La universidad no solo debe formar profesionistas, sino generar conocimiento que transforme su entorno.
REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez
Las grandes transformaciones no ocurren de la noche a la mañana ni dependen solo de la voluntad política. Requieren estructura, compromiso y, sobre todo, de quienes se atrevan a cuestionar, documentar y analizar su impacto. La alfabetización en Chiapas es uno de esos procesos en marcha, con esfuerzos concretos y desafíos que aún deben resolverse.
El programa Chiapas Puede es una apuesta ambiciosa para reducir el rezago educativo en el estado. La Universidad Autónoma de Chiapas no ha sido espectadora; ha asumido un papel activo a través de sus facultades como la de Humanidades Campus VI, que trabaja en el diseño de una asignatura enfocada en la alfabetización y el servicio a la sociedad, dirigida a estudiantes de nivel medio y superior. Además, la universidad ha puesto a disposición la plataforma EDUCA-T, en la que la mencionada facultad desempeña un rol fundamental en dos de sus tres componentes.
El trabajo está en marcha, pero aún hay mucho por definir. No basta con celebrar la participación universitaria; es necesario evaluar su impacto, identificar sus áreas de mejora y, sobre todo, asegurar que el esfuerzo trascienda más allá de las cifras. La alfabetización no consiste solo en enseñar a leer y escribir, sino en integrar estos conocimientos a la vida cotidiana de quienes los adquieren. ¿Cómo se está logrando? ¿Cuál es su verdadero alcance en las comunidades? ¿Qué tan sostenibles son estos esfuerzos a largo plazo?
Aquí es donde entra la investigación. En clase, mis estudiantes de octavo han aprendido que toda buena investigación comienza con un problema bien planteado. Y este es uno de ellos. Documentar la participación de la UNACH en Chiapas Puede no es solo un ejercicio académico; es una necesidad. Registrar el proceso permitirá entender qué se ha hecho, qué falta por hacer y qué se puede mejorar. No podemos permitir que este momento quede solo en discursos o informes oficiales; debe quedar registrado desde una mirada crítica y analítica.
La Facultad de Humanidades, bajo la dirección de Danae Estrada Soto, atraviesa un periodo de estabilidad que permite centrar los esfuerzos en la construcción de conocimiento. Es un punto de partida sólido para impulsar investigaciones que no solo respondan a los requisitos de titulación, sino que aporten elementos reales para comprender y mejorar las políticas educativas en Chiapas.
Investigar el presente es la única forma de entenderlo. Si algo nos ha enseñado la historia es que los procesos que no se documentan, simplemente desaparecen.
La universidad no solo debe formar profesionistas, sino generar conocimiento que transforme su entorno. Como docentes y estudiantes, tenemos la responsabilidad de que nuestra labor trascienda las aulas. La Facultad de Humanidades tiene hoy la oportunidad de demostrar que su impacto va más allá de la teoría, que puede ser un actor clave en la construcción de una sociedad más justa y educada. Es momento de asumir con orgullo el compromiso de documentar, analizar y aportar a un esfuerzo que marcará la historia educativa de Chiapas. Ser parte de la UNACH y de Humanidades no es solo un título, es una identidad que nos llama a dejar huella.


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