seguir el camino fácil, levantando la mano cuando se les ordena, sin cuestionar, sin debatir. Y ese es el verdadero problema: la falta de debate. La falta de esa confrontación de ideas que puede llevar a soluciones reales. Pero el Congreso no puede seguir siendo un espacio de simulaciones. 

Pienso en Belisario Domínguez, el chiapaneco más insigne que ha dado la política mexicana. Belisario no se conformó con ser un simple espectador de las injusticias. Sabía que ser senador implicaba enfrentar al poder, denunciar lo que estaba mal, aunque eso significara poner su vida en riesgo. Belisario dio todo por defender al pueblo mexicano, y su sacrificio nos recuerda lo que significa ser un verdadero legislador. No es un puesto de comodidad, es una responsabilidad enorme. 

Pero hoy, en el Congreso de Chiapas, ¿quién tendrá esa valentía? En lugar de figuras comprometidas con la justicia, hemos visto cómo el recinto legislativo se convierte en un refugio para familiares y políticos que solo buscan mantenerse en el poder. 

EL TRISTE PASADO 

La legislatura pasada fue un reflejo triste de esto. En lugar de ser un espacio de debate serio, se convirtió en una “oficina de trámites”. Pocas veces vimos discusiones profundas, y cuando las hubo, parecían más simulaciones que verdaderos intentos por resolver los problemas del estado. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo permitimos que el Congreso se convirtiera en un espacio donde la voluntad del pueblo queda relegada a un segundo plano? 

La respuesta es simple: hemos sido cómplices. Al permitir que los mismos actores políticos repitan una y otra vez sus prácticas, hemos dejado que el Congreso se convierta en lo que es hoy. Pero esto debe cambiar, y el primer paso es exigir más de nuestros legisladores. No podemos seguir permitiendo que el Congreso sea un refugio para quienes han lastimado a Chiapas. Es momento de que los representantes asuman su papel con seriedad, que enfrenten al poder cuando sea necesario y que, sobre todo, representen los intereses del pueblo, no los suyos propios. 

EL CAMBIO QUE MERECE CHIAPAS 

No necesitamos más “levanta dedos”. Necesitamos legisladores que brillen, que debatan, que enfrenten al poder cuando sea necesario. Chiapas merece más, y es momento de que nuestros representantes estén a la altura de las circunstancias. 

El futuro de Chiapas no puede seguir siendo decidido por quienes buscan refugio. 

Cordial saludo.

Necesitamos legisladores que brillen, que debatan, que enfrenten al poder cuando sea necesario.
Necesitamos legisladores que brillen, que debatan, que enfrenten al poder cuando sea necesario.

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