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Sindicatos: nueva era urgente

23 de junio de 2025
in Opiniones
Aunque nacieron como defensores de la dignidad laboral, hoy muchos olvidaron su esencia y doblan más de lo que protegen.

Aunque nacieron como defensores de la dignidad laboral, hoy muchos olvidaron su esencia y doblan más de lo que protegen.

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Aunque nacieron como defensores de la dignidad laboral, hoy muchos olvidaron su esencia y doblan más de lo que protegen.

REALIDAD A SORBOS/Eric Ordóñez

La primera vez que traté con un sindicato no fue para sentir respaldo, ni para escuchar un discurso motivador sobre derechos laborales. Fue para que me leyeran la cartilla. Aún joven, lo vi como un trámite intimidante, un requisito impuesto para pertenecer a un gremio donde —se supone— todos jalan parejo. Con el tiempo entendí que esa escena era más metáfora que anécdota: la cartilla sindical no siempre te forma, a veces solo te dobla.

Desde entonces he cruzado camino con varios y aunque cada uno tiene su contexto, comparten algo: el peso de una estructura que, en muchos casos, envejeció mal.

MÁS QUE LUCHA

Los sindicatos se fundaron para defender derechos, para pelear contra injusticias, para garantizar la dignidad del trabajo. Fueron héroes de otras épocas, punta de lanza de conquistas laborales que hoy se dan por sentadas: aguinaldo, vacaciones, jornada justa.

Pero esa esencia se diluyó. Hoy, muchos sindicatos se sienten más cómodos encubriendo lo indefendible que exigiendo lo indispensable. Son más expertos en firmar pactos a espaldas de sus agremiados que en enfrentar despidos injustos. Producen líderes que nunca trabajaron de verdad, pero saben exprimir cuotas y usar a la base como carne de cañón cuando toca marchar o presionar.

CÓMODOS Y ENCUBRIDORES

No quiero generalizar: hay quien hace bien las cosas, hay quien sí defiende a su gente, hay quien entiende que liderar es representar, no chantajear. Pero seamos francos: en Chiapas y en México sobran ejemplos de sindicatos convertidos en búnker de holgazanes, refugio de aviadores, cuartel de vivales que apenas aprendieron a leer y escribir, pero dominan a la perfección el arte de cobrar sin trabajar.

Hay sindicatos que hoy deberían rendir cuentas, reinventarse o extinguirse. Porque la sociedad que tolera líderes sindicales corruptos es la misma que paga doble: primero con su salario, luego con su dignidad. Esos sindicatos no son defensores de la clase trabajadora: son parásitos que se alimentan de su esperanza.

NUEVO PAPEL: URGENTE

México vive tiempos que exigen sindicatos distintos. La informalidad crece, los derechos se reinventan, la precariedad se camufla en esquemas “flexibles” y el trabajador promedio se enfrenta solo a despidos, outsourcing, explotación digital y falta de seguridad social real. Y mientras tanto, muchos comités sindicales siguen anclados en grillas internas, en amenazas veladas, en la comodidad de no incomodar a los patrones ni a la autoridad.

Los sindicatos deben dejar de ser buscadores de paga y volver a ser voz de la dignidad. Deben transformarse en auditores de la justicia laboral, guardianes de la equidad, motores de capacitación y diálogo. No hace falta barricada ni megáfono: hace falta conciencia.

MÁS DERECHOS, MENOS LÍDERES

Quizá es utopía pensar que veremos sindicatos honestos, transparentes y modernos en la inmediatez. Pero soñar no cuesta. Y señalarlo, tampoco. En Chiapas urge una nueva generación de liderazgos sindicales: gente que comprenda que representar no es hacerse rico ni ser intocable, sino velar por quien se parte la espalda para que el patrón gane y el gobierno presuma cifras de empleo.

El sindicalismo necesita menos liderazgos eternos y más trabajadores formados en derechos humanos, en resolución de conflictos, en negociación real, no en chantaje. Que protejan la ley, no sus privilegios. Que entiendan que el salario es sagrado, que la salud es derecho y que la voz colectiva no se alquila.

ERA DE DIGNIDAD

Una nueva era sindical no se construye desde la oficina con aire acondicionado, sino desde la fábrica, la oficina, el aula y el hospital. Desde la confianza que da saber que tu cuota sirve para defenderte, no para alimentar la soberbia de un líder vitalicio.

Lo digo hoy como aquel joven que escuchó la cartilla la primera vez: basta de sindicatos que simulan, encubren y exprimen. Bienvenidos los que luchan de verdad.

Y si no se transforman, que tengan claro algo: los tiempos en que la base callaba ya pasaron. Esta nueva era exige sindicatos valientes, honestos y útiles. Los otros, que se extingan con la mezquindad de sus líderes.

Cordial saludo.

Aunque nacieron como defensores de la dignidad laboral, hoy muchos olvidaron su esencia y doblan más de lo que protegen.
Aunque nacieron como defensores de la dignidad laboral, hoy muchos olvidaron su esencia y doblan más de lo que protegen.

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