El diputado local Javier Jiménez Jiménez, exsecretario de Hacienda y mejor conocido como el “Chaparro de oro”, abandonó abruptamente el arranque del programa Chiapas Puede.
TAROT POLÍTICO/Amet Samayoa Arce
La insolencia del diputado local Javier Jiménez Jiménez no tiene parangón. El viernes pasado, al escuchar al gobernador Eduardo Ramírez Aguilar abordar el tema de los gobiernos anteriores que a juicio de los chiapanecos solo se dedicaron a saquear el estado y a sumirlo en la peor de las calamidades en materia de economía y seguridad, el “Chaparro de oro” salió como alma que lleva el diablo del evento en el que arrancó el programa de alfabetización Chiapas Puede y nunca más regresó a su sitio. Con su actitud quedó demostrada la falta de respeto a la investidura del mandatario chiapaneco, toda vez que además de la deferencia que le debía para estar en ese lugar como invitado de honor, el programa de alfabetización es uno de los proyectos emblemáticos del gobierno de la Nueva ERA. Sin embargo, el ex funcionario Rutilista se fue sin demostrar madurez ni echar mano del “arte de tragar sapos sin hacer gestos”, como algún día definió el escritor Carlos Fuentes a la política. Al “Chaparro de oro” le ganó la arrogancia de ser uno de los nuevos integrantes de la “clase alta”. Al ex secretario de Hacienda de Rutilio Escandón le dolió tanto el discurso del Jaguar que salió huyendo, ya que el gobierno anterior se llevó todo, sin excepción de nada. Vaya, no dejó ni para los chicles en las arcas públicas del estado y Eduardo Ramírez Aguilar tuvo que empezar de cero. Cuando Javier Jiménez abandonó el recinto del Polyforum, algunos pensaron que el discurso del jefe del Ejecutivo le había calado y provocado algún malestar estomacal y por eso se había ido al baño, sin embargo, más adelante se comprobó que el problema fue mayor.
LE CALÓ EL DISCURSO DEL GOBERNADOR Y LE FALTÓ EL RESPETO
Se dice que el mismo Javier Jiménez declaró que había tenido un problema de salud y por ello se había ido del evento sin decir nada. Seguramente se le debe haber bajado hasta la presión al escuchar el discurso, toda vez que este gobierno tiene dos propósitos importantes: desaparecer la corrupción y acabar con la impunidad. Tampoco hay que olvidar que, en su momento, Jiménez Jiménez aspiraba a ser gobernador. ¡Qué locura de muchacho! ¿De dónde habrá sacado semejante sueño guajiro? Tal vez su inmadurez lo llevó a pensar que, como había acumulado tanto dinero desde que manejó las finanzas a Rutilio Escandón Cadenas, podría tener alguna posibilidad de suplirlo en la silla del Ejecutivo para cubrirle las espaldas. Su desequilibrio lo llevó a pensar que como no le alcanzaba para el cargo de mayor jerarquía en la entidad, entonces, “ya de perdis”, podría ocupar una curul en el Senado de la República o una diputación federal, pero al final de cuentas terminó como legislador local. Este personaje es uno de los nuevos millonarios de Chiapas. Javier Jiménez pasó de ser un maestro común en la Facultad de Contaduría Pública y administración de la UNACH, a convertirse en un integrante de esas nuevas camadas de ricos que emergen de la administración pública cada tres o seis años, cuando colaboran para gobiernos identificados con la corrupción. Quienes lo conocen de cerca saben que su esposa antes le llamaba cariñosamente “chaparro” y ahora pomposamente le agregó un adjetivo de metal precioso y le dice “chaparro de oro”.
OPERADOR FINANCIERO DEL GRUPO TABASCO
Nadie se explica de donde logró acumular tanta riqueza en seis años que fungió como director de Finanzas en el Poder Judicial del Estado y cinco como secretario de Hacienda, todos ellos al lado de Rutilio Escandón. Se espera que ahora, con el programa de Cero Impunidad de Eduardo Ramírez, una investigación de la Auditoría Superior del Estado lo envíe directo a El Amate. Esta acción no sería por venganza ni animadversión, simplemente ocurriría un acto de justicia que todos los y las chiapanecas aplaudirían. Javier Jiménez se hizo prácticamente operador e incondicional del “Grupo Tabasco”. Se presume que como contador administraba los negocios más escandalosos de esa pandilla importada desde el estado vecino, a la que, por cierto, pertenecen el doctor “Manchabatas” Pepe Cruz y el Ángel “Caído” Torres Culebro, dos políticos que han tentado el presupuesto, presumiblemente, sin que hasta ahora nadie los haya llamado a cuentas. Por eso el grupo Tabasco lo posicionó en la diputación local para obtener impunidad. No se da cuenta que si su ex jefe le dio la oportunidad de ser legislador local fue precisamente para pagarle favores y, de alguna manera, brindarle protección a través del fuero constitucional para no ir a la cárcel por todos los actos de corrupción de los que fue protagonista y cómplice en la administración estatal anterior. Lo malo es que se le olvida que también existen juicios de desafuero y ahí no le va a valer ni siquiera su actitud sumisa hacia los protagonistas de la Nueva ERA.
DE TAROT Y ADIVINANZA
Para nadie es un secreto que la corrupción desde el grupo Tabasco se enseñoreó en el pasado. El “Manchabatas”, el Ángel “Caído” y el “Chaparro de oro”, podrían ser los próximos huéspedes distinguidos de El Amate… Servidos.
