El verdadero reto es sostener esta nueva etapa, convertir estos días en el comienzo de algo permanente. Que las buenas noticias no sean la excepción, sino la norma.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
Como dijo Luis Donaldo Colosio Murrieta en aquel discurso que marcó la historia de México: “Veo un México con hambre y sed de justicia”. Hoy, parafraseando esas palabras, yo digo: “Veo un Chiapas con hambre y sed de justicia, con sed de paz, con hambre de tranquilidad”. He visto un Chiapas donde sus habitantes anhelan que regresen las horas serenas, esas en las que la inseguridad no era un invitado permanente y en las que las instituciones trabajaban con y para la gente.
La frase de Colosio no solo es una metáfora de los desafíos nacionales; es una descripción que en su momento pudo definir lo que Chiapas vivió en los últimos años. Pero hoy, al igual que entonces, existe esperanza. Estos primeros cincuenta y tantos días nos han regalado la sensación de que algo puede cambiar, de que el rumbo no tiene por qué ser el mismo, de que este estado puede escribir otra historia. Y es en ese contexto que me permito desear, querido Chiapas, que esta luna de miel sea eterna.
EL CONGRESO DE ACERO
Hubo un tiempo en que el Congreso del Estado no era un lugar de representación ciudadana, sino un símbolo de distancia y miedo. Durante un largo tiempo permaneció cerrado y resguardado tras imponentes cortinas de acero. Era una imagen poderosa: la representación máxima de un gobierno que prefería blindarse del descontento social en lugar de enfrentar los problemas de frente.
Las manifestaciones constantes y el enojo ciudadano fueron parte de ese capítulo oscuro. ¿Cómo creer en una institución que se esconde tras barreras? Hoy, esas cortinas están levantadas, y con ellas espero que también se haya levantado la voluntad de ser un Congreso abierto, uno que dialogue, que escuche, que legisle con transparencia y que esté al servicio de su gente. Que nunca más Chiapas tenga que esconderse detrás del acero.
LA FISCALÍA DE CLÓSET
En el pasado, la Fiscalía General del Estado era otro símbolo de ausencia. Era una institución que parecía más interesada en el silencio que en la acción, más preocupada por la burocracia que por la justicia. ¿Cuántas veces escuchamos denuncias de casos que no avanzaban, de víctimas que no encontraban respuestas, de un sistema que parecía más un obstáculo que una solución?
Hoy, las cosas parecen distintas. Bajo la conducción de Jorge Luis Llaven Abarca, la Fiscalía no solo actúa, sino que comunica. Ahora da la cara. Informan, explican y, más importante aún, están presentes. Esto no significa que todo sea perfecto, pero es un cambio que debe reconocerse. Y, sobre todo, es un cambio que debe sostenerse en el tiempo. Porque Chiapas no merece regresar a los días de una justicia que no hacía justicia.
LAS CALLES Y LAS HORAS SERENAS
Ya no recuerdo hace cuánto tiempo las calles de Chiapas dejaron de ser espacios de encuentro y se convirtieron en territorios de incertidumbre. La inseguridad se convirtió en el tema central de las conversaciones en las casas y las plazas. Salir de noche, en muchos lugares, era una apuesta peligrosa.
Hoy, pareciera que la tranquilidad regresa poco a poco. La gente comienza a caminar con mayor confianza, a ocupar los espacios públicos con menos temor. Es una sensación frágil, sí, pero poderosa. Es el reflejo de que, cuando se prioriza la seguridad y el bienestar de las personas, los resultados son visibles.
¿SERÁ UN NUEVO CAPÍTULO?
Querido Chiapas, deseo que todos los días sean de luna de miel. Que no volvamos a los días oscuros de puertas cerradas, de cortinas de acero, de instituciones ausentes. Deseo que esta paz, esta armonía, se conviertan en parte de tu identidad, en el nuevo estándar de vida para tus habitantes.
No podemos olvidar lo que hemos vivido. Las lecciones del pasado son importantes, porque nos recuerdan lo que no queremos volver a ser. Pero tampoco podemos quedarnos atrapados en ese pasado. Este es un momento único, una oportunidad para construir un futuro diferente.
Como Colosio vio un México con hambre y sed de justicia, yo veo un Chiapas que empieza a saciar ese hambre, a calmar esa sed. Pero este es solo el inicio. El verdadero reto es sostener esta nueva etapa, convertir estos cincuenta y tantos días en el comienzo de algo permanente. Que las buenas noticias no sean la excepción, sino la norma.
LA LUNA DE MIEL DEPENDE DEL AMBIENTE
Maestra, es importante reflexionar sobre la gran responsabilidad que conlleva ocupar un cargo tan trascendental como el que usted lidera. En este momento de luna de miel para Chiapas, donde parece que todo comienza a tomar un rumbo positivo, el medio ambiente no puede ser una excepción. No basta con buenas intenciones ni con discursos bien elaborados; las decisiones que se tomen hoy serán determinantes.
El ambiente que usted ahora representa no puede permitirse errores derivados de la improvisación. La selva, los ríos, la biodiversidad y los recursos naturales de Chiapas son patrimonio no solo de los chiapanecos, sino de la humanidad. Cada árbol que se derriba sin sentido, cada río que se contamina y cada hectárea que se pierde por malas gestiones son heridas abiertas en el corazón del estado.
La naturaleza no necesita aplausos ni pancartas; necesita acciones concretas, estrategias de conservación y políticas públicas rigurosas que garanticen un futuro más verde, sostenible y resiliente.
Por ello, en este contexto de esperanza, sería ideal que su administración se rodeara de expertos comprometidos con la conservación y la sostenibilidad. Si su perfil no es el adecuado, construir un equipo sólido con visión global y científica no solo sería un acto de humildad, sino también una muestra de que está dispuesta a poner el bien común por encima de los intereses personales. Acuérdese: no está en una pugna sindical.
Y, querido Chiapas, que cada día sea un paso hacia adelante.
Cordial saludo.


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